«Los encañonaron, les preguntaron si querían ver a sus familias, a sus hijos»: así fue cómo dos ladrones robaron $600 millones desde un banco en Las Condes
Se veían como ejecutivos, hasta tenían credenciales. Sabían cómo entrar a la bóveda. No llevaban armas. Salieron sin que nadie supiera de ellos.
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Para entrar a la bóveda de un banco se necesitan números de acceso. En las sucursales no son muchos los que los conocen: quizás un trabajador dedicado a eso y alguna que otra jefatura, nada más. Y los dos desconocidos que llegaron hasta la sucursal de BCI en Gertrudis Echeñique 49, en Las Condes, lo descubrieron.
Mentir y esperar. Robar y escapar. Amenazas sin sangre, sin armas ni balas propias, solo las de los que allí trabajan. El botín: $600 millones, de acuerdo a los cálculos de las policías.
Así ocurrió.
08:05
A esa hora llegaron hasta el local, poco antes de la apertura al público. El acceso a esa hora queda restringido por un guardia, pero son tantas las personas que allí trabajan, que conocer a todos los ejecutivos es una tarea difícil. Y más todavía si lo que se quisiera memorizar fueran solo cientos de ojos asomados sobre la mascarilla.
Los ejecutivos bancarios también tienen un código de vestimenta y una credencial, el documento que los acredita como trabajadores. Y eso fue lo que le mostraron. Pero, ¿cómo lo hicieron? ¿Qué aparecía allí?
08:35
Nadie sospechaba de ellos ahí. Tampoco es que los vieran: el prefecto Julio Caro, de la Brigada de Robos Metropolitana Oriente de la Policía de Investigaciones, dijo que «accedieron en forma muy privilegiada a la sucursal. Una vez al interior, se ocultaron cerca de media hora».
«En primera instancia, ellos no portaban armas de fuego, no intimidan al vigilante, como se hacen pasar por personas del banco y presentan identificación, eso permite que puedan acceder», agregó la coronel Álison Larrañaga, prefecto de la Prefectura Santiago Andes de Carabineros.
09:00
No fue exactamente a esa hora, sino antes. El hombre de las claves de la bóveda ya había entrado. Lo siguiente era abastecer a las cajas de atención al público con el dinero en efecto. Había que bajar a la bóveda, en el subsuelo de la sucursal, hacer el conteo y distribuir el dinero.
«Los amarraron», dijo una mujer fue llegó hasta el lugar a acompañar al encargado de los números de la bóveda tras el robo. Él estaba en shock. Luego agregó: «Tuvo que abrir, porque al guardia lo tenían amarrado, encañonado».
«(El guardia) se encuentra con luxación en su muñeca por forcejeo», detalló el prefecto Caro.
Con la pistola en la mano, dijo la mujer, «le preguntaron si quería ver a su familia, a sus hijos. Los amenazaron a su familia».
09:01
Los $600 millones en efectivo los habían puesto en bolsas. El guardia había sido reducido, el encargado de la bóveda también. Ambos estaban amarrados. Nadie sospechaba de nadie: son acciones que implican cierto hermetismo. No todos van a la bóveda, ni tampoco todos portan armas dentro del banco.
Afuera, en la misma calle Gertrudis Echeñique, ya había llegado un automóvil.
«En el exterior tenemos cámaras, el vehículo está identificado, la patente, y pudimos ver a qué sujetos corresponden», promenorizó la coronel Larrañaga.
«Salen sin ser detectados por el primer nivel de la sucursal», precisó el prefecto Caro.
El automóvil no tenía encargo por robo.
A las 11:30 seguían prófugos.