“Drogado hasta la médula”: Jean-Claude Van Damme revela su peor experiencia grabando recordada película de acción
El filme no tuvo una gran recepción en general y los problemas comenzaron desde su rodaje.

Getty Images
No hay dudas de que Jean-Claude Van Damme es uno de los grandes actores del cine de acción, con una gran trayectoria y capacidades destacadas.
Sin embargo, hay un episodio en su carrera que quedó marcado por el caos y problemas que generó en el rodaje de una clásica película.
En 1994, la adaptación cinematográfica de Street Fighter llegó a las salas con la promesa de revolucionar el género.
Y si bien tuvo éxito comercial aceptable, la producción fue una verdadera pesadilla logística, azotada por enfermedades, falta de presupuesto y un protagonista completamente fuera de control.
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Al día de hoy, los testimonios del equipo técnico y artístico revelan que el desastre frente a la pantalla fue solo un pálido reflejo del caos vivido en el set.
El director Steven E. de Souza, quien aceptó el encargo bajo la presión de incluir a 19 personajes del videojuego, se enfrentó a un obstáculo insalvable: la adicción de su estrella principal.
Según confesó el cineasta a The Guardian, Van Damme estaba “drogado hasta la médula” durante las grabaciones en Tailandia.
La situación era tan crítica que el estudio contrató a un acompañante para vigilarlo, aunque sin éxito. “Por desgracia, el propio cuidador era una mala influencia”, admitió De Souza.
Ante las constantes ausencias del actor, el director debía “mirar el guion para encontrar algo más que filmar”, esperando que el intérprete esté en condiciones.
El comportamiento de la estrella belga dejó cicatrices en el elenco. El actor Robert Mammone recuerda que “Van Damme ciertamente se pavoneaba en el set, le dejaba saber a todo el mundo quién era la estrella”.
Por su parte, el asistente de dirección, Keith Heygate, calificó el trabajo con él como “extremadamente difícil” debido a sus abusos con el alcohol y las drogas.

Sin embargo, los problemas no eran únicamente de Jean-Claude. El coprotagonista, Raul Julia, lidiaba con un cáncer de estómago avanzado que le impedía entrenar, y el presupuesto no dejó margen para ensayos de combate.
Byron Mann relató una peligrosa anécdota tras ser consultado de improviso por una escena de acción: una escena de acción sin la protección adecuada.
“Fui a ver a uno de los extras tailandeses y le pregunté si podía ayudar (...) era una espada afilada, no de plástico. Podría haberme lastimado a mí mismo y a otros”, contó Mann.
Con el rodaje estancado en Bangkok y bajo la amenaza de los productores por los retrasos, De Souza recurrió a medidas drásticas. En un acto de desesperación, aplicó un viejo truco de la industria: “Abrí el guion, arranqué una página y dije: ‘Listo, estamos de nuevo en marcha’”.
Entre tensiones físicas y un clima de improvisación absoluta, Street Fighter: La última batalla se consolidó como un caso de estudio sobre los excesos de Hollywood.
La película sobrevivió en la taquilla, pero su legado permanece ligado a la imagen de una producción que, al igual que su protagonista, estuvo al borde del colapso total.
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