Qué es y cómo funciona el CAT: la posición sexual que genera más orgasmos femeninos según la ciencia
Hace casi cuarenta años un psicoterapeuta descubrió que bastaba mover el cuerpo unos centímetros para cambiar una postura sexual clásica. Hoy, varios estudios explican por qué aquel pequeño ajuste sigue dando que hablar.
Qué es y cómo funciona el CAT: la posición sexual que genera más orgasmos femeninos según la ciencia / Colin Anderson Productions pty l
Existe un problema que la ciencia del sexo lleva décadas intentando resolver. Lo llaman la brecha del orgasmo y afecta sobre todo a las parejas heterosexuales.
Un estudio publicado en 2017 en Archives of Sexual Behavior lo resumía con una cifra difícil de ignorar. El 95 % de los hombres heterosexuales afirmaba llegar al orgasmo de forma habitual durante las relaciones sexuales. Entre las mujeres heterosexuales, la cifra se desplomaba hasta el 65 %. Lo llamativo es que el porcentaje volvía a subir entre las mujeres lesbianas, que alcanzaban un 86 %, una cifra mucho más cercana a la de los hombres que a la de las mujeres heterosexuales.
¿Qué explica esta brecha?
Parte de la explicación podría encontrarse en una de las posturas más habituales: el misionero, que sigue siendo el gran clásico del sexo heterosexual, aunque también arrastra una reputación de rutina y monotonía.
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Pero lo realmente llamativo no es que resulte aburrido para algunos, sino que tampoco parece especialmente eficaz. En un artículo para Psychology Today, el divulgador especializado en sexualidad Michael Castleman recoge estudios según los cuales apenas una de cada cuatro mujeres alcanza el orgasmo de forma sistemática en la postura del misionero, independientemente del tamaño del pene o de la duración del encuentro.
La respuesta tiene más que ver con la anatomía. En el misionero tradicional, el pene rara vez estimula directamente el clítoris, el principal órgano relacionado con el orgasmo femenino. Si esa zona apenas recibe fricción, es menos probable que se alcance el orgasmo únicamente mediante la penetración.
Un pequeño cambio, una gran diferencia
Hasta aquí, todo suena poco esperanzador. Pero hay una buena noticia. Desde hace casi cuarenta años varios investigadores y terapeutas sexuales vienen hablando de un pequeño ajuste que modifica la mecánica del misionero.
Ese cambio se conoce como técnica de alineación coital o CAT, por sus siglas en inglés. Su sobrenombre es bastante menos elegante. En inglés la llaman grinding the corn, algo así como “moler el maíz”, y la imagen describe sorprendentemente bien el movimiento.
La CAT no nació en TikTok ni en ningún foro de internet. La inventó el psicoterapeuta estadounidense Edward Eichel en 1988, y en su momento causó bastante revuelo: artículos, un libro entero (The Perfect Fit) y una ola de atención mediática que, según recoge Castleman, se apagó casi tan rápido como llegó. Para los noventa, ya era poco más que una nota al pie en la sexología estadounidense.
Sin embargo, el interés científico no desapareció del todo. Aunque dejó de recibir atención mediática, la técnica siguió poniéndose a prueba en distintos estudios.
En un estudio realizado con mujeres que no conseguían llegar al orgasmo practicando el misionero convencional, quienes aprendieron la técnica CAT aumentaron la frecuencia de sus orgasmos un 56 %. En comparación, entre las participantes que únicamente realizaron ejercicios de masturbación guiada, la mejora fue del 27 %, según los estudios citados por Castleman en Psychology Today.
Así se practica la técnica
En la práctica, el cambio es mucho más sencillo de lo que sugiere el nombre. En lugar de colocarse exactamente frente a frente, quien está encima adelanta el cuerpo unos centímetros hasta que su pecho queda aproximadamente a la altura del hombro de la otra persona. Ese pequeño desplazamiento favorece que la base del pene roce el clítoris durante el movimiento.
Y ese detalle cambia las reglas del juego.
En vez de buscar una penetración repetida, la prioridad pasa a ser mantener el contacto entre las pelvis mediante un movimiento más corto, continuo y casi circular, en el que la fricción adquiere todo el protagonismo.
El terapeuta sexual Ian Kerner lo resume de forma sencilla para Women’s Health. No hace falta necesariamente una penetración especialmente profunda. Lo importante, asegura Kerner, es mantener una presión constante sobre el clítoris.
Para facilitar ese contacto, algunos especialistas recomiendan meter una almohada bajo las caderas de quien está debajo para mejorar el ángulo, una sugerencia que coincide con un pequeño estudio de la revista Sexologies, recogido por IFLScience.
Ahí, los autores midieron el flujo sanguíneo en el clítoris en cinco posturas distintas y encontraron que el misionero con almohada bajo la pelvis producía el mayor aumento, mientras que la penetración por detrás se quedaba última en la tabla.
Ahora bien, en el caso de este estudio conviene no sacar conclusiones precipitadas. El propio trabajo reconoce limitaciones importantes. Solo participó una pareja heterosexual, así que los resultados no pueden extrapolarse al conjunto de la población. Además, los investigadores no midieron orgasmos. Únicamente analizaron el flujo sanguíneo como indicador de excitación.
Aun con esas limitaciones, la idea de fondo coincide con lo que apuntan el resto de estudios y especialistas citados: para muchas mujeres, la penetración por sí sola no proporciona la estimulación necesaria para alcanzar el orgasmo.
Precisamente por eso, la técnica de alineación coital no consiste en una postura rígida, sino en adaptar el contacto y el ángulo para favorecer esa estimulación. Ian Kerner explicó a Women’s Health que no existe una única forma correcta de practicarla. En algunos casos basta con una penetración superficial y un ángulo cercano a los 90 grados respecto al clítoris. En otros funciona mejor una penetración más profunda.
Variantes y consejos finales
La técnica también admite adaptaciones. No depende necesariamente de un pene. Puede practicarse con un arnés y también entre personas con vulva. En ese caso, la sexóloga Gigi Engle propone colocar un muslo entre las piernas de la pareja para generar fricción sobre el hueso púbico.
Los especialistas añaden otros pequeños ajustes que pueden marcar diferencias. Apretar los muslos para aumentar la presión, rodear la cintura de la pareja con las piernas para sincronizar el movimiento o incorporar un anillo vibrador son algunos de ellos.
Y hay una recomendación que aparece prácticamente en todas las guías. Hablar. Decir qué funciona, qué no y corregir sobre la marcha –sin perder de vista las señales que va dando el cuerpo durante el encuentro– suele ser bastante más útil que confiar en que la otra persona adivine el camino.
Cada cuerpo es diferente
Al final, la técnica CAT no es una fórmula mágica ni funciona igual para todos los cuerpos. La terapeuta Georgina Vass recuerda en VICE que habrá personas para las que simplemente no funcione, por mucha práctica que acumulen. En esos casos no pasa absolutamente nada por volver al misionero de toda la vida y añadir estimulación manual del clítoris.
Lo interesante es que, después de casi cuatro décadas de estudios dispersos, la conclusión sigue siendo la misma. A veces la diferencia entre una relación frustrante y una mucho más placentera no depende de probar una postura extravagante. Basta con mover el cuerpo unos pocos centímetros.