A 40 años de “Pateando Piedras”: Las insólitas anécdotas desclasificadas por Miguel Tapia
El cofundador de Los Prisioneros revive los momentos inéditos que marcaron la grabación del álbum que revolucionó el rock chileno, desde el uso de teclados domésticos hasta balones de gas en el estudio y transformadores de voltaje en sus giras.

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A cuatro décadas de su lanzamiento el 15 de septiembre de 1986, el álbum Pateando Piedras de Los Prisioneros se consagra como un hito imprescindible de la música chilena. En una conversación especial para el podcast Cuerdas al Aire, conducido por Leo Honores, el baterista y fundador Miguel Tapia recordó el drástico giro estético que vivió la agrupación al transicionar del punk crudo a los sintetizadores y secuenciadores. “Fue un antes y un después en ser venir de ser una banda punketa, muy punketa... y después de dos años pasar a hacer como unos New Order o unos Bronski Beat o Depeche Mode, fue un cambio muy brusco”, afirma Tapia sobre aquel salto sonoro.
Aquella marcada conciencia social estuvo cruzada por las limitaciones económicas que enfrentaron al momento de producir el material. Mientras agrupaciones de la época con mayor presupuesto contaban con el cotizado sintetizador profesional Yamaha DX7, Los Prisioneros debieron recurrir a alternativas populares. “Nosotros no teníamos dinero para eso y optamos por comprar lo que teníamos al alcance de la mano y fuimos tal vez a la Casa Amarilla y compramos teclados Casio, típico teclado Casio que cualquiera tenía en la casa”, detalla el baterista sobre el aprendizaje autodidacta que definió la maqueta inicial del disco.
La creatividad frente a la precariedad también se trasladó a las sesiones de estudio y a las exigencias de las presentaciones en vivo. Motivados por la cesantía familiar y por la corriente industrial británica, en “Muevan las industrias” decidieron experimentar con objetos cotidianos. Tapia explica que “fueron balones de gas que golpeamos, que después sampleamos... y le bajamos el pitch o le subíamos el pitch” para construir la percusión metálica del tema.
Mira el capítulo especial de “Cuerdas al aire” aquí:
En este proceso de innovación sonora, varios elementos emblemáticos nacieron de hallazgos fortuitos y la colaboración con otros artistas de la escena. El recordado ladrido de perro que antecede a “El baile de los que sobran” surgió tras un encuentro con Coti Aboitiz, integrante de Aparato Raro, quien les regaló un conjunto de disquetes con archivos de audio.
“Fuimos con Jorge a buscar para sacar sonido y en eso venían timbales, venía el perro, el baile y ahí nosotros le echamos mano al perro”, destaca Miguel Tapia sobre la génesis del efecto que terminó inmortalizándose en la cultura popular.
La mezcla de influencias británicas como Depeche Mode y la fuerte carga narrativa de la lírica convirtieron al tema en un himno intergeneracional, al punto que el baterista asegura que “a los primeros acordes, el público de toda Latinoamérica lo canta de una”.
Junto al discurso social bailable, el álbum reservó espacios para pasajes oscuros e introspectivos que revelaron la madurez musical del trío. La atmósfera sombría de “Estar solo” fue concebida como un tributo directo a la banda británica The Cure, específicamente a su producción *Pornography*.
Además, al preparar el show conmemorativo del aniversario Tapia recuerda que pudo revisar en detalle el trabajo de su compañero de banda, Claudio Narea, en las pistas originales del álbum: “Escuché la guitarra de Narea y, está súper buena... éramos una banda que estábamos totalmente enchufados en lo que estábamos haciendo”.
El armado final del repertorio conllevó tensiones creativas y una postura crítica frente a la industria musical de los años 80. Tapia relata que debió convencer a Jorge González para grabar “Una mujer que no llame la atención”, tema que inicialmente el vocalista no deseaba incluir pero que se sumó para completar diez pistas.
Finalmente, sobre la identidad conceptual de *Pateando Piedras*, Tapia recuerda que brotó del tránsito cotidiano de seis compañeros de liceo por la Gran Avenida de San Miguel, grupo que integraban los tres integrantes junto a amigos cercanos. En “Cuerdas al aire”, el baterista de Los Prisioneros relató cómo nació la expresión que le dio título al disco: “En una de esas caminatas por Gran Avenida yo le digo a los chicos: ‘ya, en la tarde nos juntamos nuevamente, nos juntamos a patear piedras’, en el fondo a nada... con todas las ilusiones, con todas las incertidumbres de jóvenes adolescentes”. Esta sensación de tedio e incertidumbre quedó retratada sonoramente en diez canciones que sellaron el legado histórico de un trabajo fundamental de la música chilena.

Juan Carlos Castillo
Periodista chileno y editor web de ADN.CL, especializado en contingencia nacional, fútbol, anime y lucha...




