La curiosa obsesión del embajador de Brasil en Chile: cómo los gatos terminaron marcando su largo paso por Santiago
Un mes antes de dejar Chile rumbo a Japón, el entonces embajador de Brasil Paulo Pacheco repasó con ADN.cl casi seis años marcados por tensiones políticas, acuerdos bilaterales y una inesperada afición por los gatos. En la entrevista, recuerda algunos de los episodios más complejos que le tocó administrar y explica cómo, a su estilo, intentó descomprimir las diferencias entre ambos gobiernos.


Como un “pequeño roce” recuerda Paulo Pacheco, hasta esta semana embajador de Brasil en Chile, una de las discrepancias públicas más incómodas que le tocó administrar entre Gabriel Boric y Luiz Inácio Lula da Silva. Todo generado por la situación en Venezuela.
Fue en mayo de 2023, durante una cumbre de presidentes sudamericanos en Brasilia, cuando el presidente Boric cuestionó públicamente la forma en que Lula abordaba la crisis venezolana y rechazó que las denuncias por violaciones a los derechos humanos fueran una “construcción narrativa”. Boric lo llamaba dictadura; Lula evitaba usar el término.
Un mes antes de dejar la embajada, Pacheco habla del episodio con la misma calma con la que se mueve por su oficina en el Palacio Errázuriz, en pleno centro de Santiago, donde está ubicada la embajada. Viste un terno azul impecable; la raya del pantalón cae perfectamente recta. Lleva el pelo completamente cano, peinado hacia la derecha, y sus cejas negras destacan sobre su rostro. Está de vacaciones y recibe a ADN.cl para una de sus últimas entrevistas antes de partir a Tokio, su próximo destino diplomático. Sentado en su oficina revela como trató el conflicto Lula y Boric.
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El exembajador rápidamente buscó opciones. Poco después del encontrón, Caetano Veloso —una de las figuras más influyentes de la música brasileña— se iba a presentar en Chile: Pacheco le envió una invitación al Presidente Boric.
—Fuimos juntos al Teatro Municipal de Santiago.. Yo creo que fue la primera vez que el presidente Boric estuvo en el palco presidencial (...) Él tuvo una reacción muy positiva, muy en términos apaciguadores. Ese tipo de acción ayuda mucho a distensionar.

Paulo Pacheco en su oficina en la embajada de Brasil en Chile.

Paulo Pacheco en su oficina en la embajada de Brasil en Chile.
-¿Hubo algún momento en que la relación entre Chile y Brasil realmente estuviera en riesgo de deteriorarse?
-Yo creo que a nivel, digamos, político quizás sí, pero yo no reproducía eso acá. No fue tranquila, no. Yo tuve muchos desafíos. Pero intenté hacer mi rol. Enfrenté los cambios de gobierno. Incluso cuando había, se supone, una afinidad ideológica, como Boric con Lula, hubo ese tema durante la reunión de Brasilia. Siempre hay algo que ajustar, pero yo diría que, en general, fue muy positivo. Fueron cuestiones puntuales que no llegaron a dañar la relación bilateral.
-En 2022, Jair Bolsonaro acusó públicamente a Gabriel Boric de haber participado en la quema del Metro durante el estallido social. El Gobierno chileno calificó sus dichos como falsos e inaceptables y usted terminó citado a Cancillería para recibir una nota de protesta.
-Hubo un incidente diplomático, pero se manejó de la forma más positiva posible. Me llamaron a Cancillería, recibí una nota de protesta, pero yo creo que mi rol acá no era acentuar los puntos de divergencia. Mi rol era lo contrario: buscar puntos de acercamiento entre los dos países.
-Cuando usted dice que su rol es bajar el tono y buscar puntos de encuentro, ¿qué hace concretamente en una situación así?
-El hecho de no acentuar el malestar, la incomodidad, ya es positivo. Y si uno sigue trabajando, yendo a los eventos oficiales, representando al país y evitando de alguna forma acentuar el daño, yo creo que eso ya es mucho.
Pacheco tiene 62 años y lleva casi cuatro décadas en la diplomacia. La experiencia se nota, sobre todo, cuando no quiere hablar más de lo necesario. Basta mencionar la adhesión de Chile al Escudo de las Américas, concretada por el Gobierno de José Antonio Kast el 22 de septiembre de 2026, para que responda casi de inmediato:
-Sobre eso no tengo que opinar, porque esa es una decisión del Gobierno chileno. El Gobierno chileno es soberano.
-Otro punto donde Chile y Brasil tomaron caminos distintos fue la candidatura de Michelle Bachelet a la Secretaría General de Naciones Unidas. Chile retiró su apoyo, mientras Brasil decidió mantenerlo. ¿Cómo recibió Brasil esa decisión?
Pacheco se encoge de hombros.
-Bueno, igualmente fue una decisión del Gobierno chileno. Hizo un estudio, una reflexión. No me cabe opinar sobre una decisión del Gobierno.
-Pero Brasil decidió mantener su apoyo a Michelle Bachelet. ¿Hubo conversaciones con Chile para intentar que el Gobierno mantuviera su respaldo?
-Sí, se trató, pero el país es soberano. Es un gobierno soberano para tomar la decisión que tomó. No me cabe comentar.
Hace una pausa y sigue.
-Y sí, seguimos apoyando. Brasil y México siguieron apoyando. Yo sigo creyendo que era la mejor candidata. Eso es incontestable. Pero no se trata de una elección por currículum, es una elección política. Entonces, otras cuestiones también estuvieron ahí en juego. Pero yo sigo creyendo que era la mejor candidata, la presidenta Bachelet. No había ninguna que llegara cerca, con todo respeto a los demás candidatos. Pero no tenían su currículum.

