“Un sueño hecho realidad”: la historia de la única escritora chilena seleccionada por la feria del libro más importante de Latinoamérica
Sofía Troncoso tiene 28 años, publicó su primera novela en 2023 y está próxima a lanzar la segunda. Este año fue elegida como la única escritora chilena entre 26 autores jóvenes que participarán en la FIL de Guadalajara en México, uno de los encuentros literarios más importantes de habla hispana.

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La primera pregunta que hizo Sofía Troncoso cuando la llamaron desde la Feria Internacional del Libro (FIL) de Guadalajara fue si había otros chilenos en la nómina de 26 novelistas seleccionados para participar en su edición 2026. Quería contactarlos y compartir con ellos la alegría de llegar a uno de los principales encuentros literarios del mundo hispanohablante.
Desde el otro lado del teléfono, sin embargo, la respuesta fue tajante: “Eres la única”, le dijeron. La respuesta la sorprendió. Solo con el paso de los días comenzó a dimensionar el alcance de la invitación: no solo viajaría con su obra, sino que sería la única representante chilena de una selección que busca reunir a algunas de las nuevas voces de la narrativa escrita en español.
“Entre las ferias de libros internacionales del mundo, la FIL de Guadalajara está al nivel de la Feria de Frankfurt, que es la más importante del mundo entero. Entonces, en tanto a Latinoamérica, esta es la feria más importante del continente. Para mí es un honor inmenso”, cuenta Troncoso a ADN.cl.
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Tiene 28 años y es autora de Funerales, su primera novela, publicada en 2023, mientras prepara la llegada de Lo que mata es la humedad, su segundo libro, que será publicado en septiembre por Provincianos Editores. Escritora, licenciada en Artes y Humanidades y máster en Escritura Creativa, Troncoso obtuvo en 2022 el Premio Roberto Bolaño a la Creación Literaria Joven precisamente por Funerales, cuando la obra todavía permanecía inédita. Ahora, Guadalajara la escogió como una de las autoras que están trazando nuevas rutas dentro de la novela contemporánea en español.
Ser la única chilena y, además, una de las escritoras más jóvenes de la selección representa para ella un impulso que hace apenas un año veía distante. “Hoy veo la oportunidad que tengo y estoy tan agradecida. (...) Esto es que el mundo, más allá de las fronteras nuestras, conozca mi obra”, explica.
Para dimensionar el reconocimiento hay que mirar cómo se realizó la selección. En el marco de sus 40 años, la FIL Guadalajara creó “26 en el 26”, una iniciativa para la que un comité integrado por escritores, editores, periodistas y especialistas revisó más de 200 perfiles de autores con al menos una novela publicada en español. Tras ese proceso fueron escogidos 26 novelistas menores de 40 años. Entre los criterios estuvieron la calidad literaria, la diversidad y la capacidad de las obras para mostrar nuevas rutas dentro de la novela contemporánea. Sofía Troncoso fue la única chilena incluida en la nómina.
La edición número 40 de la FIL se realizará entre el 28 de noviembre y el 6 de diciembre de 2026 y tendrá a Italia como país invitado de honor. Para Troncoso, la instancia no solo representa una vitrina para su trabajo, sino también la posibilidad de relacionarse con otros actores de la industria editorial. “Es un sueño hecho realidad”, reconoce. Su interés está puesto tanto en compartir con los otros autores seleccionados como en aprovechar las posibilidades profesionales que abre una feria de esta magnitud.
“Espero estar en contacto con los autores del país invitado, que es Italia, pues hay varios que he leído y me interesan. También, por supuesto, compartir con los seleccionados de la lista cuyas obras conozco y han sido galardonadas, leídas y comentadas por muchos. Pero quiero enfocarme particularmente en los editores, traductores y agentes literarios”, cuenta.
