¿Ataque de pánico o infarto? La clave de una experta para reconocer la diferencia antes de ir a urgencias
Palpitaciones, opresión en el pecho y temor a perder el control suelen confundirse con una emergencia cardiaca.
Crisis de pánico
Palpitaciones aceleradas, dificultad para respirar, mareos, opresión en el pecho y una sensación inminente de que algo terrible ocurrirá.
Para muchas personas, estos síntomas son motivo suficiente para acudir a un servicio de urgencia creyendo que enfrentan una falla cardiaca.
Sin embargo, en numerosos casos el diagnóstico corresponde a un ataque de pánico, una experiencia intensa que suele confundirse con la ansiedad generalizada, a pesar de que responden a dinámicas muy distintas.
Revisa también
“La ansiedad suele aparecer de manera gradual y mantenerse durante un período más prolongado, mientras que el ataque de pánico surge de forma abrupta, alcanza su máxima intensidad en pocos minutos y genera una sensación inmediata de peligro”, explica María José Jeldres, psicóloga y docente de ADIPA.
Según la especialista, aunque ambos cuadros comparten manifestaciones físicas, durante un ataque de pánico la persona puede llegar a creer que está sufriendo un infarto, que dejará de respirar o que perderá el control de forma definitiva, incluso en ausencia de una amenaza real.
No obstante, Jeldres enfatiza que, al experimentar estos síntomas por primera vez, es fundamental realizar una evaluación médica para descartar causas físicas antes de asumir que se trata de un origen psicológico.
Cómo abordar un ataque de pánico en curso
Uno de los errores más frecuentes frente a una crisis es intentar luchar contra las sensaciones físicas para eliminar de inmediato el malestar, estrategia que suele acrecentar el miedo y prolongar el episodio.
Para disminuir la intensidad de una crisis, la docente de ADIPA sugiere:
- Regular la respiración: Ejecutar inhalaciones y exhalaciones lentas y suaves.
- Buscar un espacio seguro: Ubicarse en un entorno tranquilo y, de ser posible, estar acompañado.
- Anclaje al presente: Aplicar la técnica de los cinco sentidos (identificar objetos, sonidos o texturas del entorno inmediato).
- Autoinstrucciones tranquilizadoras: Recordar que, aunque angustiante, la crisis alcanza un punto máximo y luego decrece de forma natural, repitiéndose frases como “Esto es ansiedad, va a pasar”.
Evitar el abordaje de crisis recurrentes o de una ansiedad desmedida genera un fenómeno de aislamiento progresivo, donde la persona restringe cada vez más sus espacios de desarrollo por temor a repetir la experiencia.
Finalmente, Jeldres aclara que la meta de la terapia no es erradicar la ansiedad del espectro emocional: “La salud mental no consiste en eliminar las emociones difíciles, sino en desarrollar herramientas para relacionarnos con ellas de una forma que no limite nuestra vida”.