Luis Gnecco contó detalles de su participación en «El Presidente»: «Pude haber sido Grondona»
En conversación con Ciudadano ADN, el actor desclasificó anécdotas como un cambio de casting en la serie de Amazon sobre Sergio Jadue, y también sobre sus encuentros con Anthony Hopkins y Jonathan Price en la filmación de "Los dos papas", de Netflix.
AUDIO: Ciudadano ADN - Luis Gnecco contó detalles de su participación en "El Presidente": "Pude haber sido Grondona"
Luis Gnecco está en las pantallas de Amazon Prime Video con su interpretación del expresidente del fútbol colombiano Luis Bedoya en la serie «El Presidente», basada en la vida del controvertido exdirigente de la ANFP Sergio Jadue. El resultado lo dejó conforme, pese a «la polémica de si es apegada a la realidad o es ficción. Yo me lo tomo como ficción. No hay lugar para buscar la coherencia de la historia, funciona como ficción y como farsa», expresó el actor en conversación con Ciudadano ADN.
Incluso, según reveló, en los inicios del proyecto la serie estaba proyectada como un drama, pero «terminó teniendo estos elementos farsescos para aproximarse al público», aunque «le han valido críticas al director, pero para mí gusto es una operación interesante. Encuentro que tiene sus problemillas, pero me lo reservo, son una lata las opiniones técnicas en cosas de guión».
Aunque «a Jadue no le debe haber gustado nada», dice. «Este tipo de psicologías medias megalómanas siempre quieren quedar como reyes, y aquí queda medio ridículo. Y creo que es aun personaje que tiene mucho de ridículo».
Sobre las muy anunciadas querellas contra los creadores de la serie por parte de los retratados, como María Inés Facuse, Jorge Segovia y la familia de Julio Grondona, Gnecco asegura que «no creo que prosperen. Estamos hablando de una compañía como Amazon, no creo que hayan contratado un estudio legal cualquiera, antes de tener la intención de hacer la serie, esos aspectos legales ya los tienen zanjados».
Un tema que al actor ya le ha tocado en obras anteriores, como en las películas «El bosque de Karadima» o «Neruda», donde familiares del sacerdote y del detective que persigue al poeta, respectivamente, intentaron demandar. «Son cosas fácilmente desactivables con abogados medianamente expertos. Esto no es la vida real, es ficción. Francamente la patudez de la gente no tiene límites. Es tanto o más ridículo que lo que aparece en la serie».
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Mucho más le entusiasmó su roce con actores de la talla de Anthony Hopkins y Jonathan Price en el filme «Los dos papas», de Netflix. «Hopkins es un súper personaje. Un día Fernando Meirelles (director de la cinta) me dijo ‘tengo un problema porque Ratzinger me está quedando más simpático que Bergoglio cuando es al revés'», desclasificó Gnecco sobre los personajes que cada actor interpretó. Cuando Hopkins llegaba al estudio, contó, «todo el mundo lo aplaudía, y él empezaba a hacer chistes y cosas. No me mordió, es muy simpático». Price, en cambio, era «más tímido, introvertido, y quedaba un poco a la sombra».
Sin embargo, según relató, «es difícil entablar conversación con esos monstruos, aunque son personas muy sencillas, siempre están rodeados de asistentes y personas que los cuidan. Y te juro que para ellos es una lata, yo lo conversé con él (Hopkins). Frente a las cámaras, sin protección, me dijo ‘es una lata no hablar con nadie, me gustaría tener conversaciones honestas con los extras, con los técnicos, pero no se puede'».
Otro dato sabroso de «El Presidente» que Gnecco desclasificó tiene que ver con el casting: «pude haber sido Grondona», contó. «Armando Bó quedó fascinado con el trabajo que yo había hecho en ‘El Ángel’ y me dijo ‘quiero que tú seas Grondona’. Hicimos pruebas y todo salió bien, pero hubo dos problemas: primero, mi edad, en una película me pueden maquillar pero en una serie es caro y son todos los días cinco horas. Y lo otro, es que era efectivamente peligroso que un actor que no fuera argentino hiciera de un ícono. Ese como que viniera un actor argentino a hacer de Caszely o Salvador Allende. Armando se complicó un poco, pero me dijo ‘te quiero ofrecer este personaje que lo vamos a hacer crecer'».
El acento colombiano no revistió mayores complicaciones para Gnecco, que aseguró que es algo que «se hace en todas partes del mundo. Es parte del disfraz, de la máscara del actor». Por lo mismo, aplaude la interpretación de Andrés Parra, a quien calificó de «un genio, habla como chileno» y con quien tuvo una retroalimentación para lograr sus respectivos personajes. «Tuve un coach para el acento y que me daba los dichos, pero él (Parra) también me ayudó, me corregía cosas y me pedía consejos. Fue un trabajo bien interactivo».
Con varios proyectos detenidos producto de la pandemia, Gnecco espera el estreno de la película «Tengo miedo torero» y de la serie «La Jauría», también por Amazon, y de la que ya se planifica una segunda temporada. Además, tiene «un proyecto muy interesante con Fábula a final de año», sin dar mayores detalles, y algunos proyectos cinematográficos en Italia. «Mira donde elegí proyectar mi carrera internacional», reflexionó. Y también está haciendo teatro por Zoom, modalidad que le resultó «una sorpresa muy agradable».
Además, es parte del elenco de la teleserie «La torre de Mabel», de Canal 13, cuyas grabaciones se han visto interrumpidas por la crisis sanitaria. «Estamos tratando de retomar, si no grabamos no hay plata. Es todo un tema, pero hay que ser respetuoso. Somos privilegiados en poder respetar la cuarentena, hay gente que simplemente tiene que salir a trabajar», recordó.
También le merecen una opinión los fondos concursantes anunciados por el Gobierno para ayudar a los artistas, que en su criterio son «la lógica del mercado aplicada a la cultura». «Si hay poca plata o poca voluntad para ayudar a familias que necesitan comer, ¿qué plata va a haber para ayudar al mundo de la cultura? Eso ya es una delicatessen de las delicatessen, y en un país como este hay urgencias mayores. Aunque todo el mundo está viendo cosas en internet, leyendo, escuchando música, y eso te prueba que la cultura no es un bien tan suntuario, pero es la lógica. No soy muy bueno para luchar contra los molinos de viento. Es lo que hay, qué le vamos a hacer, es donde nacimos y habrá que arar con los bueyes que hay».