Rompió un silencio de años y volvió a sonreír: el caso de la anciana que abre un flanco inédito contra el Alzheimer tras usar psilocibina
Pese al optimismo que genera el caso, el equipo de neurocientíficos liderado por Marcos Lago, de la Universidad de São Paulo, ha sido enfático en pedir extrema cautela a la opinión pública internacional y no interpretar el hito como una cura definitiva.

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Una luz de esperanza irrumpe en la discusión médica global frente a una de las patologías más complejas de la vejez. La demencia se ha consolidado históricamente como una enfermedad degenerativa que ningún fármaco conocido ha logrado detener o revertir por completo, a pesar de décadas de intensos ensayos clínicos. Sin embargo, un psicodélico históricamente vilipendiado está surgiendo como una posible y revolucionaria nueva vía para controlar los síntomas del Alzheimer. Neurocientíficos de diversos rincones del mundo han comenzado a investigar si la psilocibina, el ingrediente psicoactivo presente en los llamados hongos alucinógenos, posee facultades para proteger el cerebro que envejece.
El punto de partida de esta hipótesis se sustenta en un reciente e impactante estudio de caso ejecutado en Brasil y publicado por la revista científica Frontiers in Neuroscience. El informe detalla que, luego de que una paciente de ochenta y tantos años con Alzheimer avanzado ingiriera una dosis alta de hongos con psilocibina, logró recuperar de manera temporal el control de su vejiga y la capacidad de articular lenguaje fluido más allá de los monosílabos a los que estaba confinada.
Los efectos de la “dosis heroica” y la recuperación de la lucidez
El tratamiento experimental se llevó a cabo bajo un estricto protocolo de supervisión clínica en Brasil, contando con el consentimiento informado por escrito del tutor legal de la anciana. Antes del procedimiento, la mujer dependía por completo de asistencia para realizar sus actividades básicas de la vida diaria, rara vez iniciaba la comunicación y solo pronunciaba monosílabos.
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En la primera sesión, los médicos le administraron una dosis de 5 gramos de hongos, una cantidad que en el ámbito recreativo se conoce como “dosis heroica” y que excede con creces los 25 mg utilizados comúnmente en los ensayos clínicos modernos. Esta ingesta sumergió a la paciente en un estado prolongado similar al sueño profundo. Aproximadamente 19 horas después de la toma oral, la mujer comenzó repentinamente a hablar sola durante varias horas.
“La persistencia de la continencia urinaria después de más de 5 años de incontinencia crónica es particularmente notable, dado que la continencia depende de la conciencia interoceptiva integrada, la inhibición ejecutiva y la función de la red frontoinsular”, describieron en sus bitácoras los neurólogos Mariana Cerveira y Joe Xavier Simonet, coautores del reporte clínico, tras constatar que en los días posteriores la paciente pudo vestirse, caminar sola, mantener el contacto visual y entablar conversaciones devolviendo la sonrisa, publica ScienceAlert.
Debido a la persistente respuesta, un mes después se le administró una segunda dosis supervisada de 3 gramos. En esta oportunidad, la paciente no se durmió; se mantuvo verbalmente expresiva, describió escenas emotivas como “surfear con su hijo en una isla tranquila” y manifestó de forma espontánea: “Es un placer venir aquí”. Los evaluadores registraron mejoras notables en su expresividad facial, reciprocidad emocional, humor espontáneo y agilidad al caminar.
Prudencia científica: Activar funciones latentes
Pese al optimismo que genera el caso, el equipo de neurocientíficos liderado por Marcos Lago, de la Universidad de São Paulo, ha sido enfático en pedir extrema cautela a la opinión pública internacional y no interpretar el hito como una cura definitiva.
“Los hallazgos no deben interpretarse como una reversión de la patología del Alzheimer. Más bien, plantean la posibilidad de que las capacidades funcionales latentes persistan en la neurodegeneración avanzada y se vuelvan temporalmente accesibles bajo condiciones neuromoduladoras específicas”, aclaró el neurocientífico Marcos Lago.
Los propios autores reconocieron que el estudio posee limitaciones técnicas, ya que carece de algunos detalles: no se monitoreó la actividad cerebral ni las fases del sueño de la mujer durante el trance psicodélico, ni tampoco se utilizaron escalas cognitivas estandarizadas para evaluar su evolución, por lo que el artículo debe entenderse como una descripción observacional destinada a generar hipótesis para futuras investigaciones controladas.
A nivel global, la ciencia ya se encuentra movilizándose en esta línea derecha. Estudios epidemiológicos en EE.UU. con más de 3.000 adultos confirman que quienes consumieron alucinógenos registraron menos síntomas depresivos, y la Universidad Johns Hopkins ha liderado ensayos pilotos para evaluar si la psilocibina reduce la ansiedad y eleva la calidad de vida en pacientes con deterioro cognitivo leve. El tiempo y los futuros ensayos clínicos aleatorios determinarán si la psilocibina logra marcar una diferencia real frente a los históricos fracasos de la industria farmacéutica tradicional.
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