Una vida atravesada por la escritura
A Sofía Troncoso le cuesta encontrar un punto exacto para explicar cuándo comenzó a escribir. Su relación con la escritura no tiene un momento fundacional espectacular. No recuerda una revelación ni un episodio particular que haya marcado el comienzo. La escritura, dice, simplemente estuvo ahí y fue creciendo junto con ella.
“Es difícil rastrear el inicio a algo que se hace tan natural. Estuvo ahí, siempre, y solo fue creciendo hacia algo mayor, digamos más serio, en la transición de la adolescencia a la adultez”, explica.
Parte de su formación como lectora estuvo marcada por libros que llegaban desde Estados Unidos. Como desde pequeña manejaba el inglés, podía acercarse directamente a obras escritas en ese idioma. Entre los autores que reconoce como referentes menciona a Virginia Woolf, John Steinbeck y J. D. Salinger. Mientras que en la literatura latinoamericana aparecen nombres como Samanta Schweblin, Mariana Travacio y Sylvia Molloy.
Cuando se le pregunta qué encontró en la escritura para decidir continuar por ese camino, Troncoso da vuelta la interrogante. “¿Encontré algo en la escritura o la escritura encontró algo en mí?”, se pregunta. “Supongo que fue un beneficio mutuo el seguir haciéndolo. No vi otra ruta en mi vida más que continuar escribiendo. En la adolescencia traté de imponerme otros caminos, pero no veía uno sin escritura”.
Ese vínculo terminó trasladándose también a su formación académica. Estudió Licenciatura en Artes y Humanidades en la Pontificia Universidad Católica, con formación en narración y comunicación, y posteriormente cursó un máster en Escritura Creativa en la Universidad Adolfo Ibáñez. Nació en Santiago en 1997, pero creció en Antofagasta, ciudad que también forma parte de su trayectoria personal y literaria.
Para Troncoso, escribir no parece reducirse únicamente al ejercicio de contar una historia. Es también una manera de entender lo que ocurre dentro de ella. “Escribo, principalmente, para entender qué estoy pensando. Es una forma de decantar, de procesar, de indagar más allá en procesos emocionales o mentales. Trabajo temas que se alojan en mi cabeza por, tal vez, demasiado tiempo”, señala.
Cuando escribió Funerales, su primera novela, lo hizo reflexionando alrededor de las distintas formas de enfrentar y entender el luto. La historia sigue a una mujer que intenta escapar del dolor de la pérdida incluso desprendiéndose de su propia identidad y aborda, desde la intimidad de su protagonista, el duelo, la memoria, el trauma y los vínculos familiares. La obra recibió el Premio Roberto Bolaño en 2022 y fue publicada un año después por la editorial independiente Trazos de Aves.
Luego escribió Lo que mata es la humedad, donde, en cambio, Troncoso quiso explorar el juego entre desear y perder, entre querer algo y no poder alcanzarlo. Aunque inicialmente buscaba alejarse de su primera novela, durante el proceso descubrió que algunas preocupaciones volvían a aparecer bajo otras formas. “Son temas que aparecen en el subconsciente porque los veo, los siento, los imagino, y escribir también es un ejercicio de ver cuán lejos puedes llevar esa reflexión hacia la ficción”, explica.
No obstante, hay una idea que utiliza para entender esa recurrencia. Se la entregó alguna vez un amigo poeta: quizás los escritores no tienen temas, sino obsesiones. “Cada vez que escribo es sobre un tema que reverbera en mi mente en el momento de la escritura y no necesariamente en el momento de la publicación, porque la vida útil de un libro es larguísima”, sostiene. “Creo que lo mío va por ahí: el confinamiento, la carencia, la identidad, esos patrones emocionales no resueltos, las relaciones interpersonales. Vuelvo a ellos incluso si no quiero”.
Cuando Troncoso cortó la llamada que venía desde México y terminó de dimensionar lo que significaba aquella invitación, imaginó que en Chile la noticia despertaría orgullo, que su historia sería recogida y que, quizás, podría servir de inspiración para otros escritores jóvenes que todavía buscan abrirse camino. Pero ocurrió algo distinto: mientras afuera comenzaron a mirar su obra con atención, acá sintió lo contrario: silencio. Pero ella no calló.
