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Cazsely y Vasconcelos: Tirando paredes en cuarentena

De primera y sin mirar, los ex cracks albos recomendaron series, libros y partidos en televisión abierta. Son los días en casa de Carlos Humberto Caszely y Severino Vasconcelos.

Por Nacho Abarca

Si realizamos el ejercicio de retroceder la cinta de nuestra memoria emotiva futbolera sobre las grandes duplas que ha tenido el fútbol mundial es probable que se venga a la mente el binomio “Za-Sa”, conformado por Iván Zamorano y Marcelo Salas –qué llevó a Chile al mundial de Francia con un record de goles en las clasificatorias– o el de Rivaldo y Ronaldo que con 13 goles le dio el pentacampeonato a Brasil en 2002.

En nuestras canchas no son pocas las sociedades que llevaron a sus equipos a anotar gran cantidad de goles y dar vueltas olímpicas. El mítico Ballet Azul tuvo la suya en los años 60 con Leonel Sánchez y Carlos Campos. También Universidad Católica, donde Néstor Gorosito y Alberto Acosta marcaron 153 goles en 2 años.

Para las generaciones que superan los 45 años, en Colo Colo hubo una dupla imborrable. Letal. La que conformaron el Rey del Metro Cuadrado, Carlos Humberto Caszely (69) y el popular Vasco, Severino Vasconcelos (66). Un dúo inolvidable al que los hinchas albos le crearon una canción que retumbaba cada domingo en el estadio Nacional. Un privilegio de pocos.

Después de largos días de confinamiento, la dupla de oro de Colo Colo en los años ochenta comparte su experiencia con ADN. 

  • ¿Cómo han sobrellevado la cuarentena considerando que ambos están en el grupo de riesgo?

CC: Encerrado como corresponde. Llevo tres semanas en la casa, sin salir a ningún lado, cumpliendo y haciendo caso a todas las recomendaciones. A quién puedo le recalco que esto es grave, que hay que tomarlo en serio. Por lo mismo, no tolero la irresponsabilidad de un porcentaje de la juventud que no sabe que es portador de la enfermedad. Si esa gente no se cuida pude contagiar peligrosamente a sus padres, abuelos, hermanos y niños en general.

SV: Igual que Carlitos. Cumplí tres semanas en cuarentena. Coincido en que hay que ser responsable y cuidarse. Por favor, quédense en la casa. No salgan a menos que sea algo demasiado urgente. La gente mayor que ha sido contagiada muere en un par de días. Es tremendo este virus. Es altamente mortal para el grupo de riesgo.

  • ¿Qué rutina han llevado estas tres semanas?

CC: Aparte de lavar platos y hacer pan amasado, con mi señora nos levantamos y tomamos desayuno. Después leo un poco y hacemos ejercicio. Pero no vayas a creer que bajé la guata. Para nada (ríe). Me mantengo. Por la tarde, almorzamos y nos ponemos a ver una serie que se llama El Final del Paraíso que nos tiene muy metidos y recomiendo. Además, sugiero lean el libro La chica que amaba a Honorino Landa, de Reinaldo Marchant.

SV: He buscado distintas formas de distracción, pero siento que es la oportunidad para que los canales chilenos puedan dar partidos del recuerdo. No digo enteros. Resúmenes. Así las nuevas generaciones podrían conocer a quienes jugamos años atrás y que, de una u otra manera, le entregamos algo al fútbol chileno. ¿Se imaginan si dieran todos los goles que hicimos con Carlitos? (ríe) 

  • En muchas duplas memorables quedó la idea de que uno era el talentoso y el otro hacía el trabajo sucio. Acá no era el caso.

CC: Exacto porque si bien fui yo el que hizo más goles, el Negro era un mediocampista que pisaba mucho el área rival. Fíjate que hizo varios goles de tiro libre, de cabeza al segundo palo, pero también convirtió mucho en esas típicas paredes que hacíamos de dos o tres toques. Si él estaba en una mejor posición yo se la daba y al revés. No había egoísmo en ese sentido.

SV: Es verdad porque con Carlitos llegamos a jugar de memoria. Nos mirábamos y sabíamos qué iba a hacer el otro. Hice 132 goles, lo que para un mediocampista no es tan malo. La clave de que seamos tan recordados es que fuimos muy solidarios el uno con el otro.

  • Fueron inseparables en Colo Colo entre 1979 y 1985 pero pocos recuerdan su paso por Ecuador en 1986.

CC: Sí, nos juntamos en Guayaquil. Uno de los motivos para que Luis Santibáñez me convenciera fue precisamente que Vasco estuviera allá. El guatón viajó desde Ecuador, tocó el timbre de mi casa y me empezó a describir todas las bondades que tenía Barcelona. Le dije que ya no quería más, que estaba retirado, pero me sedujo volver a jugar la Copa Libertadores y qué mejor que al lado del negro.  

SV: Fui el primero en llegar a Barcelona. Me llevó Antonio Ferreira, un técnico brasileño. Un día me preguntó si conocía un nueve bueno y le dije, claro, que conocía a uno muy bueno, y le di el nombre de Carlitos. Después el club contrató a Luis Santibáñez. No fueron muchos partidos los que jugó el chino en Barcelona, tienen que haber sido unos 14 o 15.

  • ¿Recuerdan ese primer partido en Barcelona?

CC: Claro que sí. Mi primer gol en Barcelona fue ante Deportivo Quito y justamente tras una pared con el Vasco. Después por la Copa Libertadores en un partido ante un equipo brasileño el Negro hizo un gol tras un centro mío.

SV: Sí, de todas maneras, pero como te decía antes, fue poquito el tiempo que jugamos en Ecuador comparado con las siete temporadas que vivimos en Colo Colo. Ahí hicimos nuestra historia y anotamos más de 430 goles. Una locura. Claro que la gran mayoría fueron de Carlitos. En Ecuador no marcamos tanto en sociedad.

  • ¿Qué les parece la magnitud de la emergencia sanitaria en Ecuador?

CC: Una pena, tengo mucho aprecio por el pueblo ecuatoriano y también amigos en ese país. Por lo visto, la situación más grave está en Guayaquil. En otras ciudades el brote no está tan descontrolado. Lamento que Ecuador sea el país más complicado en América Latina.

SV: Sí, me causa una profunda tristeza. Tengo grandes recuerdos del país. Barcelona es de Guayaquil y esa ciudad ha sido muy golpeada. Uno ve imágenes impactantes que ojalá acá no se produzcan nunca. Solo queda esperar que la situación mejore, la curva se aplane y vayamos dejando atrás esta pesadilla.

  • Una última pared desde sus lugares de cuarentena, ¿puede ser? 

CC: Bueno, él lo sabe. Solo tengo buenos recuerdos del Negro. Le pido que se cuide mucho, que siga bien, más aún que su edad siempre ha sido un misterio… (ríe)

SV: Yo igual, guardo con mucho cariño todos los buenos momentos que tuvimos con Carlitos. Él se está cuidando y tiene que hacerlo. Es mucho mayor que yo… (ríe de vuelta)

El Chino y el Vasco siguen unidos de una u otra manera. Ayer fue en la cancha, hoy persuadiendo a la gente mayor y a quién quiera escucharlos de tomar conciencia por la crisis sanitaria. Ambos cierran la nota con una sonrisa, la misma que le sacaron a miles y miles de colocolinos a fines de los 70 y comienzos de los 80.

 

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