• 11 JUN 2026

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Crónica de un femicidio en Teno: la historia detrás de los disparos que apagaron la vida de Rosa Cubillo

Tras 34 años de maltrato, Rosa intentó separarse y lo denunció, pero José Azócar la emboscó en su propio hogar usando una falsa promesa. El Tribunal de Curicó lo condenó a dos décadas de presidio efectivo por el brutal crimen que enlutó a El Escudo de Huemul.

Getty Images

En el apacible sector rural de El Escudo de Huemul, en la comuna de Teno, la tarde del 18 de noviembre de 2024 quedó marcada a fuego en la memoria de sus habitantes. Rosa Cubillo, una muy querida manipuladora de alimentos de 57 años, daba sus últimos pasos tras intentar, infructuosamente, escapar de una historia de control y maltrato que se había extendido a lo largo de sus 34 años de matrimonio. Su victimario, José Antonio Azócar Moreno, quien entonces era su esposo, le arrebató la vida de manera brutal y hoy enfrenta una condena de 20 años de presidio efectivo.

El desenlace fatal no fue un hecho aislado, sino la culminación de un ambiente familiar asfixiante. El evidente deterioro de la relación llevó a Rosa a tomar la decisión de divorciarse, buscando recuperar su tranquilidad frente a los celos y la manipulación constante de José. El miedo en su círculo cercano era palpable; su propio nieto, Max, había escondido días antes una de las escopetas de su abuelo previendo una desgracia inminente ante sus amenazas verbales.

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La tensión escaló de manera definitiva el 16 de noviembre, cuando Rosa, harta de ser seguida y hostigada en la calle por infundadas acusaciones de infidelidad, se dirigió al Retén de Morza para interponer una denuncia por violencia psicológica. Desde aquel momento, abandonó el hogar que compartían para refugiarse en la casa de su hija Karen, ubicada a escasos 50 metros de distancia.

Llegó el lunes 18 de noviembre. Esa tarde, José Azócar utilizó el engaño como arma previa para vulnerar a su cónyuge: le aseguró a Rosa que él abandonaría la propiedad y que estaba esperando a su hermano para entregarle las llaves, brindándole una falsa sensación de tranquilidad. Confiada en aquellas palabras, cerca de las 18:00 horas, Rosa cruzó la calle hacia su antigua casa con la intención de darse una ducha y buscar ropa para luego tomar once con su familia. Sin embargo, al cruzar el umbral del antejardín de la parcela 77, la esperaba su agresor, armado con una escopeta Baikal calibre 12 inscrita a su nombre.

Su sobrina Jocelyn, quien lavaba una alfombra en la casa contigua, vio pasar a su tía y segundos después escuchó el ruego desesperado que antecedió a la tragedia: “¡Ayúdenme, me va a matar!”. Inmediatamente sonó un ensordecedor estruendo.

La mirada atónita y el auxilio inútil de sus familiares

A una distancia de menos de tres metros, el impacto balístico dio de lleno en el hombro y tórax izquierdo de Rosa. Con una herida gravísima que destrozó órganos vitales y le provocó una hemorragia masiva, la mujer apenas logró salir tambaleándose de la propiedad y caminó unos metros antes de desvanecerse en la vía pública. Todo ocurrió frente a la mirada atónita y el auxilio inútil de sus familiares, quienes corrieron al lugar al escuchar el disparo. Su muerte en la calle fue inevitable; según los informes forenses, el daño era de tal magnitud que incluso la asistencia médica más rápida no habría podido salvarla.

Mientras los familiares rodeaban desesperados el cuerpo de Rosa, un segundo disparo resonó desde el interior de la vivienda. José Azócar, atrincherado en el baño de la casa, había percutado la misma escopeta contra su propio mentón en un intento de suicidio. Pese a la devastadora herida y la fractura expuesta en el rostro, sobrevivió y fue trasladado de urgencia al Hospital de Curicó por personal del SAMU.

20 años de cárcel y la desestimación de la locura temporal

Tras recuperarse clínicamente y enfrentar a la justicia, el Tribunal de Juicio Oral en lo Penal de Curicó dictó sentencia el pasado 5 de junio de 2026. Los jueces desestimaron por completo las excusas del imputado en el juicio, quien intentó alegar una supuesta pérdida de memoria por un cuadro de estrés y locura transitoria.

La abrumadora evidencia química (que comprobó restos de disparos en sus manos), la prueba balística y los testimonios sentenciaron a Azócar a dos décadas de cárcel ininterrumpida. Un fallo contundente que cierra el capítulo judicial de un crimen machista, pero que deja una herida imborrable en el sector de Morza.

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