Enfermera que le ganó al coronavirus: «A la gente que no hace caso, yo los tendría una hora en urgencia para que vean a la gente ahogarse»
Ciudadano ADN conversó con Marianela Vargas, enfermera de la ex Posta Central, y una de las primeras contagiadas de coronavirus en Chile, que contó su dura experiencia tras 33 días hospitalizada y 13 días conectada a ventilación mecánica.


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AUDIO: Ciudadano ADN - La historia de una enfermera que estuvo 33 días hospitalizada y se recuperó de COVID-19: "Tengo la suerte de estar viva"
Marianela Vargas, enfermera del Hospital de Urgencia de la Asistencia Pública (ex Posta Central), fue una de las primeras contagiadas de coronavirus en nuestro país. Fue diagnosticada el 23 de marzo, luego de lo cual pasó 33 días hospitalizada y 13 días conectada a ventilación mecánica. Su primer diagnóstico fue de otitis. Sintió que iba a morir y, por sobre todo, sintió mucho miedo. Hoy, recuperada del Covid-19, contó su historia en Ciudadano ADN.
«Fue una experiencia que no me gustaría volver a vivir, ni me gustaría que nadie la tuviese que vivir. Lo pasas muy mal. Te sientes muy mal. Es una enfermedad que te mantiene muy sola porque estás en aislamiento completo, no tienes contacto con tu familia más que por el celular», contó.
Un nivel de gravedad de la enfermedad que, recordó Marianela, puede a cualquiera, dado el poco conocimiento que aún existe del virus SARS-CoV-2. «Este virus a una persona le puede afectar nada, a otra le puede dar un resfrío, y a otras como yo las puede poner en estado crítico. Yo tengo la suerte de estar viva».
«Y a este virus no hay medicamentos que lo detengan. Es tu sistema inmunológico. Según como estés inmunológicamente es como respondes a este virus. Las drogas solo te van a mantener sedada y tranquila en un procedimiento que es molesto y hasta doloroso». Por eso, insistió en que «hoy más que nunca, la única forma que tenemos de prevenir todo esto y que no siga aumentando es quedándonos en la casa. No logro entender a las personas que no hacen caso. No sé qué piensan, que son inmunes, que no les va a pasar porque son jóvenes, o porque son parte de una élite de políticos, o porque son médicos o enfermeras. A todos nos pasa».
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Hasta el día de hoy, Marianela no sabe cómo se contagió. Fue diagnosticada de otitis porque llegó con mucho dolor de oido. «Tuve una sintomatología diferente a lo que se espera de un paciente con Covid. Nunca tuve tos ni fiebre, pero sí vómitos explosivos y náuseas. Cosas que no se sabía que este virus provocaba, que se fueron descubriendo después». En la urgencia del Hospital El Carmen sospecharon de meningitis, por lo que le tomaron «todos los exámenes menos el de Covid. Cuando salieron buenos y descartaron la meningitis, recién ahí se me tomó el Covid y salió positivo».
Fue recién en ese momento cuando ingresó al hospital, a una sala de aislamiento. «Hasta ahí estaba bien, me sentía cansada y tenía dificultad respiratoria. Pero cuando me trasladaron a la UCI y corrían conmigo por los pasillos, ahí me asusté mucho. Cuando llegué a esa sala donde estuve intubada tenía mucho miedo. Tú sabes que una vez intubada ya no sabes más, porque estás sedada, dormida, ¿voy a despertar o no? ¿voy a salir de esto? Estuve varios días en que mi condición era de extrema gravedad», recordó.
La incomodidad de la ventilación mecánica complejizó la experiencia de Marianela. «La verdad no me porté muy bien en la UCI», reconoció. «además de estar intubada hice un delirio hiperactivo. Estás muy inquieto en tu periodo de intubación. Cuando comencé a salir de este respirador, porque te van bajando los niveles de a poquito, estaba absolutamente desorientada, tengo recuerdos muy vagos de lo que sentía». Le cuesta explicar con exactitud lo que sintió en ese momento: «Tenía mucha rabia de todo lo que estaba viviendo, no tenía alegría, no sabia lo que estaba pasando, desconocía a toda la gente que estaba allí. Fue terrible. En un minuto yo sentía que estaba secuestrada y que la gente que estaba ahí me quería hacer daño».
