VIDEO. El “dictado divino” de Gepe: Los secretos detrás de sus hits y por qué la cueca es el nuevo reggaetón
En una íntima conversación, el músico chileno revela su particular técnica de composición, el misterio de su guitarra de cinco cuerdas y cómo la reinvención de sus clásicos le ha permitido redescubrir su propia identidad sonora tras dos décadas de carrera.

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A 20 años del inicio de su trayectoria, Gepe se encuentra en un proceso de revisión profunda de su obra. Más que un simple ejercicio de nostalgia, el artista describe este momento como un encuentro con canciones que han sobrevivido al tiempo. Esta etapa de “regrabación” busca fijar nuevas referencias formales para temas que, según él, todavía sigue terminando, manteniendo una sensación constante de work in progress que define su relación actual con la música.
Uno de los aspectos más llamativos de su identidad musical es su guitarra de cinco cuerdas, un detalle técnico nacido de la urgencia y la falta de formación académica. Gepe confiesa que no tuvo la voluntad de aprender de manera convencional y que, a mediados de los 90, simplemente agarró el instrumento y tocó “cualquier cosa”. “La verdad es que no tengo idea de acordes hasta el día de hoy. No sé nada de música teórica, pero la intuyo”, afirma, explicando que su aproximación al instrumento es puramente rítmica, heredada de su formación como baterista.
En “Cuerdas al aire” con Leo Honores, Gepe, abordó su proceso creativo, el músico identifica tres metodologías, siendo la más racional la que menos resultados le otorga. El primer nivel es la búsqueda consciente; el segundo, el uso de una frase guía que actúa como una “luz en la oscuridad”. Sin embargo, el tercer nivel es el que ha definido su éxito: la “verborrea esotérica”. Gepe describe este fenómeno como un estado donde la melodía y la letra caen simultáneamente, permitiéndole crear piezas fundamentales de su catálogo de forma casi instantánea.
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Sobre sus éxitos más grandes, como “Fruta y Té”, “Hambre” o “Bomba Chaya”, el artista es tajante al describirlos como un “dictado divino” que solo le ha ocurrido unas diez veces en dos décadas. “Son canciones que, pucha, son básicamente las que me dan de comer. Las vomité... estuvieron ahí siempre”, revela sobre estas composiciones que “cayeron” sin esfuerzo aparente, pero que requieren de un trabajo previo de “alimentar la apertura” mediante los métodos más conscientes.
Este proceso de introspección lo llevó a revisitar “Los Barcos”, un tema de 2005 que el artista consideraba intocable por su austeridad original. Durante dos décadas, la canción permaneció como un objeto inalterable en su repertorio. “Quedó cristalizada así tipo como los dinosaurios, no sé, un fósil”, explica Gepe, quien finalmente logró desclasificar ese “ADN” musical junto a Miguel Molina para crear una versión que hoy considera su producción favorita de los últimos diez años.
La conexión con México también ha sido un pilar en esta reinvención, destacando la colaboración con bandas como Daniel me estás matando y el artista Macario Martínez. Para Gepe, existe una resiliencia espiritual común entre Chile y México, un lenguaje cotidiano que facilita la conexión entre ambos países a pesar de la distancia geográfica. Esta hermandad se refleja en la nueva versión bolero de “Ser Amigos”, una letra que el artista describe como “una daga” que hoy interpreta con una carga emocional distinta.
Uno de los puntos más provocadores de su visión actual es su análisis sobre el folclore y la cueca, a la cual define como la estructura más poderosa de la música chilena. Comparándola con el impacto del reggaetón por su invitación inmediata al baile, el músico lanza una predicción audaz sobre el género tradicional. “La cueca es la canción del futuro. Van a haber bandas pronto que van a hacer cueca como si fuese rock, pop o reggaetón”, asegura.
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