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ENTREVISTA

“Hay música de Víctor Jara que nunca habíamos escuchado”: revelan cinta inédita que estuvo oculta más de 50 años

La investigación de Félix Cárdenas permitió reconstruir cerca de 47 minutos de Los siete estados, un ballet que Víctor Jara trabajó durante años y que nunca llegó a estrenar.

Joan Jara puso el casete original en sus manos. “Te tengo un regalo. Ve qué puedes hacer con esto”, le dijo. Félix Cárdenas no sabía exactamente qué había dentro ni por qué la viuda de Víctor Jara había decidido entregárselo a él. Era fines de 1999 y Cárdenas, entonces un joven compositor, se llevó la cinta a Valparaíso, la escuchó y quedó atónito.

“Yo quedé bastante sorprendido porque no sabía de qué se trataba. Volví y lo escuché, y para mi sorpresa dije: ‘¿Y esto qué es?’”, recuerda en conversación con ADN.cl.

En ese pequeño objeto, que Joan había guardado por años, había cerca de 27 minutos de música inédita, música que solo unos pocos conocían. Eran fragmentos de melodías, registros de estudio y grabaciones de ensayos que escondían una historia enterrada durante décadas.

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La música pertenecía a Los siete estados, un ambicioso proyecto de ballet latinoamericano para el que Jara había compuesto una serie de piezas que, hasta hoy, habían permanecido forzosamente ocultas. Estaba casi terminado. Su estreno sería en octubre de 1973. Nunca ocurrió: el golpe de Estado del 11 de septiembre interrumpió los ensayos. Víctor Jara fue detenido y, días después, brutalmente asesinado.

Más de 50 años después, gracias a la investigación de Cárdenas, parte de Los siete estados podrá finalmente ver la luz. Cerca de 47 minutos de música, correspondientes a tres de los siete actos que contemplaba la obra, fueron reconstruidos y reunidos en el libro Víctor Jara y Los siete estados, una obra inconclusa, donde, a través de un código QR, el público podrá escuchar las grabaciones tal como fueron rescatadas.

Medio siglo después de que se truncara el proyecto, la música de Víctor Jara volverá a sonar.

Los sonidos inéditos

Todo empezó con Patricio Bunster. El coreógrafo del ballet nacional de la época, llevaba años pensando en esa obra, según explica Cárdenas. Cerca de 1960, el artista—fuertemente influenciado por la obra de Pablo Neruda y por las transformaciones que atravesaba América Latina— imaginó un ballet distinto a los cánones clásicos: la historia seguía a una doncella cautiva y a un joven campesino que debía superar siete pruebas para liberarla. Para la musicalización pensó en Jara, ya que detrás de esa especie de fábula había una intención mayor.

“La importancia de esta obra radica precisamente en que era un reflejo de lo que estaba ocurriendo en Latinoamérica. Hay que considerar que no solamente en el arte poético o en la literatura, sino también en otras disciplinas, Canto general, de Pablo Neruda, tuvo muchísima influencia sobre muchos artistas. Eso traspasó hacia la danza, el teatro, la música, etcétera”, comenta Cárdenas.

Según el libro, Jara comenzó entonces a escribir música para el proyecto. De esa primera etapa surgió, entre otras piezas, La doncella encantada, publicada póstumamente en 1994. “Es una de las primeras composiciones instrumentales de Víctor Jara. Es de las primeras piezas que él compone como tal”, destaca Cárdenas.

La investigación también permitió reconstruir piezas que durante décadas habían quedado fuera de la historia de Los siete estados. Una de ellas fue La canción del minero, compuesta en 1962 y considerada hasta hace poco como una obra independiente, aunque en realidad formaba parte del ballet. Sin embargo, después de ese impulso inicial, la obra dejó de desarrollarse de manera sostenida y entró en un receso que se extendió durante casi una década.

Sin embargo, hacia 1970, Los siete estados volvió a ponerse en marcha. A esa nueva etapa se sumó Celso Garrido-Lecca, compositor peruano radicado en Chile, quien comenzó a orquestar y desarrollar las ideas musicales planteadas por Jara. Durante los tres años siguientes, la obra fue creciendo en escala y ambición: por sus ensayos pasaron bailarines, músicos de la Orquesta Sinfónica, Isabel Parra, integrantes de Inti-Illimani y Quilapayún, además de músicos cubanos del grupo Manguaré.

El papel de Jara, sin embargo, no se limitaba a entregar composiciones. Cárdenas confirmó que el cantante participaba directamente de los ensayos, tocaba junto a los músicos y trabajaba las melodías que después serían incorporadas al ballet. “Era compositor y también músico de la obra. Hay fotografías en las que aparece tocando. Era un partícipe completo”, explica Cárdenas. Pero la magnitud del proyecto hacía necesario sumar a alguien capaz de llevar esas ideas a una estructura orquestal más amplia.

