“Ni accidental ni esporádico”: el cine chileno conquista Cannes 2026 con una histórica presencia
El prestigioso medio Variety puso el foco en el crecimiento del cine chileno, destacando producciones de horror, memoria histórica y nuevas miradas autorales.

Getty Images / Anadolu
El cine chileno vive uno de sus momentos más destacados en el escenario internacional. El Festival de Cannes 2026 incluyó 10 producciones y coproducciones chilenas entre sus títulos más comentados, consolidando la creciente influencia del país en la industria cinematográfica global.
Es más, la prestigiosa revista Variety destacó especialmente la fuerte presencia nacional en esta edición del certamen, subrayando el avance de nuevas productoras, directores y propuestas autorales chilenas que hoy compiten y circulan en algunos de los espacios más importantes del festival francés.
Entre los títulos más relevantes aparece La Perra, de Dominga Sotomayor, y Double Freedom, del argentino Lisandro Alonso, ambas seleccionadas en la Quincena de Realizadores. A ellas se suma una amplia variedad de proyectos chilenos que van desde el documental político hasta el horror folclórico.
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Uno de los proyectos que más llamó la atención fue Dæmon, debut de Valeria Hofmann, descrita como una “tecno-romance body horror” sobre intimidad sintética y deseo digital. La película ya había pasado por el mercado de coproducción de Berlín y confirma el crecimiento del cine de género hecho en Chile.
También sobresale Kalkutún: Juicio a los Brujos, de Jorge Olguín, inspirado en los históricos juicios de brujería en Chiloé y desarrollado junto a TVN. El proyecto mezcla horror folclórico, ritualidad ancestral y memoria histórica.
La presencia chilena también se expandió hacia historias sobre identidad, duelo y transformación social. Policías y Ladrones, de Bernardo Quesney, aborda la infancia y los secretos familiares en el Chile de 1998, mientras El fuego de mil fogatas, de Diego Breit, explora las masculinidades desde una mirada cruda y autoral.
Otro nombre que volvió a resonar fue el de Marialy Rivas con El buzón de las impuras, una historia ambientada tras el incendio de la Iglesia de La Compañía en 1863, que reflexiona sobre abuso, resistencia femenina y memoria histórica.
“Ni accidental ni esporádico”
En tanto, desde la industria audiovisual chilena calificaron esta edición como un momento histórico para el país. Alexandra Galvis, directora de CinemaChile, aseguró al citado medio que el reconocimiento “ya no es accidental ni esporádico”, mientras que Gabriela Sandoval, de la asociación APCT, destacó la capacidad del cine chileno para exportar miradas “arraigadas en sus territorios pero con resonancia universal”.
Todo esto ocurre en medio de inquietudes del sector cultural ante el cambio político en el país, aunque desde el Fondo de Desarrollo Audiovisual se aseguró que el desafío ahora es alinear las políticas públicas con el talento y prestigio internacional que hoy exhibe el cine chileno.
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