Recién al salir de la UCI pudo volver a tener contacto telefónico con su familia. «Me emocioné mucho. Quise verlos, abrazarlos. Querer darle un beso a mis hijos era un deseo tremendo que te nace del alma, y no poder hacerlo me causaba más dolor», recordó. Su familia vivió junto a ella la preocupación durante esas largas semanas. «Sufrieron mucho. Recibían información mía solo una vez al día, les hacían videollamadas, me mostraban. Fue un sufrimiento para ellos vivir esto día a día, no saber cómo amanecería hoy y tener que esperar que los llamaran para saber cómo estaba. Es tremendo. Hay que vivirlo para entenderlo». Por eso, insiste en que «a la gente que no hace caso, yo los tendría una hora en urgencia para que vean a la gente ahogarse. Porque eso es lo que te sucede, tú te ahogas».
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El invasivo procedimiento de ventilación mecánica tiene a Marianela con consecuencias hasta el día de hoy. «Fuera de las complicaciones que te pueden acarrear los relajantes y los sedantes, tienes problemas después con tus cuerdas vocales. Todavía siento que mi voz no es la que yo tenía», contó. Además de eso, «tienes que aprender a tomar agua, a alimentarte, porque te ahogas. Tu musculatura se debilita, una vez que te puedes levantar tienes que estar con kinesiólogo. Durante muchos días no puedes hacer cosas por ti solo. Yo ni siquiera tenía fuerzas para abrir la llave del lavamanos».
Hoy dice sentirse bien, aunque todavía falta que su pulmón derecho recupere su función completa, y debe seguir extremando cuidados para no contagiarse de algún virus respiratorio propio de esta época. «O de volver a recaer, porque no sabemos, todos vamos evolucionando de distintas formas. Yo no quiero salir de mi casa porque tengo mucho miedo de contagiarme de cualquier cosa», confesó. «Siento que voy a volver a estar en el hospital y volver a vivir lo mismo y de verdad me da mucho susto».
Después de lo traumático de la experiencia, Marianela cambió su escala de valores. «Lo pienso ahora, yo no me quería. Era trabajar y trabajar, siempre posponiéndome por los demás, en mi trabajo y en mi casa, con cosas que no eran ni tan importantes. Te cortabas las venas porque el aseo estuviera bien, porque la taza estaba encima del lavamanos, todo perfecto, y la vida es más que eso». Hoy, cuidada por su marido «que me da comida a cada rato» y agradeciendo no haber llegado a contagiar a ninguno de sus cercanos, pondera de forma mucho mayor «el valor de la vida, de tu familia, hasta de caminar. Cosas tan simples como tomarte una taza de té acompañada de tu marido y de tus hijos, de verdad es impagable. Valorar que puedes respirar, que tienes una cama, alimento, un trabajo, que puedes salir de vacaciones. Cuando lo haces rutinariamente no le das el valor que tiene. De todo lo malo puedes sacar algo bueno».
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Y mientras el sistema público de salud amenaza con el colapso, Marianela recuerda que, cuando se le detectó el virus, «tuve la suerte de que esto estaba recién comenzando. Fui una de las primeras contagiadas en la Posta Central, que es donde trabajo. Había muchos recursos todavía. Pero en este minuto no existen. Están habiendo muchas horas de espera, muchas hospitalizaciones en urgencia, escasez de camas criticas».
Pese a todas esas dificultades, el Hospital El Carmen cuenta con un servicio de seguimiento para los pacientes Covid, al igual que su municipalidad. «Te llama todos los días un médico y te pregunta cómo te sientes, si has tenido algún cambio». De hecho, durante algunos días Marianela tuvo fuertes accesos de tos, por lo que «la doctora me dijo que tenía que volver a urgencia del hospital para que me reevaluaran. Tuve mucho miedo y lloré mucho porque no quería volver», recordó, aunque la evaluación final fue positiva y no fue necesaria una nueva hospitalización. «Pero de verdad que estuve muy afectada, me fui llorando de la casa al hospital, allá me tranquilizaron».
Marianela insistió en hacer un llamado a la gente a que «por favor se cuide. No es tan difícil quedarse en casa, para muchos es una lata, sobre todo para los jóvenes. Antes decíamos que esto le pasaba a los mayores de tanto, pero ahora vemos gente muy joven que lo está pasando mal. No esperemos que mueran más», comparando esta enfermedad con la picadura de un alacrán, donde «estás muy bien y en cuestión de horas te descompones. Yo me descompensé en dos horas. Hay que extremar los cuidados, que no es nada difícil: lavado de manos, mascarilla y evitar salir lo más que se pueda».




