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Olas de calor en Chile y carnes: cómo evitar intoxicaciones y cuidar la cadena de frío en verano

Con las temperaturas al alza en gran parte del país, especialistas advierten que una mala conservación de la carne puede provocar riesgos sanitarios.

Getty Images

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Las altas temperaturas del verano en Chile no solo marcan récords de calor, sino que también elevan los riesgos asociados a una mala manipulación de alimentos. En ese contexto, el manejo adecuado de las carnes se vuelve clave para prevenir intoxicaciones y proteger la salud, especialmente en meses donde los traslados, los asados y las compras prolongadas son parte de la rutina.

Según Álvaro Martínez, Gerente Comercial de Doña Carne, el primer punto crítico está en la compra y el traslado. La carne no debería permanecer más de dos horas fuera de refrigeración, plazo que se reduce drásticamente cuando el termómetro supera los 30 grados, algo cada vez más frecuente en distintas zonas del país.

Por eso, la planificación es fundamental. Utilizar bolsas térmicas o coolers con unidades de frío durante el traslado desde el local hasta el hogar permite mantener la temperatura adecuada y evitar la ruptura de la cadena de frío, uno de los principales factores de deterioro del producto.

Una vez en casa, la recomendación es clara: refrigerar o congelar la carne de inmediato. Dejarla sobre mesones, incluso por lapsos breves, puede favorecer la proliferación de bacterias, especialmente en jornadas de calor extremo.

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Otro aspecto relevante es el almacenamiento. Ubicar la carne en las zonas más frías del refrigerador y respetar las indicaciones de conservación ayuda a mantener sus propiedades y reduce riesgos sanitarios, una práctica clave para el consumo seguro durante el verano.

Antes de cocinar, observar el estado del producto sigue siendo una señal preventiva esencial. Color natural, olor neutro y textura firme son indicadores de que la carne se ha conservado correctamente y no ha estado expuesta a temperaturas inadecuadas.

En contraste, existen señales de alerta que no deben ignorarse. Envases inflados, líquidos con mal olor, cambios evidentes de color o aromas ácidos son motivos suficientes para desechar el producto y evitar un problema mayor.

Especialistas insisten en que, frente a la duda, lo más seguro es no consumir la carne. El costo de desechar un producto es siempre menor que el riesgo de una intoxicación alimentaria, que en verano tiende a aumentar según registros sanitarios.

Este llamado cobra especial relevancia en Chile, donde las olas de calor y las actividades al aire libre concentran el consumo de carnes, especialmente en asados familiares y encuentros sociales.

Así, mantener la cadena de frío desde la compra hasta la mesa no solo es una recomendación técnica, sino una medida clave de autocuidado. En un verano cada vez más caluroso, la prevención se transforma en el mejor aliado para disfrutar los alimentos con tranquilidad.

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