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Así es «Joker»: Sin sonrisas

OPINIÓN. La esperada película de Todd Phillips incomoda, se compromete políticamente y de paso homenajea a Scorsese y al cine policial setentero.

No hay emociones fáciles en "Joker". Hacía falta una película vinculada con el mundo de las historietas que se alejara tanto de la infantil hiperestimulación de Marvel y sus sagas, como de la estudiada gravedad del Batman de Christopher Nolan. Acaso un regreso al cine como lo que es en su mejor versión: un catalizador de emociones, un recorrido pesimista por los miedos y las esperanzas humanas. Y a través de un personaje de cómic que tradicionalmente ha representado el peligroso parentesco entre la maldad y la locura, y lo cerca que podemos estar de caer en ambas si encontramos terreno fértil.

Como le pasa a Arthur Fleck (un esquelético Joaquin Phoenix que sale airoso y que, gracias a un guión que agarra vuelo propio, se libra de odiosas e innecesarias comparaciones), un pobre tipo que trabaja como payaso y aspira a ser comediante, entre fines de los 70 y comienzos de los 80, en una Ciudad Gótica árida y hostil que recuerda mucho a la Nueva York de "Taxi Driver", o incluso a cualquier ciudad norteamericana, sucia y peligrosa, de esos viejos films policiales de "Cine de Última Función".

De hecho, apenas hay rastros de maquillaje de Guasón en la primera mitad del metraje. Porque la película, más que de él, se trata de Arthur, ese hombre emocionalmente perturbado que, ya adulto, vive con su madre anciana y enferma (Frances Conroy) en un precario apartamento, intenta torpemente hacer cambio de luces con una vecina (Zazie Beetz), admira con locura a un acartonado conductor de late show (Robert DeNiro, en un guiño-espejo bastante indisimulado a "El rey de la comedia", de Scorsese), tiene sueños de éxito que difícilmente podrá cumplir, y es incapaz de conectar con seres humanos que lo pisotean, lo humillan, lo tratan de raro, le temen. Por eso quiere hacer reír, porque qué es reír sino reconciliarse con lo raro, con todo eso que no encaja.

Es una película adulta "Joker". No solo por la aridez de su conflicto central, sino por cómo transforma a su villano en una víctima de una sociedad que le da la espalda. Aunque, y como desde el minuto uno sabemos en quién se convertirá Arthur, eso no le quita su categoría de malvado y termina volviendo gratuita cualquier torpe comunicado de los estudios, cualquier necesidad de sobreexplicar nada. El tema aquí es el origen del mal. Ese que no está allá lejos ni proviene de monstruos. O quizás sí, pero nunca son monstruos que surgen de la nada. Puede ser tu vecino. Puedes ser tú mismo. Y hay que estar preparado para enfrentar semejante horror.

Como si fuera poco, en Ciudad Gótica hay una revuelta política contra los poderosos –encarnados en la figura de Thomas Wayne, que además de ser el papá de Bruce, aquí guarda un oscuro secreto- en la que los manifestantes, espontáneamente, deciden enmascararse como payasos para protestar contra la crisis económica y el desempleo. El caldo de cultivo perfecto para un psicópata que está convencido de que la sociedad le debe algo –o casi todo-, pero en vez de cobrarlo con determinación y sin daños a terceros, sólo quiere ver el mundo arder. Un estado de ánimo que no se diferencia tanto de ciertos arrebatos de cualquier red social del 2019.

"Joker" llega a Chile con calificación para mayores de 14 años, después de alertar a la policía ante posibles actos de violencia durante sus exhibiciones. Nada descabellado si recordamos que "The Dark Knight Rises" produjo una masacre en Colorado en 2012. Aunque parezca osado decirlo, Todd Phillips va más lejos de la prolijidad académica de Christopher Nolan y se atreve a tomar partido en un sentido político. A mostrar qué pasa cuando los oprimidos se organizan y en ese proceso optan por destruir. Cuando los poderosos olvidan la necesaria redistribución de sus privilegios y terminan corriendo el riesgo de destruir no sólo sus imperios sino que a sí mismos. Cuando la única salida parece tener su germen en un pequeño Bruce Wayne que todavía no tiene edad para entender nada –¿como nosotros?- y basta con que le pase cualquier cosa que le tenga que pasar para que lo entienda todo.

Es demoledora "Joker". Más allá de sus méritos formales, y de un arranque pausado que espantará a quienes vayan a verla buscando una película de acción llena de explosiones y adrenalina, su parte final logra lo que, hoy en día, pocas películas mainstream logran: dañar, dejar incómodo, preocupar y descubrir que fuera de la sala de cine hay un mundo tan gris, tan caótico, tan al borde de caerse al precipicio y, por todo eso, tan inevitablemente humano.

"Joker"
Estreno, 3 de octubre