Directores de “El beso de Rock Hudson” y la memoria en el escenario: “La TV fue la que narró y creó el estigma del VIH”
La nueva obra del Colectivo La Comuna, actualmente en GAM, utiliza testimonios reales, archivos y referencias a la cultura pop para reflexionar sobre el VIH/Sida, los estigmas construidos por los medios y la importancia de preservar una memoria que, advierten sus creadores, sigue estando en disputa.
GAM / FranRaz
A partir de testimonios de personas que viven con VIH, activistas, familiares y comunidades vinculadas a la respuesta frente a la pandemia, El beso de Rock Hudson busca instalar una conversación que, para sus codirectores Diego Agurto y Santiago Rodríguez, continúa siendo urgente.
La obra, que actualmente se presenta en el Centro Cultural GAM, nació como una extensión de la investigación realizada para El Ritmo de la Noche, montaje centrado en las experiencias de personas LGBTIQ+ sobrevivientes de la dictadura.
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Durante ese proceso aparecieron relatos sobre el VIH/Sida que terminaron convirtiéndose en una nueva investigación artística.
“Nos quedamos al debe con el material sobre VIH. Entonces decidimos continuar esa investigación entrevistando a activistas, familiares y personas viviendo con VIH. A eso se sumaron talleres comunitarios y archivos que hoy forman parte de la obra”, explicó Agurto.
Uno de los elementos más llamativos del montaje es la utilización de la figura del actor estadounidense Rock Hudson, cuya muerte en 1985 marcó un punto de inflexión en la visibilización mundial del VIH.
Según Rodríguez, el título permite conectar la historia local con el impacto que tuvieron los medios de comunicación en la construcción del imaginario sobre la enfermedad. “La televisión fue la que narró la pandemia para gran parte de la población. Tomamos esa estética para volver a contar la historia desde otro lugar y cuestionar los prejuicios que todavía persisten”, señaló.
“Las vidas detrás de la palabra VIH”
Más que centrarse en aspectos médicos, la obra pone el foco en las experiencias humanas detrás del diagnóstico. “Hay relatos de amor, deseo, sexo, familias, cuidado y también humor. Queríamos alejarnos de la mirada exclusivamente clínica y mostrar las vidas que existen detrás de la palabra VIH”, sostuvo Rodríguez.
Para Agurto, uno de los aprendizajes más importantes del proceso fue comprender que los derechos conquistados no son permanentes. “Que hoy exista acceso universal al tratamiento no fue un regalo. Fue una pelea de activistas, organizaciones y personas que incluso murieron esperando respuestas. Es una memoria que debemos mantener viva”, afirmó.
Ambos coinciden en que el teatro puede transformarse en un espacio de encuentro y conversación. “Lo más valioso ha sido ver cómo las personas se reúnen a hablar, a escucharse y a compartir experiencias que muchas veces permanecen ocultas por el estigma”, reflexionó Rodríguez.
En tiempos donde los discursos de exclusión vuelven a instalarse en el debate público, los creadores creen que rescatar estas historias es también un acto de resistencia. “La posibilidad de escucharnos, dialogar y colectivizar nuestras experiencias es fundamental. Esa es, quizás, la principal razón de ser de esta obra”, concluyó Agurto.