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La carrera por liderar la ONU: así funciona la compleja trama de vetos y votos que debe superar Michelle Bachelet

El proceso de selección entró en su fase de encuestas informales. Mientras el nombre de la exmandataria asoma en cuarto lugar, el Consejo de Seguridad alista sus papeletas para un nombramiento que exige diplomacia extrema.

Agencia Uno | Getty Images

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El proceso para definir quién sucederá a António Guterres en la Secretaría General de Naciones Unidas, cuyo segundo mandato de cinco años finaliza en diciembre de 2026, ya está en marcha. Y en medio de la carrera, los primeros sondeos preliminares han comenzado a delinear el tablero de apoyos, situando a la expresidenta chilena Michelle Bachelet en la cuarta posición.

De acuerdo con una proyección publicada por el medio estadounidense especializado PassBlue, la carrera es liderada actualmente por la costarricense Rebeca Grynspan, actual secretaria general de la Agencia de la ONU para el Comercio y el Desarrollo. Le siguen Carolyn Rodrigues-Birkett (Guyana) y el director general del Organismo Internacional de Energía Atómica, el argentino Rafael Grossi.

En la cuarta posición asoma Michelle Bachelet, quien registra seis votos de apoyo, cinco de rechazo y cuatro sin opinión. Más atrás en el listado figuran el expresidente de Senegal, Macky Sall; la excanciller de Ecuador, María Fernanda Espinosa; y el ugandés Olara Otunnu.

La candidatura de Bachelet ha estado marcada por particularidades diplomáticas. Según trascendió, fue nominada inicialmente por Brasil, México y Chile, aunque el gobierno de José Antonio Kast le retiró su respaldo al inicio de su mandato.

Un proceso marcado por el veto y la presión por la equidad

Aunque desde 2015 la ONU ha intentado dotar de mayor transparencia al proceso, con diálogos interactivos públicos con los Estados y la sociedad civil, la Carta de Naciones Unidas establece que el nombramiento es realizado por la Asamblea General bajo recomendación del Consejo de Seguridad. Esto otorga un poder de veto decisivo a los cinco miembros permanentes: China, Estados Unidos, Francia, Reino Unido y Rusia.

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A partir de julio, el Consejo comenzará con las encuestas informales a puerta cerrada. Inicialmente se utilizarán papeletas con opciones de “apoya”, “desaconseja” o “no tiene opinión”, para luego diferenciar los votos de los miembros permanentes y dirimir si alguna de las potencias veta a algún candidato. El objetivo es lograr una resolución de consenso (al menos nueve votos a favor y ningún veto) para que la Asamblea General se pronuncie en el último trimestre del año.

Finalmente la Asamblea General debe aprobar por mayoría la nominación del Consejo, tras lo cual nombra al nuevo secretario general mediante una resolución.

El factor de género y los desafíos del cargo

Un elemento que ha tomado un protagonismo ineludible en esta elección es el criterio de rotación regional y equidad de género. Históricamente, el cargo nunca ha sido ocupado por una mujer.

En el Pacto para el Futuro de 2024, los Estados lamentaron esta situación, y al menos 92 países, incluyendo a potencias como Francia, Reino Unido y recientemente China, se han comprometido a impulsar un liderazgo femenino. Si además se respeta la rotación regional, el perfil apunta directamente a una representante de América Latina y el Caribe.

Quien resulte electa o electo enfrentará un panorama internacional sumamente convulso. A las exigencias de habilidades diplomáticas y multilingües, se sumará el “trabajo endiablado” de liderar un organismo atravesado por una severa crisis financiera, presiones de desfinanciación por parte de Estados Unidos, una urgente demanda de reformas estructurales y el desafío de recuperar la relevancia de la ONU en materia de paz y seguridad global.

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