VIDEO. IA al servicio de la salud pública: el modelo chileno que predice la gravedad de pacientes con neumonía
Desarrollado por la Universidad Mayor y la Universidad Santo Tomás, el sistema analiza datos de 58 mil usuarios para anticipar hospitalizaciones y priorizar urgencias basándose en la “mochila” de fragilidad de cada persona.

IA al servicio de la salud pública: el modelo chileno que predice la gravedad de pacientes con neumonía / Pakorn Supajitsoontorn
Un innovador modelo predictivo basado en Inteligencia Artificial (IA) promete transformar la gestión de las urgencias y salvar vidas en el sistema público de salud. La investigación, desarrollada de forma conjunta por la Universidad Mayor y la Universidad Santo Tomás, analizó los datos anonimizados de más de 58.000 pacientes de Fonasa hospitalizados en 72 recintos públicos del país. El estudio identificó a la fragilidad del paciente como el factor predictivo más determinante para anticipar si una persona con neumonía se agravará o requerirá hospitalización.
La “mochila” de la fragilidad y el uso clínico de la IA
En conversación con el programa Tu Nuevo ADN, Manuel Vásquez Muñoz, director del Centro de Observación y Análisis de Datos en Salud de la Universidad Mayor, abordó los temores habituales que genera el uso de tecnologías automatizadas en la medicina. Al respecto, el especialista explicó de manera textual:
“Siempre se ha visto la inteligencia artificial como una caja negra que nadie sabe lo que pasa dentro y en salud da como miedo, como que al clínico le dice, ‘¿Cómo tomo una decisión en base a esto?’ Sin embargo, lo que podemos hacer ahora con la inteligencia artificial es darle peso a las variables clínicas y eso sí para el clínico es bastante bueno...”.
El gran cambio metodológico del proyecto radica en cómo se mide y define la vulnerabilidad del paciente. De acuerdo con Vásquez, "la fragilidad por definición es la pérdida de reserva fisiológica“. Tradicionalmente evaluada de forma física por kinesiólogos, el modelo propuesto por los investigadores introduce un giro radical:
“El cambio de paradigma es que nosotros lo hacemos en base a datos administrativos y logramos clasificar a las personas, a los usuarios en leve, moderado, severo su fragilidad. Entonces, la fragilidad uno la lleva como mochila porque son muchas variables que van y que cuando uno se va a hospitalizar se puede caracterizar qué tipo de fragilidad tiene".
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Esta caracterización resulta vital al momento de ingresar a una unidad de emergencia. El experto ejemplificó que este “sello” de fragilidad permite tomar decisiones clínicas mucho más precisas antes de que el paciente pase por el proceso de categorización tradicional:
“El triatch es cuando tú llegas a urgencia y te evalúan y te dicen, ‘Ah, usted está grave o no está tan grave’... Sin embargo, la fragilidad te entrega como un sello, te dice, ‘Ojo que a pesar que tengo 75 años y tengo dos pacientes de 75 años, característica muy parecida, si yo veo la fragilidad puede ser que uno tenga mayor fragilidad y yo le puedo dar una prioridad a esta persona’”.
Vásquez puntualizó que este factor clínico es clave para evitar la discriminación por edad y gestionar de mejor manera los recursos críticos, ya que “existe una correlación directa entre mayor fragilidad con la mayor mortalidad intrahospitalaria... y mayor día de estada, que también tiene que ver con el impacto económico".

Interoperabilidad y el proyecto de un Observatorio Nacional
La investigación se sustentó en el uso estricto de datos abiertos y anonimizados de Fonasa, lo que asegura un estándar ético absoluto ante la futura entrada en vigencia de la nueva ley de protección de datos personales. Sin embargo, uno de los mayores desafíos para masificar esta herramienta en la red asistencial sigue siendo la falta de integración de los sistemas informáticos.
“Queremos entender de que si un usuario paciente se va cambiando como diferentes hospitalizaciones y llega a un hospital A, a un hospital B, llegue con su historial y sepa que la fragilidad de él es mayor o menor. Y esto va a quedar en su ficha clínica”.
A la espera de que avance la interoperabilidad en la salud chilena, el equipo de investigadores liderado por Vásquez busca dar un paso más allá para incidir directamente en el diseño de las políticas públicas.
“Nosotros lo que estamos generando es que la esperando primero la interoperabilidad, pero nosotros queremos dar un paso adelante y generar un observatorio nacional y un observatorio nacional de fragilidad, por lo menos para detectar zonas que tengan mayor fragilidad y que cualquier patología que se enfrente va a tener una mayor complicación".
Este mapeo epidemiológico ya ha comenzado a mostrar resultados concretos en otras patologías respiratorias como el EPOC (enfermedad pulmonar obstructiva crónica). Según el director, el análisis de datos masivos permitió visualizar patrones geográficos críticos: “Tenemos un patrón super importante en la zona cordillerana... logramos visualizar que las zonas... donde hay minería, todo es Los Andes, hay mucho [EPOC]”.
Actualmente, el proyecto se financia con fondos de la Universidad Mayor, pero el equipo ya se encuentra postulando a financiamientos estatales como FONIS o Fondecyt (Fondit) para masificar la herramienta tanto en el sector público como privado, buscando pasar del análisis de laboratorio a un impacto directo en la salud de la población.
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