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VIDEO. Tironi tilda al gobierno de Boric como “una transición” que permitió “curar las heridas que había dejado el estallido”

El sociólogo afirma en País ADN que el mandatario prefirió el gradualismo y resguardar la democracia antes que inmolarse ideológicamente.

El renombrado sociólogo y analista político Eugenio Tironi presentó en País ADN su más reciente ensayo titulado “La Resaca”, una profunda reflexión sobre el devenir social y político de Chile tras el estallido social de 2019, el transcurrir del gobierno de Gabriel Boric y el ascenso de la derecha más dura liderada por José Antonio Kast.

En la instancia, el autor abordó la compleja metamorfosis política del expresidente de la República, planteando una comparación histórica que suele levantar pasiones en el debate nacional. Ante la consulta de si mantenía su polémica postura sobre la identidad política del mandatario, Tironi no dudó en reafirmarla categóricamente: “Lo sigo pensando absolutamente. Es mucho más Aylwin que Allende” .

Para Tironil, el expresidente de la Unidad Popular, enfrentado al quiebre de su proyecto político, adoptó un camino de sacrificio doctrinario. En palabras del analista: “Allende optó por el camino de morir con la bandera al tope, frente en cierto modo descorazonado por la falta de respaldo de su propio partido al camino que él quería, que era un entendimiento con la Democracia Cristiana”. De este modo, puntualizó que Allende eligió el martirio histórico como “ejemplo frente a aquellos que no confiaron en lo que era su apuesta”.

La doctrina de “en la medida de lo posible” frente a la resaca

La estrategia de Gabriel Boric frente a la crisis ha sido, en la perspectiva de Tironi, diametralmente opuesta a la vía del romanticismo trágico. En lugar de inmolarse políticamente con las reformas más radicales de su programa, el actual mandatario entendió la profundidad del reflujo social posterior al estallido. Tironi destacó que, ante la complejidad del panorama actual, Gabriel Boric “ante el tsunami, ante la resaca, optó por salvar lo esencial, preservar las instituciones”.

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Este pragmatismo institucional vincula directamente al ex jefe de Estado con el legado de la transición chilena de los años noventa. Al ser consultado sobre si el lema de Boric bien podría resumirse en el clásico concepto de gobernar “en la medida de lo posible”, el sociólogo respondió afirmativamente: “Absolutamente, como él mismo lo reconoció cuando se inauguró la estatua de Patricio Aylwin frente a La Moneda”. En este sentido, Tironi caracterizó la gestión del gobierno anterior como un “gobierno reformista, gradualista, al estilo de lo que fue la Concertación y escrupulosísimo en el respeto de la instrucción democrática”.

El shock traumático de la nueva izquierda y su rol de transición

Este giro realista no estuvo exento de tensiones internas para la coalición gobernante, obligando a las fuerzas del Frente Amplio a un duro aterrizaje en el ejercicio del poder. El sociólogo describió cómo el propio Boric se convirtió en el principal motor del realineamiento pragmático de su sector político. Según Tironi, el oficialismo (de esa época) “venía con una gran cuota de romanticismo” y se vio “obligado a este proceso de adaptación que fue empujado por Boric”, un tránsito tan complejo que “si esto hubiese pasado por un comité central del Frente Amplio, no se habría aceptado”.

Pese a los costos ideológicos y al desplome en la adhesión ciudadana que trajo aparejado este cambio de rumbo, Tironi defendió decididamente la pertinencia histórica de la conducción de GabrielBoric. En lugar de ver su figura como desajustada con el momento, el autor de “La resaca” planteó que el exmandatario ha cumplió un papel pacificador indispensable. El sociólogo argumentó que la gestión presidencial “actúa como transición” y ha permitido “terminar de curar las heridas que había dejado el estallido, que todavía no estaban curadas”.

Finalmente, Tironi concluyó que, de no haber mediado esta conducción pragmática, el destino institucional de Chile hubiese estado bajo severo peligro de una salida autocrática o desestabilizadora. De esta manera, el rol del jefe de Estado consistió en encauzar el descontento de manera ordenada.

Para el analista, “sin Boric habría sido mucho más difícil administrar la resaca”, puesto que su figura contribuyó a que “toda esa energía caótica del estallido se canalizara a través de un camino institucional”, desactivando las amenazas de un quiebre mayor y consolidando, paradojalmente, las reglas democráticas del país.

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