Fuerzas rebeldes y tropas del régimen sirio combaten en los suburbios de Damasco
El régimen de Bachar el Asad decidió resistir hasta el final, pese a las presiones de la Liga Árabe, que pide abiertamente la renuncia del presidente y la creación de un Gobierno de unidad.


Las tropas de Bachar el Asad lanzaron una ofensiva para reconquistar los suburbios de Damasco y se combate a apenas tres kilómetros de la capital. La ciudad no está bajo asedio, pero la enorme superioridad del Ejército sirio sobre las milicias de la oposición ha sido hasta ahora insuficiente para sofocar una revuelta que surgió hace casi un año en Daraa, una población remota, y se extendió ya a casi todo el país.
La violencia experimentó un rápido incremento durante la última semana. La Liga Árabe suspendió el sábado la misión de sus observadores, porque consideró que los riesgos resultaban excesivos. También la ONU dejó de contabilizar las víctimas del conflicto en diciembre, cuando se llegó a las 5.000, dada la imposibilidad de verificar datos.
El Ejército, confeccionado a medida por la minoría alauí a la que pertenece la familia El Asad (se calcula que el 80% de los altos oficiales pertenecen a dicha rama del chiísmo), empieza a dar muestras de fatiga tras meses de despliegue ininterrumpido. El uso de artillería y tanques en zonas urbanas sólo ha exacerbado las protestas y estimulado el uso de las armas por parte de grupos opositores.
El régimen de Bachar el Asad decidió resistir hasta el final, pese a las presiones de la Liga Árabe, que pide abiertamente la renuncia del presidente y la creación de un Gobierno de unidad. Amplios sectores de la población, entre los que destacan las minorías alauí y cristiana, respaldan al presidente. Alauíes y cristianos temen la venganza de los suníes si cae el régimen, y sus temores se refuerzan por las amenazas contra las minorías que se escuchan, cada vez con más frecuencia, en algunos ámbitos de la oposición.
El secretario general de la Liga Árabe, Nabil Elaraby, viajó ayer a Nueva York. El martes intentará convencer al Consejo de Seguridad de la ONU (en el que Rusia y China defienden a El Asad) de la necesidad de emitir una resolución inspirada en el plan de paz de la Liga Árabe. Nadie está a favor, sin embargo, de una intervención militar internacional en Siria, por lo que una hipotética resolución de condena a Bachar el Asad no tendría otra fuerza que la moral. Es decir, podría ser ignorada por el Gobierno de Damasco, ya sometido.




