Sinfónica Nacional de Chile retomó su temporada con actuación en el Municipal
Tras presentaciones en espacios públicos, la agrupación estatal se presentó en el recinto de Agustinas junto al director Rodolfo Fischer.


Ya antes del estallido social, la Orquesta Sinfónica Nacional de Chile había tenido que cancelar buena parte de sus presentaciones. Los arreglos en el Teatro Universidad de Chile, en miras a la futura sala del proyecto Vicuña Mackenna 20, los obligaron a estar en una especie de limbo, con escasas apariciones en Valparaíso y otros espacios, y que en el camino vio a sacrificar muy esperados conciertos, como la Novena Sinfonía de Mahler que debía ser en agosto.
En noviembre debían volver a la ahora denominada "Plaza de la Dignidad", pero las circunstancias complicaron nuevamente a la orquesta, que igualmente terminó realizando intervenciones afuera del teatro, conciertos educativos en colegios y exitosas presentaciones en el anfiteatro del Parque Juan XXIII en Ñuñoa.
Este contexto le otorgó especial expectación a su presentación anual en el Municipal de Santiago, uno de los pocos espacios culturales donde la normalidad ha ido volviendo, pero a través de horarios especiales, en este caso las cinco de la tarde.


Así, tras dos meses de sus últimas presentaciones formales de comienzos de octubre, la OSNCH vuelve a entregar un programa de su cartelera oficial, y por supuesto, abordando obras interpretadas en su integridad. En el podio, un conocido de la orquesta y del teatro, Rodolfo Fischer, el laborioso maestro chileno que en tiempos recientes ha aportado más que nadie en la formación de nuevos directores en el país.
Ya se empezaba a echar de menos la música de Jean Sibelius en las orquestas chilenas, y el comienzo recayó en la Suite "Karelia" del compositor finlandés, muy conocida por los amantes del fútbol, ya que su primer movimiento solía acompañar al área deportiva de TVN. Impecable sonó este tríptico orquestal, dando cuenta de que la merma de actividad no afectó ni un ápice a la principal orquesta del país.


Siguió "La Isla de los Muertos" de Sergei Rachmaninov, claramente una obra muy querida para Fischer, quien la ha hecho junto a otras orquestas chilenas.
Su omnisciencia del texto musical se plasmó en cada segundo del resultado sonoro. Las manos del director fueron dibujando un palpable drama sonoro, y es que se trata de un director con especial sensibilidad por lo teatral.


El sentido dramático de Fischer se hizo aun más evidente en los “Cuadros de una Exposición” de Modest Mussorgsky, escuchada en la versión orquestal de Maurice Ravel. La batuta otorgó los relieves necesarios para configurar la audición como una narración, la de un visitante a una galería, admirando los cuadros de Viktor Hartmann que inspiraron la pieza.
Algunos tropiezos puntuales no empañaron mayormente la interpretación de esta ineludible orquestación, que dice más del genio de Ravel que del compositor ruso.
Ovación cálida y merecida para la orquesta, que ya pronto cumple 79 años de existencia, mientras todos esperamos que puedan volver a su espacio habitual, más el anuncio de su oferta para el 2020.




