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Darío Osorio, Maximiliano Gutiérrez y por qué los clubes donde jugarán son “fantasmas”: Aldo Schiappacasse

Dos talentosos futbolistas chilenos cambiaron de equipo y el periodista de ADN, Aldo Schiappacasse, hace una breve reseña histórica del Crystal Palace y el Dinamo de Moscú.

SEBASTIAN ORIA/AGENCIA UNO

Esta semana el mercado de pases europeo dejó una postal curiosa para el fútbol chileno: Darío Osorio se fue al Crystal Palace y Maximiliano Gutiérrez al Dinamo de Moscú. Dos destinos, dos ligas, dos monedas distintas. Pero también, si uno escarba un poco, dos clubes que llevan el nombre de algo que ya no está.

El Crystal Palace nació en 1905 tomando el nombre de un edificio que, para entonces, ya era una postal de otra época: el Palacio de Cristal original, esa estructura de hierro y vidrio construida en 1851 para la Gran Exposición Universal de Londres, bajo el reinado de la reina Victoria y por capricho y obsesión de su esposo, Alberto.

Nada de palacios renacentistas ni de tapices históricos: arquitectura industrial en su versión más futurista, el equivalente victoriano a levantar un edificio hecho enteramente con inteligencia artificial.

El palacio se desarmó, se trasladó de Hyde Park al sur de Londres, sobrevivió décadas como parque de exposiciones y atracción turística... hasta que en 1936 un incendio lo devoró en pocas horas, y eso que estaba hecho de vidrio.

Los bomberos de la época dijeron que se veía el resplandor desde ocho condados. Del edificio no quedaron ni las cenizas: hoy, en esa colina, hay un parque y una estatua de dinosaurios de cemento que nada tienen que ver con el original.

O sea: el club que acaba de fichar a Osorio lleva 120 años honrando un edificio que solo existió 85. Es, literalmente, un homenaje a un fantasma de vidrio.

¿Dónde llegará Gutiérrez?

Del otro lado del mapa, el Dinamo de Moscú tiene un origen bastante menos romántico y bastante más burocrático. El club se fundó en 1923 como el brazo deportivo de la policía política soviética: primero la Cheká, después la OGPU, y con el tiempo, ya bien entrado el siglo, la tristemente célebre KGB.

“Dínamo” no era casualidad ni poesía: la sociedad deportiva llevaba ese nombre en varias repúblicas soviéticas y todas compartían el mismo tutor institucional, el aparato de seguridad del Estado. La Stasi en la RDA, por ejemplo.

Daniel Pino/UnoNoticias

Daniel Pino/UnoNoticias

La KGB, claro, tampoco existe más. Se disolvió formalmente en 1991 junto con la URSS, repartida en distintas agencias sucesoras. Pero el club, como el Palacio de Cristal, se quedó con el nombre y el escudo de una institución que, técnicamente, ya fue borrada del mapa.

Así que ahí están: dos jóvenes chilenos, formados en canteras “hermanas” —Osorio en la U, Gutiérrez en Huachipato—, firmando por dos clubes centenarios que en el fondo son monumentos a instituciones fantasmas.

Nada de esto afecta ni un poco el rendimiento en la cancha, por supuesto. Pero da para el dato de sobremesa la próxima vez que alguien pregunte por qué el Palace no tiene palacio, o por qué el Dinamo no genera electricidad: en el fútbol, a veces, el nombre sobrevive mucho más que la cosa que lo inspiró.

 

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