Tiempo Libre

Orquesta de Cámara de Chile sigue brillando con repertorios novedosos

La agrupación del Ministerio de las Culturas se puso en manos del solvente director suizo Emmanuel Siffert.

Por Álvaro Gallegos
Jueves 01 de Ago, 2019 - 20:33
Actualizada el Miércoles 22 de , -

Más allá de su excelente nivel artístico y técnico, la Orquesta de Cámara De Chile posee dos virtudes intrínsecas, que se tornan esenciales en nuestro medio musical presente.

Contamos con su férrea defensa de los compositores nacionales, y al mismo tiempo, el conjunto dependiente del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio continuamente escarba en todas las épocas de la historia de la música para rescatar obras que se quedaron en el tiempo, compositores menos difundidos, en definitiva, música que merece ser al menos escuchada.

Ambos valores se juntaron para dar forma a su más reciente programa, con una repleta función realizada en el Teatro Municipal de Ñuñoa, junto al director suizo Emmanuel Siffert, muy requerido por orquestas sudamericanas, y tras ver sus resultados, queda muy claro el porqué.


El director Emmanuel Siffert. foto: Felipe Pérez

 

Es cierto que la sumatoria de un estreno nacional, en este caso de la compositora porteña Valeria Valle, más los nombres del compositor suizo Aloÿs Fornerod, epígono del impresionismo francés, y además el compositor bohemio Jan Václav Vorisek, contemporáneo de Schubert, no es precisamente una oferta “taquilla”.

Pero en su conjunto estuvo lleno de momentos y contenido sumamente interesante, y precisamente es ese el valor de las propuestas de la OCCH, que llaman a despertar la curiosidad musical, el mirar más de los nombres establecidos (y siempre repetidos) de cada época.

De partida, Fornerod y “El Viaje de Primavera”, inspirada por un poema de Téocrito. Es una suite de aires ravelianos (de hecho, similar a “Le Tombeau de Couperin”), que Siffert trató con particular empatía, resaltando su riqueza colorística.


José Luis Urquieta en la obra de Valeria Valle. foto: Felipe Pérez

 

En el medio, el estreno de Valle, un concierto para oboe titulado “Desiderátum”. El solista no podía ser otro que José Luis Urquieta, quien sigue sumando repertorio de nuestros compositores para su instrumento.

La obra está estructurada en tres movimientos, un primero que ve al oboe dialogando con otros instrumentos, luego un central más calmo y meditativo, para rematar con un finale marcadamente rítmico.

Con un sentido de unidad, la obra refleja la distinta voz de la autora y su búsqueda de texturas, siempre cuidando el aspecto melódico. Urquieta, por su parte, echando mano a la prolijidad que lo caracteriza para tratar cada pieza que llega a sus manos.


Timbalista y vientos de la OCCH. foto: Felipe Pérez

 

Finalmente, la Sinfonía en Re mayor (1821) de Vorisek, que suele ser señalada como la primera sinfonía de relevancia surgida de un autor checo. El estilo fluctúa entre Beethoven y Schubert, e independiente de las comparaciones, con sus bien equilibrados cuatro movimientos, se sostiene tremendamente firme.

La OCCH ya sabe de defender repertorio menos conocido de aquellos tiempos (como las también beethovenianas sinfonías del francés Étienne Méhul), y bajo la dirección de Siffert, acá sonó como si fuera una injustamente relegada obra maestra del romanticismo temprano.

 

 

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