Del luto a la celebración: cómo el Día de Muertos mexicano transforma la forma de recordar a los difuntos en Chile
Entre visitas a los cementerios, altares familiares y fotografías, la celebración mexicana gana espacio en el país. La influencia de la cultura popular y de la comunidad mexicana ha impulsado nuevas formas de homenajear a los seres queridos, incluso a las mascotas.

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Durante décadas, el 1 de noviembre en Chile ha estado marcado por una imagen reconocible, familias que llegan a los cementerios con flores frescas, limpian las tumbas de sus seres queridos y dedican un momento al silencio y la oración.
Una jornada asociada al recogimiento y a la tradición católica que, sin desaparecer, hoy convive con nuevas formas de entender la muerte y mantener viva la memoria, pero con sobriedad y lo que en nuestra cultura se entiende como respeto.

Familiares visitan a sus fallecidos en el cementerio Santa Inés. FOTO: SEBASTIAN RIOS MORALES/AGENCIAUNO / SEBASTIAN RIOS

Familiares visitan a sus fallecidos en el cementerio Santa Inés. FOTO: SEBASTIAN RIOS MORALES/AGENCIAUNO / SEBASTIAN RIOS
Entre disfraces de Halloween, visitas a los cementerios y altares llenos de fotografías, colores y recuerdos, la conmemoración de los difuntos ha comenzado a incorporar elementos del Día de Muertos mexicano, presentando en un verdadero contraste con el negro habitual de nuestro luto.
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Una celebración que propone una relación distinta con la ausencia: no solo llorar a quienes ya no están, sino recordarlos a través de sus gustos, sus historias y aquello que los hizo únicos.
Cómo explico en una entrevista el afamado director de cine mexicano, Guillermo del Toro: “Nadie ama la vida más que nosotros, en cierto modo, porque somos muy conscientes de la muerte. Así que lo precioso de la vida radica en estar lado a lado con ese único destino al que todos vamos”.
En esa transformación también han influido la circulación de contenidos culturales, la película Coco y la presencia de la comunidad mexicana en Chile. Pero la tradición no se queda únicamente en las pantallas, cada vez hay más personas que buscan llevarla a sus hogares, incluso para homenajear a sus mascotas.

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“Honrar y estar juntos”
Ese fue el caso de Josefa García, quien compartió en redes sociales la creación de un altar para su perro Joe. El animal vivió casi 21 años junto a ella, quien actualmente tiene 26, por lo que fue parte de prácticamente toda su vida.
“Yo literalmente crecí con él”, cuentó. Joe la acompañó en distintas etapas, desde su salida del colegio y su ingreso a la universidad hasta los momentos de tristeza. “Cuando tenía pena, él se acostaba conmigo. Cuando estaba sentada estudiando, él estaba conmigo”, recordó.
Por eso, su partida significó mucho más que despedirse de una mascota. “Siento que perdí a parte de la familia”, explicó, al plantear que el dolor por la muerte de un animal todavía no recibe el mismo reconocimiento social que el duelo por un familiar humano.
Para Josefa, instalar el altar fue una manera de darle un espacio a esa pena y honrar el vínculo que construyó con su perro. También se acercó a la tradición con respeto por su origen mexicano. “Fue súper bonito honrarlo en familia, acordarnos de él, de lo que hacía, estar juntos al lado de él”, relató sobre una experiencia que vivió por primera vez.
Una tradición que cruza fronteras
La experiencia de Josefa coincide con lo que han observado creadoras de contenido mexicanas que viven en Chile y comparten en redes cómo construir un altar de muertos lejos de su país.
Anabella Picazzo, conocida como jarochita.en.chile, dijo que uno de los principales desafíos ha sido encontrar los elementos tradicionales. La flor de cempasúchil, reconocible por su intenso color naranja y su aroma, es uno de los más difíciles de conseguir. También ha debido buscar alternativas para reemplazar el copal, una resina vegetal utilizada en las ofrendas.
“Se trata de un poquito de ingenio y un poquito de suerte el encontrar los elementos para armar el altar”, comentó. Pese a las dificultades, destaca la recepción que ha tenido la costumbre entre los chilenos y el interés de quienes buscan aprender a reproducirla sin faltar el respeto a la cultura mexicana.
Picazzo recuerda que desde niña participaba en la elaboración de altares en su escuela, una experiencia que hoy busca compartir con su familia chilena y su comunidad digital.
Para ella, el sentido de esta celebración está en recordar desde la felicidad y no únicamente desde la tristeza. “Lo importante de las tradiciones es mantenerlas vivas y, para mantenerlas vivas, se tienen que adaptar a estos tiempos modernos”, sostuvo.
Una mirada similar comparte Ely Enchilada, quien describe la experiencia de armar el altar lejos de México como una mezcla de nostalgia y alegría. Aunque reconoce que las flores de cempasúchil siguen siendo difíciles de conseguir frescas, destaca que actualmente existe mayor disponibilidad de productos mexicanos y emprendimientos locales que elaboran pan de muerto.
“La gente en Chile entiende cada vez más el verdadero sentido del Día de Muertos, que no es algo triste ni enfocado en el miedo, sino una celebración de la vida y el recuerdo de nuestros seres queridos”, afirma.
Del hogar a los espacios públicos
Este intercambio cultural también comienza a ocupar espacios colectivos. La celebración del Día de Muertos ya no se limita a los altares domésticos, municipios e instituciones culturales han incorporado actividades que acercan al público chileno a esta tradición.
En Las Condes, la Corporación Cultural, con el patrocinio de la Embajada de México en Chile, realizará una nueva edición de la celebración en el Parque Santa Rosa de Apoquindo, los días 31 de octubre y 1 de noviembre. La programación contempla música, bailes, pasacalles, gastronomía mexicana y un altar a cargo de El Tianguis. Los asistentes también podrán llevar fotografías de sus seres queridos para incorporarlas a la ofrenda.
La memoria tendrá, además, un significado particular en el Estadio Nacional. Este viernes 30 de octubre, a las 17:00 horas, la Embajada de México inaugurará un altar de Día de Muertos en la Escotilla 8, dedicado a las víctimas del estadio y a quienes perdieron la vida o continúan desaparecidos como consecuencia de la violencia de Estado.
Con esto, entre las fotografías familiares, las flores difíciles de encontrar y las ofrendas levantadas en espacios públicos, la tradición mexicana encuentra nuevas formas de expresión en Chile. No reemplaza necesariamente los ritos locales, sino que dialoga con ellos y abre otras posibilidades para vivir el recuerdo.

Nelson Quiroz
Periodista digital en Radio ADN, especializado en actualidad, política, cultura y contenidos SEO para...




