Sarkozy anunció subida del IVA para después de las elecciones
Tengo una cita con los franceses, dijo, sin confirmar si será candidato. Sin embargo, Merkel anticipó la candidatura oficial del presidente al anunciar que le apoyará en algunos mítines.


Anoche, el presidente francés concedió una entrevista que fue televisada en directo por nueve canales. La idea no expresada era recordar a los franceses, aunque sin decirlo claramente, que se presentará a la reelección en las presidenciales del 22 de abril y 6 de mayo. La intención publicitada era presentar a los ciudadanos un plan de choque, el tercer gran ajuste económico, lleno de “medidas fuertes”. Al final, prudencia obliga, el plan quedó suavizado y, en gran parte, postergado.
Sarkozy justificó que hace falta tomar decisiones para “crecer, modernizarse, ganar competitividad y frenar las deslocalizaciones y la pérdida de empleos”. Citó como modelo de sus reformas las del excanciller socialista alemán Gerhard Schröder en 2005 (antes de perder las elecciones ante Angela Merkel).
Aunque empezó diciendo que los franceses “son lúcidos y sabrán apreciar que vivimos una crisis histórica”, casi todas las decisiones quedaron pospuestas para después de las elecciones, como la principal, el llamado IVA social.
Consiste en exonerar de las cotizaciones sociales a las empresas de más de 250 trabajadores, una vieja reivindicación de la patronal. El coste sería de 13.000 millones de euros, según calculó Sarkozy. Para compensar, el IVA actual pasará en efecto del 19,6% a un 21,2%, pero solo entrará en vigor a partir del 1 de octubre “para dar tiempo a arreglar los ordenadores”, dijo textualmente. En realidad, el aplazamiento parece forzoso porque los sondeos pintan cada vez peor. El candidato socialista, François Hollande, sigue en cabeza con un 31% de intención de voto frente al 25% del presidente saliente en la primera vuelta. Pero Sarkozy perdería por 20 puntos (60 a 40) en la segunda vuelta.
Poniendo siempre como ejemplo a Alemania, salvo al considerar la descentralización un disparate, Sarkozy prometió crear un banco de ayuda a la industria, que estará dotado con 1.000 millones de euros, y revisar la ley de las 35 horas, una conquista socialista que considera la raíz de todos los problemas de competitividad.
Este cambio sí sería revolucionario, porque permitiría a las empresas en apuros rebajar los salarios o dejarlos igual a cambio de que los empleados trabajen más, aunque rige también lo contrario: trabajar menos para mantener el nivel de empleo.
La incógnita de la noche era saber si Sarkozy se declararía por fin candidato, como le pide insistentemente Hollande y desea el 50% de la población. Aunque la junta electoral decidió descontarle la hora de la entrevista del tiempo de televisión que se concede a los aspirantes, Sarkozy no cejó: “No puedo poner al país en la situación de tener un presidente-candidato”, dijo. “Soy el jefe del Estado y tengo mis obligaciones. La agitación no me hará cambiar el calendario”. Aunque añadió: “Tengo una cita con los franceses, y no fallaré. ¿Mi estado de ánimo? Gran determinación”.
Irónicamente, la confirmación de la candidatura llegó, puntual, desde Alemania. El sábado, en París, el número dos de Angela Merkel en la CDU, Herman Gröhe, aseguró que “Sarkozy es el hombre ideal para estar en el Elíseo ahora y en el futuro”, y anunció que la canciller hará campaña con él.




