Política

Enriquez-Ominami: La ley creó condiciones para que las empresas incidan en los procesos electorales

Respecto al supuesto financiamiento de su campaña por la empresa de un exyerno de Pinochet aseguró "hace mucho rato que vivo en un mundo de contradicciones".

vive un momento agridulce. Por un lado, encabeza las encuestas y es uno de los pocos políticos que se salva del descrédito generalizado. Por otro, está en medio del escándalo por haber recibido supuestamente financiación de una empresa dirigida por el exyerno de Pinochet, algo difícil de gestionar con la biografía de su familia, masacrada por el pinochetismo.

En entrevista con El País, el político criticó el manejo del gobierno frente a la educación y aseguró que la Presidenta "no está pudiendo cumplir la principal promesa, la educación como un derecho y no como bien de consumo".
 
Respecto a los escándalos de financiación ilegal, destacó que se trata de un problema que "venían de antes".

"Lo que irrita hoy es el match entre las posiciones que defendían el sistema y los financiamientos aparentemente irregulares. Se dice ah, él votó a favor de esa ley, con razón si recibía. Pero venía de hace mucho tiempo", comentó. 

P. ¿Pero ustedes reconocen financiación ilegal?

R. Nosotros hemos dicho que el financiamiento de las campañas es muy complejo. Y que efectivamente es muy difícil competir contra el duopolio. Y que nosotros tuvimos, como todos los demás, que recurrir a la ley. Y la ley está pensada para que las empresas financien las campañas. La ley creó las condiciones para que las empresas privadas incidan en los procesos electorales.

P. Una de las empresas que supuestamente lo financió es de un exyerno de Pinochet. ¿Hasta qué punto le puede perjudicar la imagen como hombre de izquierda haber recibido dinero del pinochetismo?

R. Mire, mi abuelo, Edgardo Enríquez, ministro de educación de Allende, no le daba entrevistas al diario El Mercurio porque era pinochetista. Le cortaba el teléfono. Yo doy entrevistas en el Mercurio. Cuando llegué a Chile, mi primera gran contradicción fue ser compañero de curso de hijos de militares, que se enorgullecían de haber matado a mi padre. Hace mucho rato que vivo en un mundo de contradicciones. Juzgo a la gente por lo que hace y defiende. Nosotros defendemos una asamblea constituyente que supere este modelo. Pero tratar de disociar la realidad, cuando las portadas que me han regalado son de diarios pinochetistas que acusaron a mi padre de ladrón y terrorista sin nunca dar una disculpa. Tengo tíos desaparecidos. Si fuera mínimamente riguroso no daría entrevistas en Chile. Una anécdota: tengo cuentas bancarias en un banco que mi padre asaltaba, que aún hoy está en manos de gente que admiró a Pinochet. ¿Qué hago, cierro mis cuentas? Soy hincha de un equipo cuyos directivos fueron o son pinochetistas. Esa es la lucha, no nos arrepentimos de haberla dado como movimiento.

P. ¿Incluido recibir dinero de ellos?

R. Quiero precisar que hemos actuado conforme a la ley, ya le he respondido. Creo que la defensa a Pinochet en 1998 en Londres fue un tremendo error porque validó que era norma que la estructura mediática, productiva, financiera fuera pinochetista. Yo entré en política en 1998 por eso. Aguanté la contradicción de pasear en las calles donde estaban los asesinos de mi padre, libres. De estudiar en colegio en que te decían que bueno que matamos a tu padre. Duramente. Y después vino 1999 con los socialistas defendiendo a Pinochet en Londres. Y me dije, ya estamos cruzando una línea. Se transformó la necesidad de hablar con Pinochet en una virtud. La combatimos, la denunciamos. Asumo que nuestro partido tiene una cuenta muy importante con eso entre los chilenos.

P. Ahora está el primero en las encuestas. ¿Teme el coste de imagen del escándalo?

R. Yo fui candidato marcando el 0,1%, imaginará el valor que le doy a las encuestas. Todos los asesores me dijeron que estaba loco. Llegué al 20%. Confío en la fuerza de nuestras convicciones. Yo mantengo muchas propuestas que son impopulares. No asumo que competir sea solo ganar. Uno tiene que tener buenas razones para ganar y para perder elecciones.

Sigue leyendo a nuestros compañeros de El País.