Paulo Pacheco.

Paulo Pacheco.
La obsesión felina
Antes de entrar al despacho de Pacheco hay que pasar por Branquinho, el gato que la embajada adoptó hace algunos años y que desde hace seis meses comparte residencia con él en el Palacio Errázuriz. Duerme sobre una silla de escritorio en una pequeña oficina contigua. No levanta la cabeza. Tampoco abre los ojos. Ni se inmuta. Pacheco está unos metros más adentro y sabe perfectamente que el gato está ahí.
Durante casi toda su misión, el exembajador vivió en una residencia arrendada por la embajada en el barrio El Golf, en Las Condes, una casa que durante 15 años alojó a diplomáticos brasileños. Recién este año se trasladó al Palacio Errázuriz, sede de la embajada y también su residencia actual.

Branquinho sentado en su escritorio en la oficina contigua a la del embajador, Paulo Pacheco.

Branquinho sentado en su escritorio en la oficina contigua a la del embajador, Paulo Pacheco.
–Antes de llegar a Chile prácticamente no tenía relación con los gatos. ¿Qué pasó acá para que terminara desarrollando esta afición?
-Fue muy curioso, porque yo vivía todavía en Las Condes. No mi antecesor directo, sino el antecesor de mi antecesor, gustaba mucho de los gatos. Entonces la casa allá era una especie de atractivo para los gatos. Cuando llegué, llegó una gata que incluso él le había dado nombre: Ojitos. Y ella empezó a llegar todas las mañanas. Yo empecé a darle primero agua, después comida, después le compré una camita. Pero ella era una gata callejera y bastante arisca, no se dejaba tocar. Entonces, algún tiempo después llegó la mamá de ella, que él también había dado nombre, que era más arisca aún. También comía, bebía, dormía en una camita. Yo tenía un baño que daba para una terraza. Dejaba la puerta abierta para que ellas entraran y salieran, porque eran muy distintas de Branquinho. Branquinho duerme sobre mí, es un gato más domesticado, casi. Ellas eran realmente casi salvajes.
-¿Ese fue el momento en que empezó realmente su relación con los gatos?
Sí. Incluso yo creo que yo les tenía más miedo que ellas a mí (ríe). Entonces empecé a investigar sobre gatos y descubrí un montón sobre gatos. La forma de decir “te quiero” para un gato, hay que hacer así, muy lentamente (realiza el gesto).
-¿Qué fue lo que lo impulsó a investigar sobre ellos?
-Son animales muy bonitos. Estéticamente son muy bonitos y son muy seductores. Aunque sean salvajes, como eran las dos, son muy seductoras. No sé cómo definir eso. Fue un proceso. Cuando llegué acá yo no quería apegarme mucho a Branquinho. Pero él decidió buscarme, porque él escala el palacio. Yo estoy en el segundo piso del palacio y empezó a llegar a mi habitación directamente por la ventana. Fue algo también muy espontáneo porque, cuando llegué, lo trataba bien, pero no quería estar muy cerca, incluso porque ya sabía que me iba.

Branquinho en el despacho de Paulo Pacheco. Foto: Vergara 240.

