Policía de Río de Janeiro se sumó a la huelga en Brasil
El conflicto de Bahía revela graves deficiencias en el sistema de seguridad pública que pone a prueba al Gobierno de Brasil. Los agentes de otros seis Estados se plantean sumarse a la huelga, a una semana del Carnaval.


Con un saldo de 146 asesinatos en diez días y la población aterrorizada y sin atreverse a salir de casa cuando oscurece, la huelga policial en Salvador de Bahía está desbordando los límites de lo que en principio era un conflicto laboral, y tal vez político, local. A pocos días del inicio del Carnaval, una celebración que concentra a millones de personas en la ciudad, los policías de Río de Janeiro decidieron sumarse a la huelga. El paro podría extenderse a otros seis Estados del país, entre ellos Espíritu Santo, Río Grande do Sul, Pará y Paraná.
El gobernador de Río de Janeiro, Sergio Cabral, ya había anuncidado antes de conocerse la decisión, que tenía prevista la presencia del Ejército en las calles de la ciudad carioca si se decidía la huelga. Por su parte, Geraldo Alckmin, el gobernador de São Paulo —el Estado con menor índice de homicidios del país—, trata de tranquilizar a la población de la mayor urbe del hemisferio sur asegurando que en el territorio que él gobierna “no existe clima de huelga”.
En el centro del conflicto con la policía —considerada de las peor remuneradas del mundo y una de las que más muertes provoca por la falta de preparación de sus agentes— está un proyecto de ley presentado en el Congreso Federal que establece un salario único para todos los agentes del país.
El proyecto se convirtió en un auténtico dolor de cabeza para la presidenta, Dilma Rousseff. La mandataria esgrime que si se aprueba la ley muchos Estados de la federación entrarían en bancarrota. Eso sin contar el desequilibrio que supondría pagar el mismo sueldo a policías que viven en Estados donde el coste de la vida presenta notables diferencias. Brasil es casi un continente en sí mismo y, a pesar de la gran unidad entre los 27 Estados que forman el país, las diferencias económicas y políticas de cada uno de ellos son a veces abismales.




