Carlos Tromben presenta «El vino de Dios», thriller histórico sobre una Iglesia Católica en crisis
El escritor y periodista habló en Ciudadano ADN sobre su nueva novela, que aprovecha un antiguo mito para mostrar los conflictos internos de la institución eclesiástica.


La Iglesia Católica y su crisis actual, proyectada a un imaginario Tercer Concilio Vaticano, con una periodista estadounidense intentando develar un misterio relacionado con el vino de Dios, el mismo que bebieron en la Última Cena Jesucristo y sus apóstoles. Es la trama de la nueva novela de Carlos Tromben, que lleva por título precisamente «El vino de Dios», y que presentó en Ciudadano ADN.
El thriller histórico «nació como una frase», para el escritor y periodista. «Hay títulos que nacen con el tema y uno les busca el título: aquí fue al revés». Y tiene directa relación con el mito de que en la actualidad existe un brebaje con la misma composición del que bebieron Jesucristo y los apóstoles. Además, «también tiene que ver con el feminismo, porque habría una conspiración de la Iglesia por esconder el verdadero rol de María, madre de Dios».
Para indagar en este misterio, Tromben desarrolla su historia en dos temporalidades: mientras la iglesia Católica lleva a cabo el Concilio Vaticano III para sortear su crisis, una periodista californiana llamada Janet Lang comienza su investigación. Todo vinculado con la figura del Papa Sócrates Mario, progresista y mulato, «un papa muy político».
Tromben detectó que la iglesia Católica tiene dos polos en conflicto: la curia o el establishment de los obispos, y los fieles. «La iglesia nació como una comunidad que se dotó a sí misma de sacerdotes, pero después la estructura se tomó la institución de forma autoritaria», dice quien se define como no creyente, pero que tiene «una gran admiración por la estética católica y el arte sacro. Estudié en la Católica de Valparaíso y me fasciné con la prosa de San Pablo. De lector de la Biblia tuve que pasar a leer teología».
Para preparar «El vino de Dios», el autor llegó a viajar por Francia, donde «hice unas catas en un viñedo que perteneció a los Templarios, antes que fuera requisado por el Papa», todo mientras escribía el libro en Barcelona. Un libro tan vinculado con la imaginería católica que incluye hasta un «cura Hasbún», «un sacerdote joven, de ética ignaciana, y que se ve envuelto en toda la sordidez del Vaticano», y que es «un guiño a un amigo mío de la comunidad palestina».
Tromben también se dedicó a entender la evolución del poder en la Iglesia Católica chilena. «En la colonia, el Padre Luis de Valdivia abogaba por una confrontación no bélica con el pueblo mapuche. No resultó. La iglesia de los 70 se corre hacia el progresismo, y tuvo un rol en la Reforma Agraria. Esa iglesia es neutralizada por Angelo Sodano, y en los 90 es borrada de la faz de la tierra». Incluso, según contó, “la revista Mensaje saludó la elección de Allende como algo que solo debe regocijar al cristiano».
«Cuando uno lee libros como Sodoma, de Frederic Martel, con el tema de la homosexualidad de closet en la iglesia, que muestra su discursividad homofóbica, ve que es muy difícil que la macroinstitución se refunde». Pese a ese complejo panorama, Tromben también cree que «ahora tiene una oportunidad histórica con cómo ha tratado el Papa los escándalos de pedofilia».
Tromben también comentó sobre la situación actual del país, contando sobre un estudio lingüístico que aplicó softwares especializados para encontrar frecuencias de uso de palabras en el discurso de Sebastián Piñera. «Se hizo la nube de palabras y, al analizar discursos previos y posteriores al 18 de octubre, hay un cambio radical». Al escritor le llama la atención que «el Presidente utiliza el lenguaje de manera muy pensada. No son exabruptos, tiene un libreto muy elaborado. La construcción discursiva de Bush es muy parecida a la de Piñera. Pero no resultó». Tras los primeros días de la crisis social, Tromben observó que «hubo un recular ahí».
Su explicación para el actual estallido social es que «estamos viendo es una crisis y desgaste del partido del orden, que gobierna Chile hace 30 años. Ese partido es una especie de PRI con matices», que «no le teme tanto a la calle, sino a que lo sustituya otro partido del orden».




