Después de casi cuatro décadas vuelve a sonar en Santiago la grandiosa Sinfonía «Fausto» de Franz Liszt
Obra que quedó en manos de la Filarmónica de Santiago y del director Roberto Rizzi-Brignoli.
El último concierto orquestal en el Municipal de Santiago se tituló Buscando a Goethe. El sentido del evento como una unidad estuvo dado por contemplar dos obras sobre textos del universal vate alemán, pero también por el uso del recurso de un actor-narrador (Alonso Torres), que intervino antes de cada pieza, conformando un gran díptico poético-sinfónico.
Pero el punto relevante de esta nueva fecha en el longevo recinto fue la inclusión de la Sinfonía Fausto de Franz Liszt (1811-1885), obra simplemente majestuosa, rica, profunda, y que no se escuchaba en Santiago desde 1986 (punto aparte, en Concepción se hizo hace seis años).
Estructurada en tres macizos movimientos que reflejan el carácter de los tres principales personajes de la obra de Goethe (Fausto, Margarita y Mefistófeles), la Orquesta Filarmónica de Santiago ofreció una interpretación de lujo, llena de brillo, gracias a la certera guía de su director titular, maestro Roberto Rizzi-Brignoli.
Los contrastes, las referencias temáticas cruzadas entre cada movimiento, la fuerza dramática, la melancolía (sobre todo en la parte de Margarita), y también la ironía, todo se configuró de la mejor manera posible.
En Chile se tiende asociar a Liszt más con su gigantesco aporte a la literatura pianística, y se tiende a pasar por alto su no menor legado en el ámbito sinfónico, de la cual esta partitura es un punto cúlmine. Y además nos refuerza la idea de un compositor pionero, que en sus últimos años empieza ya a anunciar lo que vendría después con Arnold Schönberg. De hecho, la sinfonía se inicia con una figura motívica que incluye los doce sonidos de la escala cromática.
El segmento final incluye a los hombres del Coro del Teatro Municipal (preparado por Jorge Klastornick y Alejandro Reyes), más la expresiva participación del tenor solista Pedro Espinoza, que llevó toda la obra, y todo el concierto completo, a un luminoso final.
En la primera parte se había escuchado la Rapsodia para contralto de Johannes Brahms (1833-1897), en que además del coro masculino, actuó la solista brasileña Ana Lucia Benedetti. Una pieza bastante más compacta, sirvió de bálsamo introductorio a lo que vendría después, pero en el mismo nivel artístico, gracias a la comunicativa interpretación de la solista, y el bien armado andamiaje coral y orquestal.
Este martes 16 de mayo queda una última función a las 19 horas.




