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Lucha contra el Hantavirus: Chile pudo haber tenido la cura, pero se descartó por falta de apoyo a la investigación

Un considerable avance científico en vacunas y tratamientos quedó en el olvido por financiamiento y cambio de prioridades.

Getty Images

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Mientras el mundo observa con nerviosismo los informes provenientes sobre un brote de hantavirus en el crucero MV Hondius y su expansión por distintos países, en Chile se vive una sensación especial al hablar de vacunas y tratamientos.

Para la viróloga María Inés Barría y su equipo, el escenario actual no es solo una crisis sanitaria, sino el recordatorio de una oportunidad perdida.

Y es que hace aproximadamente una década, entre los pasillos de la Universidad de Concepción, se estaba desarrollando una forma inmunológica para combatir el virus que hoy enciende las alarmas.

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En 2016, tras años de investigación, se logró observar que algunos anticuerpos monoclonales (diseñados a partir de la respuesta inmune de sobrevivientes chilenos) lograron que el resplandor verde fluorescente que delataba la presencia viral desapareciera.

El tratamiento no solo funcionaba en placas de Petri; en pruebas posteriores con animales, uno de estos anticuerpos logró eliminar por completo la infección de los pulmones.

En términos científicos, era considerado el ‘Santo Grial’ contra una enfermedad que mata a uno de cada tres infectados.

“Medicamento Huérfano”

El potencial era tan evidente que en 2021 la Administración de Alimentos y Medicamentos de EE. UU. (FDA) otorgó al fármaco chileno el estatus de “medicamento huérfano”.

Esta designación busca acelerar el desarrollo de terapias para enfermedades raras. Chile tenía en sus manos el primer tratamiento biológico del mundo contra el hantavirus con sello internacional.

Sin embargo, el reconocimiento científico no se vio reflejado en lo económico. El proyecto se estancó ante la falta de infraestructura y capital, impidiéndole escalar en un desarrollo biotecnológico a fases clínicas.

El golpe de gracia: COVID-19

Cuando el equipo se preparaba para buscar los 7 millones de dólares necesarios para iniciar los ensayos en humanos, el mundo cambió.

La pandemia por COVID-19 absorbió cada peso de los fondos de investigación y cada minuto de atención de los laboratorios.

“El financiamiento se detuvo en seco”, explican fuentes cercanas al proyecto, relatando cómo un avance prometedor quedó en la nada.

Mientras la ciencia global se volcaba al coronavirus, el hantavirus fue relegado al olvido presupuestario. El conocimiento estaba, las patentes estaban, pero los viales permanecieron vacíos.

El costo de la inacción

Hoy, en mayo de 2026, con 39 casos y 13 muertes reportadas solo en Chile en lo que va del año, y una alerta internacional activa por la transmisión interhumana de la cepa Andes, la pregunta es inevitable: ¿Cuántas vidas se habrían salvado si se hubiera invertido en la ciencia chilena a tiempo?

Barría estima que, de recibir los fondos hoy, tomaría entre 12 y 24 meses retomar el nivel de avance que tenían antes del parón.

En el mundo de los virus, ese es un tiempo que los pacientes no tienen. Así, este caso queda como una lección amarga: a veces la cura no es el problema científico, sino la voluntad económica de llevarla del laboratorio a la cama del hospital.

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