¿Es posible reconstruir una relación de pareja tras una infidelidad? Especialista detalla el factor clave para lograrlo
La doctora Jennifer Florez explica que superar la infidelidad es viable si la víctima asume el doloroso proceso de “eximir” al otro y aprende a dominar sus propios pensamientos divagantes.

Ana Maria Serrano

El debate sobre si es posible reconstruir una relación tras una traición es siempre complejo, sobre esto se refiere la Doctora Florez en su podcast sobre relaciones de pareja.
Según la especialista, superar una infidelidad es absolutamente factible, pero advierte que el éxito de la restauración no radica en las promesas o acciones del ofensor, sino en un riguroso y a veces solitario proceso de gestión emocional por parte de quien fue traicionado.
“Cuando tú decides perdonar una infidelidad, yo tengo que ser consciente de que la decisión que estoy tomando tiene una consecuencia que voy a tener que asumir: un período, y no corto sino prolongado en el tiempo, de sostener”, explica la psicóloga, apuntando a que el verdadero trabajo comienza después de dar el “sí” al perdón.
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Para la terapeuta, el peso más abrumador recae en la confrontación con el propio mundo interno y no en el acto de la traición misma. De hecho, el desafío principal tras el quiebre de la confianza es aprender a cohabitar con las secuelas de la sospecha sin desgastar la salud mental.
“Lo más desafiante no es haber tomado la decisión de perdonar”, sostiene la profesional, sino responder a la deprimente interrogante: “¿qué hago ahora que te perdoné con todo lo que se suscita en mí cuando estoy contigo?”.
En este sentido, la experta detalla que el primer paso ineludible consiste en aceptar que perdonar significa “eximir” al otro de la responsabilidad de aliviar nuestra amargura, comprendiendo que el dolor remanente es una tarea que requiere autoaceptación y no demandas infinitas de reparación hacia la pareja.

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La renuncia indispensable para sanar el vínculo
De acuerdo con el análisis, la supervivencia del lazo afectivo depende estrictamente de la capacidad de renunciar al castigo continuo. La especialista es categórica en señalar que para que exista una recuperación real, la persona afectada debe “renunciar a culpar al otro” perpetuamente y abstenerse de usar la infidelidad como un “as bajo la manga” en cada nueva discusión doméstica.
Cuando esto no ocurre, la relación entra en un círculo vicioso donde la víctima se convierte en “víctima de su propio invento”, reproduciendo de forma voluntaria o involuntaria el engaño en su mente a través de pensamientos divagantes y destructivos que terminan por deteriorar de manera definitiva la armonía de pareja.
Asimismo, la evolución de la pareja depende críticamente del tipo de actitud que asuma el transgresor. La doctora diferencia nítidamente entre dos perfiles: el “infiel consciente”, que es “capaz de decir ‘esto no tiene nada que ver contigo, fui yo el que la embarró y asumo mi error’”, y el “infiel cruel” o tóxico, que intenta salvarse de su responsabilidad culpando a su pareja de la falta.
Para que la reconciliación prospere, se requiere que la reparación se construya sobre la honestidad del primero, evitando caer en la manipulación de quien busca justificar su conducta desleal atribuyéndola a supuestas falencias de la persona traicionada.

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Decidir confiar en lo que ya no se cree
El último gran pilar que condiciona la recuperación es la redefinición de la confianza, entendiéndola como un acto de fe unilateral y no como una recompensa por buen comportamiento. “La confianza no es cuestión de que el otro merezca que confíes en él”, detalla la psicóloga, afirmando de forma disruptiva que la clave del avance es “decidir confiar en lo que ya no confío”.
Para lograrlo, la especialista insta a abandonar el control policial —como revisar teléfonos, instalar micrófonos o rastreadores GPS— y aprender a vivir el amor desde “lo que tengo enfrente y no en la mente”, enfocándose en el presente real de la relación.
Finalmente, el análisis descarta que perdonar un engaño sea una muestra de debilidad o falta de autoestima, siempre que la decisión se tome desde la convicción y no desde la necesidad de “mendigar” afecto. “Perdonar una infidelidad no se traduce en falta de amor propio”, concluye de manera tajante la psicóloga, definiendo el perdón consciente como un “acto de valentía” y una oportunidad inigualable para la autoevolución de ambos integrantes.
Al final del día, la reconstrucción viable de una pareja tras una infidelidad es, en esencia, la decisión de comenzar una historia completamente nueva con una persona a la que ahora se conoce en su totalidad.

Mario Vergara
Editor general del área digital de Radio ADN. Enfocado en cobertura política y contingencia internacional....




