Conjuntos porteños se lucieron en festival contemporáneo de Valparaíso
La versión 2019 del Festival Darwin Vargas realizada la semana pasada, sirvió como vitrina de la diversidad musical de la ciudad puerto.


Un énfasis localista tuvo la decimosexta versión del Festival de Música Contemporánea Darwin Vargas, organizado por el Instituto de Música de la PUCV. Cinco días (7 al 11 de octubre) que reflejaron la abundancia de músicos y agrupaciones que posee Valparaíso, aunque fuese una muestra acotada en proporción a los cultores musicales en la zona. Dicho eso, el acento estuvo en la diversidad de las propuestas.
Este encuentro en particular celebra la música de nuestro tiempo, y junto con los conciertos, uno de sus puntos fuertes son los espacios de reflexión y enseñanza que ofrece, a través de ponencias y conferencias. Estas abarcaron el proceso compositivo, la vanguardia chilena de los ’60, y la cuestión de género en la música de tradición escrita actual.
En cuanto a la oferta musical, la ceremonial jornada de apertura tuvo lugar en la Casa Central de la universidad, y con la valiosa participación de la Orquesta de Cámara PUCV, que dirige Pablo Alvarado. De allí, el festival se movió al Parque Cultural de Valparaíso, para un total inspiradoramente ecléctico, del cual extraemos algunos puntos destacados como material de comentario en la presente crónica.


Uno de los conjuntos con mayor proyección fuera de la ciudad es sin duda la Orquesta Andina PUCV. Este proyecto del compositor Félix Cárdenas tiene ya varios discos a su haber y presentaciones por todo el país. “Siqchá”, del propio director, sintetiza inteligentemente elementos electrónicos y la instrumentación propia de este conjunto dando forma aun todo netamente contemporáneo.
En contraste, “Iapandú” de Daniel Ramos sonó más propiamente andino, más folk, tomando forma de una danza luego de una etérea introducción. “Mañana por la Mañana” de Luciano Vergara se escuchó como una hermosa canción sin palabras, mientras que “Despedida” de Ney Rosauro, sirvió para el lucimiento de los músicos, especialmente del percusionista Nicolás Moreno.
Moreno, dirige a otro conglomerado de la propia universidad organizadora, que es el Grupo de Percusión Valparaíso, el que tuvo a su cargo dos piezas. “Out of Frame” de James Romig, ocupa una marimba y tres intérpretes, y es tributaria del minimalismo reichiano. Certera la lectura de los tres jóvenes músicos. “Three Brothers” de Michael Colgrass, es ya un clásico del repertorio para percusiones, y su visceral energía brilló en un cohesionada todo manejada por la dirección de Moreno.


Llamativa fue la presencia el jueves 10 del proyecto Sobrevivientes LCC, que interpretó “Antü”, una pieza colectiva de sus integrantes (Valeria Valle, Alonso Valenzuela, Claudio Rojas y Boris Canales, en donde se juntan electrónica, metal de la rama “industrial”, y una calculada improvisación, acompañado por una sugerente imagenería, de enorme belleza. Lamentablemente el programa no especificaba al autor de la realización audiovisual.
Proveniente de la Universidad de Chile, el Ensamble de Flautas Illawara, que dirige Wilson Padilla, echo manó a tres difundidas obras de su repertorio. “Bajo la alborada…una voz”, hermosa creación de la joven Tamara Miller, una de las nuevas voces de la composición chilena que está dando que hablar.
A 15 años de la muerte de Luis Advis, se incluyó “ALA”, pieza de Fernando Carrasco en explítico homenaje al maestro ligado a la Nueva Canción. Fernando García es casi un infaltable en nuestros festivales de música contemporánea. Su música sigue sonando fresca en el formato que sea, y los jóvenes flautistas pusieron lo mejor de sí para ser fieles a su particular mundo sonoro.


El cultivo de la electroacústica es importante en el puerto, por lo que no es sorpresa que se haya buscado sinergia con el capitalino Festival Ai-Maako, quienes aportaron una representativa selección de cinco obras, tanto chilenas como mundiales. Este otro encuentro tendrá lugar en Santiago del 16 al 19 de octubre en el Centro Cultural de España.
La noche de clausura estuvo a cargo del Ensamble F(r)actura, liderado por el compositor Enrique Schadenberg. Fueron seis obras, partiendo con dos para el solitario contrabajo de César Bernal. “Huellas” de Sebastián Larraechea ocupa paisaje sonoro, en que la interacción con el instrumento es fina y notablemente bien integrada. “CB” del propio Schadenberg nos vuelve a mostrar las virtudes del autor porteño, a la vez que las del propio Bernal.


Paul Wegmann es un chileno residente en Brasil. Su pieza acusmática “La Larga Noche del No-Ser”, nos recuerda a los primeros tiempos de la electrónica abstracta de los sesenta, siendo claramente del presente y mostrando buena factura.
Lo más destacado, por el resultado musical y por el aporte de rescate histórico, fue el Quinteto para flauta y cuerdas de Sergio Ortega. El recordado compositor, fallecido en 2003, está íntimamente asociado en la memoria colectiva por sus himnos políticos de izquierda y su trabajo con la Nueva Canción, pero su trabajo en partituras es vasto y da cuenta de un saber-hacer muy prolijo. Hay un vínculo con el serialismo, pero siempre con rasgos melódicos distintivos y bien hilvanados. Schadenberg condujo con mano firme a los cinco músicos.
Luego el conjunto interpretó “IV”, una colaboración de Schadenberg con Andrés González, en que se vinculan electrónica en tiempo real, y una partitura gráfica proyectada en el telón de fondo. Una instancia para mostrar los atributos de cada integrante del F(r)actura, tal como la pieza de cierre, “Salmo Escatológico” del mencionado González. En esta obra las palabras de Pablo de Rokha son tratadas expresivamente, casi como un drama abstracto.




