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Veterano talibán aseguró que se reanudarán las ejecuciones y amputaciones

Mullah Nooruddin Turabi fue uno de los ejecutores más feroces e intransigentes en la década del ’90. Cuando los talibanes tomaron el poder en 1996, uno de sus primeros actos fue gritarle a una periodista, exigirle que abandonara una habitación y luego darle una bofetada a un hombre que se opuso.

Gettyimages
Por Diego Parra
Viernes 24 de Sep, 2021 - 12:30
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Tras el empoderamiento del régimen talibán en Afganistán y los debates que han surgido sobre el maltrato y censura hacia las mujeres, surgió una nueva discusión luego que Mullah Nooruddin Turabi, veterano fundamentalista a cargo de las cárceles talibanas, asegurará que se reanudarán las ejecuciones y amputaciones.

Según este alto funcionario, líder veterano del grupo islamista de la línea más dura y que estuvo a cargo de procesos judiciales durante periodos anteriores (1990), las ejecuciones no necesariamente se llevarían a cabo en público como antes.

Cabe destacar que en una entrevista, Mullah Nooruddin Turabi, quien además fue ministro de Justicia y jefe del llamado ministerio de propagación de la virtud y prevención del vicio durante el gobierno anterior de los talibanes, desestimó la indignación por las ejecuciones en el pasado, que a veces tenían lugar frente a las multitudes, y advirtió que no interfieran con los nuevos gobernantes de Afganistán.

Bajo el nuevo gobierno talibán, Turabi está a cargo de las cárceles, siendo parte de varios líderes talibanes incluidos miembros del gabinete interino compuesto exclusivamente por hombres, quienes figuran en una lista de sanciones de las Naciones Unidas.

Respecto a la posición que ha tomado el gobierno, el veterano talibán señaló que “nadie nos dirá cuáles deberían ser nuestras leyes. Seguiremos el Islam y haremos nuestras leyes sobre el Corán”. Agregó además que “cortar las manos es muy necesario para la seguridad“.

El sistema de tribunales que se implementaba antes, encabezado por Mawlavi Abdul Hakim Sharie, que es el nuevo ministro de justicia de los talibanes, se utilizó para socavar la autoridad del régimen anterior, resolviendo disputas en un país donde muchos sentían que tenían poco acceso a recursos legales.

Sobre lo anterior, un informe de Human Rights Watch de 2020 advirtió abusos por parte del sistema de justicia talibán, incluidas “detenciones arbitrarias prolongadas y castigos sumarios, incluidas ejecuciones. Si bien el castigo público por infracciones es poco frecuente en comparación con la década de 1990 para delitos considerados más graves”, continúa el informe, “los funcionarios talibanes han encarcelado a residentes e infligido castigos corporales como palizas“.

Turabi dijo que esta vez, los jueces, incluidas las mujeres, juzgarán los casos, pero que la base de las leyes de Afganistán será el Corán, y que se restablecerían los mismos castigos.

Este veterano talibán fue uno de los ejecutores más feroces e intransigentes en la década del ’90. Cuando los talibanes tomaron el poder en 1996, uno de sus primeros actos fue gritarle a una periodista, exigirle que abandonara una habitación y luego darle una bofetada a un hombre que se opuso.

Desde que los talibanes invadieron Kabul el 15 de agosto y tomaron el control del país, los afganos y el mundo han estado observando para ver si recrearán su duro gobierno de finales de los noventa.

En ese momento, en la década de los ’90, el mundo denunció los castigos de los talibanes, que tuvieron lugar en el estadio deportivo de Kabul o en los terrenos de la enorme mezquita de Eid Gah, a la que a menudo asisten cientos de hombres afganos. Las ejecuciones de los asesinos condenados solían ser de un solo disparo en la cabeza, realizado por la familia de la víctima, que tenía la opción de aceptar “dinero de sangre” y permitir que el culpable viviera

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