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Polémica causó en EE.UU. la inclusión del yoga en los colegios

Una familia cristiana puso una demanda por considerarlo ”adoctrinamiento religioso”. ”Queremos niños tranquilos que se concentren mejor”, explicó un profesor.

Por Diario El País
Viernes 31 de May, 2013 - 11:38
Cada vez son más los menores que estudian yoga en las escuelas de primaria de Estados Unidos. El objetivo es que los alumnos aprendan a relajarse al tiempo que mejoran su estado de salud, su flexibilidad y sus habilidades motoras. La creciente popularidad de esta práctica, apoyada directamente por la Casa Blanca, topó sin embargo con los recelos de algunas familias que consideran que se trata de una práctica religiosa.

La polémica estalló con la incorporación del yoga como una asignatura más en los nueve centros educativos de Encinitas, al norte de San Diego (California), un municipio de 60.000 habitantes que se convirtió en el primero del país en aplicar una medida de este tipo y el que cuenta con un mayor número de clases y locales de yoga per capita de todo el país.

Las clases, dirigidas a 5.000 niños de 5 a 12 años, se imparten dos veces por semana y duran una media de 30 minutos: La Fundación Jois, organización que subvenciona el programa, donó 533.000 dólares a estos nueve centros escolares. El programa durará tres años y, a la vez, se está desarrollando un estudio sobre los beneficios del yoga en menores.

Con esta iniciativa, la organización aspira a que el programa se convierta “en un modelo nacional que ayude a los alumnos de todas las escuelas a aprender habilidades que luego puedan emplear en su vida”, según informa por teléfono su portavoz, Jennifer Searle. El próximo paso es implantarlo en el distrito de Rockaways (Nueva York), una de las zonas más afectadas por el paso de la tormenta tropical Sandy el pasado octubre. “Empezaremos con cuatro escuelas con un total de 3.500 niños”, informa Case.

El yoga es una disciplina física y mental que tiene su origen en la antigua India. La palabra se asocia normalmente a prácticas de meditación en el hinduismo, el budismo y el jainismo. Según sus practicantes, experimentar esta disciplina provoca tres estados diferentes según la creencia del yogui: la unión del alma individual con la divinidad, la espiritualidad o el bienestar físico y mental.

“Lo que queremos conseguir con el yoga son niños más tranquilos y que se puedan concentrar y aprender mejor. Y que, paralelamente, y según adquieran conocimiento, su autoestima aumente y sean capaces de controlar su comportamiento y su entorno”, señala por teléfono el subdirector del Departamento de Salud de Encinitas, David Miyashiro. “El programa no incluye solo yoga, también les enseñamos a cocinar, a cultivar sus propios alimentos y a ejercitar el cuerpo y la mente de distintas maneras”, sostiene Miyashiro.

Pero no toda la comunidad escolar está de acuerdo. Una de las familias, respaldada por una organización cristiana, interpuso una demanda ante lo que consideraron un “adoctrinamiento que choca con sus creencias religiosas”, según se específica en el documento jurídico.

La familia señala, entre otros aspectos, que los niños que no acuden al programa de yoga, por motivos ideológicos mayoritariamente, “están perdiendo de 60 a 90 minutos de ejercicio a la semana porque pasan ese tiempo sentados o leyendo”. De acuerdo con un comunicado, los demandantes no buscan ninguna compensación de tipo económico, sino que exigen que “se suspenda definitivamente el programa”.

“El yoga tiene un componente religioso claro. Les están enseñando a los alumnos cómo deben meditar, cómo deben buscar la paz y la tranquilidad, cómo deben controlar sus emociones. Por ejemplo, en la postura del saludo al sol se adora al dios Surya. Nadie puede negar que el yoga es ejercicio físico, pero también interfiere en cuestiones de fe”, explica en el texto María Eady, portavoz de los padres.

El abogado principal de la familia, Dean Broyles, declaró que “el Programa de Yoga Ashtanga en Encinitas representa una grave violación de la libertad moral”. “Se trata del caso más claro de violación de los derechos de la libertad religiosa hacia los ciudadanos que he presenciado en mis 18 años de carrera profesional”, añadió.

El tipo ashtanga, en comparación con otras modalidades de yoga, utiliza poco la meditación y sus movimientos son más rápidos e intensos. Durante la clase, se sincronizan las posturas —las asanas— con la respiración y siempre se repiten en el mismo orden. Es uno de los tipos de yoga más demandados en EE.UU. Por ejemplo, la cantante Madonna o la presentadora de televisión Oprah Winfrey lo practican de forma regular. Los padres que se oponen al programa escolar aseguran que no están en contra del yoga en sí, pero que prefieren que sea una actividad extraescolar y de libre elección para los alumnos.

La práctica del yoga en las escuelas goza del respaldo de la Administración de Barack Obama, que lo considera un “ejercicio saludable” para los alumnos con un claro componente espiritual. La Casa Blanca señaló el pasado mes de abril que entre sus objetivos está “animar a los centros educativos a que implanten esta actividad deportiva en su programa escolar y así hacer de EE.UU. una nación más sana”. “El yoga se convirtió en un idioma universal y espiritual en nuestro país, que traspasó los límites de cualquier religión o cultura”, añadía la Casa Blanca entonces.

Según el último estudio realizado en 2012 por Yoga Journal, unos 20,4 millones de personas practican esta técnica de meditación y relajación física y mental en ese país, comparado con los 15,8 millones que lo hacían en 2008.

El 80,2% de los yoguis son mujeres y el 62,4% tienen edades comprendidas entre los 18 y los 44 años. La población que acude a clases de yoga con más frecuencia es mayoritariamente aquella que cuenta con altos ingresos y estudios universitarios. En 2007, 1,5 millones de niños hacían yoga en el país, según datos del Departamento de Salud de EE.UU.

“El debate se ha avivado aún más desde el momento en que la Casa Blanca apoya una medida que implica usar dinero de los contribuyentes para promover una creencia religiosa”, señaló Broyles.

Con motivo de la demanda, varios de los directores de estos centros escolares de Encinitas informaron que desde el inicio del programa los estudiantes estaban más calmados y usaban las técnicas de respiración aprendidas para relajarse antes de un examen o en cualquier momento de tensión. Aseguran que desde que la nueva asignatura empezó a impartirse en el mes de enero la atención en las aulas ha mejorado y se redujo la indisciplina en un 70%.

“Hemos demostrado de sobra la efectividad del yoga para la salud de los menores. No existe el componente religioso en estas clases, solo buscamos el bienestar de los alumnos y está funcionando”, añade tajante Miyashiro. “No se están impartiendo clases de religión. Los nueve centros decidimos ampliar la asignatura de Educación Física y el yoga es parte de esta renovación”, sostienen en su defensa los directores de los centros educativos. “No importa lo que ocurra con esta demanda, no se detendrán las clases de yoga”, añade Miyashiro.

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