Ahí el trabajo de Celso Garrido-Lecca se volvió fundamental. El compositor peruano comenzó a orquestar las ideas musicales de Jara. “Fue algo parecido a lo que hoy llamaríamos un productor”, resume.

Preparación los Siete Estados. Bunster en primer plano de espalas, y se ve trabajando la música a Celso Garrido, Horacio Durán, Patricio Castillo, Horacio Salinas y Víctor Jara. Foto: ArchivosVictorJara

El cargo de conciencia

Durante años, Cárdenas guardó aquel casete que Joan Jara le había confiado. Era un regalo, pero también un pendiente. Dice que no se sentía preparado. Solo después de la muerte de Joan en 2023 volvió a mirarlo de otra manera. “Me vino un cargo de conciencia”, recuerda. Sentía que no había hecho suficiente con aquel material. Entonces decidió volver sobre esas grabaciones e intentar reconstruir una obra de la que apenas quedaban rastros.

La búsqueda tomó forma recién a mediados de 2024. Comenzó a rastrear a quienes todavía podían recordar el proceso creativo de Los siete estados, revisar lo poco que se había escrito sobre la obra y volver una y otra vez sobre el material que tenía en sus manos.

La idea era reconstruir este proceso antes de que se fuera toda la gente que había participado en él”, explica. Durante casi dos años entrevistó a músicos, bailarines y personas cercanas a Jara, mientras intentaba ordenar las piezas de una historia que había quedado dispersa durante medio siglo.

Durante ese proceso Cárdenas conversó con personajes como Isabel Parra; Horacio Durán y Horacio Salinas, de Inti-Illimani; Jorge Coulón y Patricio Castillo, ligados a Quilapayún; además de integrantes del grupo cubano Manguaré y bailarines que habían participado en los ensayos.

Según comenta, estos testimonios permitieron confirmar recuerdos, despejar dudas y, en algunos casos, comprobar que piezas conocidas de manera independiente habían formado parte del ballet. Poco a poco, Los siete estados comenzaba a recuperar su forma.

Los nuevos audios

A fines de 2025, Cárdenas pensó que el trabajo estaba prácticamente cerrado. Había reconstruido buena parte de la historia, cruzado testimonios y ordenado los fragmentos disponibles. Pero entonces llegó un mensaje desde Perú que volvió a abrir todo. “Me dijeron: ‘Espera un poquito. Encontramos unas cintas de Celso y tienen el rótulo de Los siete estados”, recuerda.

La primera reacción fue contener las expectativas. Sabía que Garrido-Lecca había distribuido copias de algunas grabaciones entre distintas personas y pensó que podía tratarse del mismo material que ya conocía. “Nada hacía suponer que podía haber algo distinto”, cuenta. Aun así, Gonzalo Garrido-Lecca, hijo del compositor, llevó las cintas a Chile para revisarlas y digitalizarlas en la Biblioteca Nacional.

El 22 de diciembre de 2025, día de su cumpleaños, Cárdenas llegó hasta el lugar para escucharlas. El material debía ser reproducido con especial cuidado y digitalizado en tiempo real. Junto a él y Gonzalo había músicos y personas que habían conocido de cerca el proyecto. Entre ellos, Horacio Durán, de Inti-Illimani.

La cinta comenzó a correr. Después de casi dos años sumergido en Los siete estados, Cárdenas era quien mejor conocía los registros que habían sobrevivido. A medida que avanzaba la escucha, reconocía fragmentos, mientras otros intentaban hacer memoria. Durán, por momentos, recordaba algunas melodías. Otras ya formaban parte del material que Joan Jara había entregado décadas antes.

Hasta que apareció algo distinto.

Esto es nuevo. Esto es totalmente nuevo”, dijo Cárdenas.

La escucha continuó y la sorpresa se repitió. Entre aquellas cintas había cerca de 15 minutos de música que no estaban en los registros conocidos. “Imagínate, después de 50 y tantos años escuchar música nueva de Víctor Jara. No es algo menor”, recuerda.

Con el hallazgo, el material recuperado de Los siete estados alcanzó cerca de 47 minutos, distribuidos en tres de los siete actos que originalmente contemplaba la obra.

Más allá de los minutos recuperados, Cárdenas cree que el principal valor del trabajo está en volver a encontrarse con Víctor Jara como creador. “Quizás lo más significativo es tener nuevamente a Víctor Jara como creador. Volver a escuchar su música, música nueva, creo que es el regalo más grande que podemos haber tenido después de tanto tiempo”, dice.

Más de dos décadas después de que Joan Jara pusiera aquel casete en sus manos y le pidiera que viera qué podía hacer con él, Cárdenas finalmente encontró una respuesta. Ahora, aquellas grabaciones que durante décadas sobrevivieron entre cintas, recuerdos y fragmentos podrán ser escuchadas por todos. Y la música que quedó interrumpida en 1973 volverá a sonar.