Ministro de Hacienda de Argentina: El que quiera comprar dólares lo va a poder hacer
El gobierno de Macri acabó con el Mercado único y Libre de Cambios. "Un sistema que llevaba cuatro años lo levantamos en 2 días hábiles", dijo Alfonso Prat Gay.


Alfonso Prat Gay, ministro de Hacienda del gobierno de Mauricio Macri, anunció el fin al llamado cepo (control) cambiario que rige al país desde 2011. La medida fue instaurada por la expresidenta Cristina Fernández para hacer frente a la escasez de divisas que afecta al país.
Según los detractores de la medida, el cepo afectó la inversión durante los cuatro años que estuvo vigente.
“Un sistema que llevaba cuatro años lo levantamos en 2 días hábiles. Cumplimos con la promesa de levantar el cepo en tiempo y forma. Es fundamental para que la economía vuelva a un sendero de crecimiento. El que quiera importar o exportar o comprar dólares lo va a poder hacer, nadie lo va a perseguir”, dijo Prat Gay, en conferencia de prensa.
“Nos encontramos un problema grande y lo estamos resolviendo. Queremos volver a crecer para cumplir con el primer eje de la campaña de cambiemos que es pobreza cero”, agregó.
“Tendremos de 15 mil a 25 mil millones de dólares de ingresos en las próximas cuatro semanas, sin esa tranquilidad no podríamos hacerlo”, complementó.
El nombre oficial de la medida era Mercado Único y Libre de Cambios y Fernández, antes de dejar el poder, defendió la medida argumentando que desde enero de 2014 al día de ayer, 9 de noviembre de 2015 “o sea casi dos años, en el Mercado Único y Libre de Cambios llevamos vendidos a las personas físicas que ahorran en dólares USD 8.968.425.533”, diciendo que no hay dificultades para la compra de dólares.
Así funcionaba el Mercado único y Libre de Cambios:
- Los ahorradores solo podían comprar dólares por el equivalente al 20% de los ingresos declarados: Hacienda era la que autorizaba un determinado cupo mensual para adquirir la moneda norteamericana, que es aquella en la que las clases altas y medias de Argentina han ahorrado desde la década de los años 70. Además regía un tope de hasta 2.000 dólares por mes. Aquellos que no recibían la autorización oficial recurrían al mercado
- ‘blue’
- o ilegal que funcionaba en las llamadas ‘cuevas’ de las propias casas de cambio, sociedades bursátiles o agencias de viajes. Hasta este miércoles, el dólar oficial cotizaba a 9,83 pesos y el ilegal, a 14,48.
- Los viajeros debían pedir autorización a Hacienda para hacerse con divisas: los residentes que viajaban al extranjero solo podían adquirir por la vía oficial lo que las autoridades les permitían según un misterioso criterio que tenía en cuenta el destino y la cantidad de días del viaje. En cambio, podían pagar sin restricciones con tarjeta de crédito o débito fuera de su país. Pero muchos recurrían al mercado ilegal. Los turistas extranjeros también cambiaban sus divisas en las ‘cuevas’ para conseguir una mejor tasa de cambio y al irse solo podían deshacerse de sus pesos en esos locales.
- Las multinacionales apenas podían girar los beneficios a sus casas matrices: el Banco Central autorizaba a cuenta gotas que las filiales de empresas extranjeras repatriaran beneficios a sus países de origen, lo que desalentó la inversión. Se calcula que estas compañías acumulan unos 10.000 millones de dólares sin remitir a sus países, según Matías Kulfas, que fue gerente general del Banco Central entre 2012 y 2013 pero que ahora considera que el cepo fue un “error”. Ese dinero se vería afectado por la devaluación que provocará la liberación del tipo de cambio, con las consiguientes pérdidas para las empresas. Pero no solo se desincentivó la inversión extranjera sino la de los propios argentinos, que han acumulado fuera del sistema financiero, en cajas fuertes y en bancos del extranjero, hasta 400.000 millones a lo largo de la historia, según la ONG Tax Justice Network. Pocos estaban dispuestos a traer dólares para cambiarlos en el mercado oficial cuando en el ilegal cotizaban entre 50% y 70% más caros, según la temporada.
- Los importadores necesitaban autorización para comprar divisas con las que pagar los productos: en 2012 se generalizaron las barreras para las compras externas no solo para bienes de consumo sino también para insumos y maquinarias usadas por el aparato productivo de Argentina. En la actualidad, los importadores, incluidos las industrias locales, deben 9.500 millones a sus proveedores del extranjero. Las trabas impidieron que el peso caro incentivara un aluvión de productos importados.
- El desaliento a la exportación: muchos exportadores perdieron competitividad por la apreciación de la moneda argentina, tanto en la agricultura como en la industria y los servicios. Una devaluación los alentaría. Sin embargo, las exportaciones de bienes y servicios de Argentina suponen solo el 15% de su PIB, lo que evidencia que su mercado interno es clave para su economía y una depreciación del peso lo deteriorará.




