La guerra entre Uber y el taxi llega a Río de Janeiro
La capital carioca experimenta un "boom" en el transporte y genera polémica política.


El municipio, aliado de los más de 54.000 taxistas de Río de Janeiro (hay más taxis por persona que en Nueva York), intentó acabar con Uber, pero sin éxito.
Un juzgado emitió, hace casi un año, una orden provisional que impide que la administración multe a los conductores de Uber, decisión que el alcalde, Eduardo Paes, aún no ha conseguido volcar, pero el asunto será tema de campaña la electoral, el próximo mes de octubre.
El protegido y candidato de Paes, Pedro Paulo Carvalho, ya anunció su plan “como alcalde estaré contra Uber. Uber no funcionará en la ciudad de Río de Janeiro”, dijo en un vídeo abrazado a un taxista.
Aunque la compañía no divulgue más datos que los 10.000 conductores que había en todo el país a comienzos de año, el éxito de la aplicación puede comprobarse en cada esquina y en el enfado de los taxistas, que ya han protagonizado varias protestas salvajes en las que han parado la ciudad.
Los precios de los viajes con la aplicación son cerca de un 40% más baratos y sus conductores, de momento, superan en formas a sus colegas los taxistas, que aún no han entendido que su mayor enemigo no es la competencia, sino su mala reputación, en muchos casos merecida.




