FOTO. Descubren ciudad arácnida subterránea: podría ser la telaraña más grande del mundo, se extiende por dos países
Científicos hallan en la Cueva de Azufre una megaestructura donde conviven más de 100 mil arañas de dos especies que, por primera vez, muestran comportamiento colonial.

araña de jardín / Carol A Hudson
Un equipo internacional de científicos documentó en la Cueva de Azufre —un sistema kárstico cuya entrada está en Grecia y cuyo interior se extiende a Albania— lo que podría ser la telaraña más grande conocida: una lámina sedosa continua que cubre más de 100 m². En ese entramado habitan, juntas, dos especies comunes pero nunca antes observadas en colonias: Tegenaria domestica (tejedora de embudo) y Prinerigone vagans (araña de tela plana), con estimaciones de 69.000 y 42.000 individuos, respectivamente.
El hallazgo, liderado por el aracnólogo István Urák (Universidad Húngara Sapientia de Transilvania), describe por primera vez un caso de colonialidad facultativa en ambas especies. Análisis de la seda muestran que la estructura está compuesta por miles de embudos superpuestos e interconectados: las T. domestica habrían levantado el “andamiaje” y las P. vagans se asentaron sobre él, conviviendo sin conflicto aparente, inorma ScienceAlert.
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Para entender por qué prosperan en masa bajo tierra, el equipo realizó estudios genéticos, del microbioma e isótopos estables. Las poblaciones de la cueva presentan linajes diferenciados respecto a las de superficie y aislamiento poblacional sostenido.

Distribución de la cueva de azufre. (Urák et al., Subterr. Biol. , 2025)
Además, la cadena trófica no depende de insectos que caen desde el exterior: la cueva alberga un ecosistema quimioautótrofo basado en microbios que metabolizan azufre; sobre esos “tapetes” microbianos se alimentan isópodos y colémbolos, que a su vez sostienen mosquitos y arañas. Las zonas con más telarañas coinciden con las de mayor densidad de mosquitos.
El estudio propone que la abundancia de recursos en un ambiente sulfídico y estable favoreció la cooperación espacial y la tolerancia entre individuos de especies típicamente solitarias. En palabras simples: abundante comida, sin luz y sin depredadores grandes, más un “andamio” de seda compartido, dispararon una estrategia social rara para estas arañas. Los resultados se publicaron en Subterranean Biology.

La telaraña y un enjambre de mosquitos. (Urák et al., Subterr. Biol. , 2025)
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