“Una carrera artística en Chile, por sí sola, es prácticamente imposible”
—Comentaste en redes sociales que te llamó la atención la poca cobertura que tuvo en Chile tu selección, especialmente al compararla con lo ocurrido con escritores de otros países. ¿Qué reflexión te dejó esa diferencia?
—Ya había pasado más de una semana desde el anuncio cuando me di cuenta de que no había interés desde la prensa en cubrir algo así, que no es menor. Es una feria mundialmente reconocida, en una lista de autores seleccionados con pinzas, entonces que no reconocieran a la única chilena me pareció insólito. Voy con mis obras, claro, pero también representando al país, pues es una lista que incluye gente de España, México, Nicaragua, Perú, entre varios otros países, y ser la única seleccionada de Chile es sin duda un mérito no solo mío, porque también habla de la cadena del libro que ha apoyado mi obra: editorial, distribución, lectores y más. En un momento de inseguridad dudé si esto era un gran logro, pero luego me di cuenta de que El País México estaba cubriendo la feria, haciendo perfiles de los seleccionados, y la FIL Bogotá también hacía lo mismo. La prensa en otros países desbordaba y aquí, bueno, nada hasta ahora. Incluso me entrevistaron primero desde el extranjero.
—¿Cómo ves actualmente el mundo de la escritura y la literatura en Chile? ¿Existe una escena activa y con nuevas voces o todavía cuesta que los escritores encuentren visibilidad?
—Hay muchas nuevas voces, muchos escritores y escritoras que tienen qué decir, un mundo de lectores amplio también, pero nuevamente, es lo que veo yo, que estoy dentro. Desde ese mismo lugar veo cómo la visibilidad es difícil de conseguir para muchos de mis colegas. No basta con escribir, hay que hacer gestión de prensa, lanzamientos, conseguir espacios. Es un sinfín de esfuerzos que a algunas personas les cuesta mucho más, por falta de privilegios, por falta de contactos, pero no por falta de talento.
—¿Qué tan difícil es construir una carrera como escritora joven en Chile? ¿Cuáles son hoy los principales obstáculos para publicar, encontrar lectores y darle continuidad a una carrera?
—Los obstáculos para consolidar una carrera como escritora en Chile aparecen en cada parte del camino. Recientemente, en los Fondos del Libro y la Lectura, línea Fomento a la Creación, vi que para postular, ni siquiera para adjudicárselos, tenías que tener certificados de talleres cursados, un currículum literario, una carta de recomendación, que es algo absurdo que no había sido requisito en los años anteriores precisamente para dar espacio y oportunidades a nuevos escritores juzgando la obra únicamente; También no es suficiente escribir, tienes que moverte con tu obra, tener idealmente editores que te apoyen en esas etapas del proceso, que por suerte he tenido, pero publicar en sí es complejo. Tardé años en lograrlo. Y, por supuesto, está el tema de los fondos, pues para tener una carrera artística necesitas tener sustento, porque una carrera artística en Chile, por sí sola, es prácticamente imposible.
—¿Qué te gustaría que cambiara en Chile para las nuevas generaciones de escritores? ¿Qué tipo de industria cultural o ecosistema literario te gustaría encontrar durante los próximos años?
—Me gustaría encontrarme con un país que valore la cultura, que los mismos artistas entre sí no se traten de enemigos, un ecosistema literario colaborativo, una industria cultural que saque a los talentos a brillar, que dejemos de menospreciar a los otros e incluso a nosotros mismos, un ministerio que realmente apoye a sus artistas, encontrar menos restricciones y que pequeños gestos vayan sumando y revalorizando lo nacional.

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Cristóbal Álvarez
Periodista de Radio ADN. Redactor web con foco en actualidad, política y policial. Ha colaborado con...




