Impecable retorno de Maximiano Valdés al Municipal de Santiago
El reconocido director chileno volvió a la Filarmónica de Santiago en un aplaudido concierto con obras de Soro, Ravel y Mahler.

Maximiano Valdés y Filarmónica de Santiago

Una visión artística proveniente de la imaginación de un niño. Ese fue el hilo conductor del último concierto del Municipal de Santiago, ocasión que vio el retorno a la Filarmónica de Santiago del gran maestro Maximiano Valdés, quien fuera su titular. Su enorme experiencia, que ha ido de la mano de una potente carrera internacional, siempre es bienvenida por el público chileno, ya que les otorga profundidad a los repertorios abordados.
Con su mezcla de fuerza barbárica e hispanismo, la «Danza Fantástica» de nuestro auténtico clásico chileno que es Enrique Soro, sirvió para mostrar la fuerza de la orquesta, ya no ubicada en el escenario, sino que en la primera mitad de la platea, lo que potencia la reflexión sónica en la sala y mejora ostensiblemente la experiencia auditiva. Idealmente, la OFS podría quedarse siempre ahí para los conciertos orquestales.
Pese al desdén del maestro Valdés por encasillar a los directores por repertorios, es evidente su afinidad por lo francés, y siempre nos entrega prolijas lecturas de los grandes compositores galos. De Maurice Ravel se entregó la versión sinfónica de «Mi Madre la Oca», donde cada movimiento alude a un cuento infantil, entre ellos «La Bella y la Bestia», «La Bella Durmiente» y «Pulgarcito».

Paulina González, Maximiano Valdés y OFS

Paulina González, Maximiano Valdés y OFS
Una magnífica sonoridad se delineó en los treinta minutos que dura esta obra. Valdés echó a mano a su habilidad para manejar balances y coloración orquestal, pero también fue una interpretación de gran precisión rítmica. A eso se agrega el desempeño de los solos individuales, particularmente del concertino Alexander Abukhovic y el flautista Carlos Enguix.
El mundo infantil es parte también de la Sinfonía No.4 de Gustav Mahler, que concluye con la visión de un niño sobre cómo sería la vida en el cielo. El infante es representado por la voz de una soprano en el último movimiento, rol que ejerció con hondura y expresividad Paulina González, una de las grandes artistas líricas de nuestro medio.
En su totalidad fue una versión impoluta. La estampa clásica que conlleva le acomoda muy bien a Valdés, y momentos específicos resultaron inolvidables, como el gran clímax tutti que emerge al final del movimiento lento. Los aplausos no se hicieron esperar, en un Municipal que empieza a ver cada vez más ocupadas sus ubicaciones.
Ahora el maestro Valdés se queda en Chile para lo que será un hito: la primera ópera full escenificada en el Municipal post-pandemia, que corresponderá a la encantadora «Manon» de Jules Massenet, cuyas funciones comenzarán el 10 de noviembre.