Branquinho en el despacho de Paulo Pacheco. Foto: Vergara 240.
-Bueno, prácticamente son compañeros de departamento. Viven en el mismo edificio.
-Yo creo que yo vivo en el edificio de él. Soy el intruso.
-¿Qué pasó con Ojitos y su madre?
Ellas se quedaron porque no son gatas domésticas, son gatas salvajes. Entonces no logramos atraparlas.
-Ahora que usted se va de Chile, ¿qué va a pasar con Branquinho? ¿Quién se va a hacer cargo de él?
A él lo cuidan entre todos. Los de seguridad de la embajada lo cuidan mucho. Las secretarias aquí también lo cuidan. Entonces es un gato que tiene mucho amparo, mucha ayuda. Y además es un gato muy cariñoso, muy fácil. Entonces el único tema puede ser, digamos, que llegue alguien que sea alérgico al gato, porque ese es un tema un poco más serio. Pero, si no, yo no veo problema para que él siga.
-¿En Brasil saben de la existencia de Branquinho?
Yo creo que sí, porque Branquinho es un influencer digital. Incluso me dijeron que hay embajadas que tienen celos de Branquinho, porque dicen que es una cobardía usar el gato como mascota (se ríe).
-Usted decía que llegó a desarrollar una especie de obsesión con los gatos y que empezó a verlos en todas partes. ¿Cómo fue eso?
Sí. Yo empecé a hacer una especie de imán para gatos, porque allá, sobre todo allá, yo caminaba mucho en Las Condes y conocía varios gatos del vecindario. Había una en la Plaza Perú, Jacinta, me acuerdo. Había una que estaba ahí mismo, en la misma calle. Ella era muy cariñosa. También le gustaba que yo le diera cariño. Fue realmente una experiencia curiosa, porque desde que empecé a tener contacto con los gatos allá, en la casa, empecé a ver gatos en todas partes, como si mi mirada para los gatos hubiera sido calibrada.
Incluso, en una entrevista anterior con Vergara 240, Pacheco dijo que, si alguien revisara sus búsquedas y conversaciones, podría terminar imaginando algo bastante distinto: “A veces pienso que, si alguien me investigara, creería que Brasil desarrolló un sofisticado sistema de cifrado de mensajes a través de los gatos”.

Paulo Pacheco junto a Branquinho sentado en su oficina en la embajada de Brasil en Chile. Foto: Vergara 240.

Paulo Pacheco junto a Branquinho sentado en su oficina en la embajada de Brasil en Chile. Foto: Vergara 240.
De Chile a Japón
—Dejo mucha saudade de Chile —dice Pacheco cuando se le pregunta qué siente que deja después de casi seis años en el país. Saudade es una palabra del portugués —también presente en el gallego— que no tiene una traducción exacta al español: es una mezcla de nostalgia, ausencia y afecto por algo que se extrañará.
—Yo dejo mucho afecto, mucho cariño. Yo creo que fue una experiencia muy rica, muy variada.
Pacheco llegó a Santiago en diciembre de 2020. Nunca había imaginado terminar como embajador en Chile, pero confiesa que el país ya le despertaba curiosidad desde algunos años antes. En 2015 vio Romance Policial, una coproducción brasileño-chilena cuya historia transcurre en parte en el desierto del norte del país. Desde entonces quería conocer San Pedro de Atacama. No fue, sin embargo, su primer destino.

Paulo Pacheco en su oficina en la embajada de Brasil en Chile.

Paulo Pacheco en su oficina en la embajada de Brasil en Chile.
-De toda esa experiencia en Chile, ¿cuál es la que más se le quedó en el recuerdo?
-Mira, eso es interesante, porque yo llegué a Chile ya con un destino en la cabeza que me gustaría conocer. Mucho antes de ser designado embajador de Brasil en Chile, vi una película brasileña que se pasaba en San Pedro de Atacama. Entonces, cuando llegué, quería ir a San Pedro como primer destino. De hecho, no fue. Estuve en Chiloé antes de San Pedro, pero yo creo que el que más me impactó fue, y sigue siendo, San Pedro de Atacama.
-¿Y qué fue lo que más le gustó de San Pedro?
-Me gusta mucho el desierto por sus colores, por su silencio, por el cielo, por las estrellas. Yo pude hacer una observación nocturna en el hotel donde me quedé, en San Pedro, y es un paisaje que no tenemos exactamente en Brasil. No tenemos un desierto como tal en Brasil.Así que fue algo realmente impactante. Y, por casualidad, mi último viaje en Chile va a ser a Copiapó, para ver el desierto florido. Así que yo empecé con el desierto y finalizo con el desierto.
-Lleva casi cuarenta años entrando y saliendo de países. ¿Cómo se prepara, después de tanto tiempo, para una despedida como esta?
-Entonces es siempre una mezcla de sentimientos. Santiago ya es la tercera ciudad donde más he vivido: Río, Brasilia y Santiago. Entonces, claro, deja una huella. Además, yo literalmente salgo con corazón chileno, porque cambié dos válvulas del corazón aquí en Chile. Pero, por otro lado, hay que preparar toda la llegada. Entonces es siempre un tema un poco de despedidas, pero uno ya está pensando también en lo que tiene que hacer cuando llegue al otro destino.
Su próximo destino, Japón, abre una coincidencia demasiado evidente como para dejarla pasar. Le menciono la relación cultural del país con los gatos. Pacheco se ríe antes de aclarar algo:
—Bueno, pero yo no elegí Japón por eso.
Se ríe otra vez.
—Pero sí, es cierto que es una coincidencia. Bueno, además del tema sísmico. Ya empecé a ver dónde están los gatos en Tokio.
—¿Y esta obsesión por los gatos se la lleva también a Japón?
—Sí. Quizás allá yo pueda tener un gato realmente mío.

Paulo Pacheco en su oficina en la embajada de Brasil en Chile.

Paulo Pacheco en su oficina en la embajada de Brasil en Chile.
Cristóbal Álvarez
Periodista de Radio ADN. Redactor web con foco en actualidad, política y policial. Ha colaborado con...




