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Toy Story 4: el triunfo de tener una misión (propia)

Pixar una vez más desafía a las convenciones demostrando que una cuarta parte puede mantener la vitalidad y la magia de sus antecesoras.

Toy Story 4: el triunfo de tener una misión (propia)

Woody y Forky. Foto:

Pixar lo hizo de nuevo. ¿Cuántos comentarios de películas previas de esa usina de magia postmoderna podían iniciarse con la misma frase? Pero es cierto. De alguna u otra forma, Pixar se las arregla para cumplir con las expectativas sin recurrir a recursos fáciles ni a pirotecnias narrativas que nublen cualquier primera opinión.

Porque,pese a cierta hiperventilación de la prensa especializada y del manoseado 100% que obtuvo en Rotten Tomatoes durante sus primeros días, la arriesgada maniobra –más en lo creativo que en lo comercial- de lanzar una cuarta parte de la saga de los juguetes que cobran vida cuando sus humanos no están, comprueba que a veces hay que hacer las cosas bien, más que querer sumar obra maestra tras obra maestra.

Porque lo que otorga a una película la categoría de tal es, justamente, su condición de excepcionalidad. Y no podemos tener excepciones todos los años.


 

Toy Story 4 es una muy buena película precisamente porque, además de entretener, maravillar y emocionar –aunque con menos sandías caladas que su lacrimógena antecesora- habla de lo mismo: de la importancia de las misiones que tenemos en la vida, y de cómo éstas se contraponen con nuestros deseos más profundos, como la búsqueda del amor. Un tema tan adulto como cualquiera que creció y dejó sus juguetes olvidados en una caja en el fondo de su closet para ir a la universidad y crecer.

Ahora, queda la sensación de que los adultos son los juguetes, y la pequeña Bonnie, la nueva propietaria de Woody, Buzz y su pandilla, los necesita porque de alguna cosa tiene que aferrarse cuando llora porque tiene miedo de ir a su primer día en el jardín y los demás niños la ignoran. O cuando da su primer indicio de construir su propio mundo fabricando un nuevo juguete a partir de materiales de basura: el extraño Forky.


 

Forky no entiende que es un juguete y no lo entenderá hasta que Woody le muestre que detrás de serlo hay una misión. Como buenos soldados, ambos se empeñarán por acompañar a la pequeña en sus nuevas aventuras. Lo que Woody –siempre con su sentido del deber encima- aún no sabe, es que la desaparición de otro personaje, clave en sus motivaciones, lo hará dudar sobre su férrea convicción de que está ahí para servir a su niño, aunque su niño –en este caso, niña- tenga otra actitud.

Es aquí cuando la película se divide entre uno y otro: el nuevo personaje (que, como todo nuevo personaje que se incluye para refrescar una saga, corría el terrible riesgo de transformarse en una suerte de Poochie, pero zafa bien porque ocupa un rol de "juguete de los juguetes", lo que permite intensificar la postura moral de la historia) y su función como favorito de Bonnie, termina pasando a un segundo plano para retomar la aventura de Woody.


 

El vaquero, por su parte, se concentra en intentar cubrir al errático tenedor de plástico, lo que lo hace iniciar su propio viaje y permite centrar la acción en una galería de bizarros nuevos personajes, como la diabólica Gabby Gabby (con la voz de Christina Hendricks), Duke Kaboom (interpretado por Keanu Reeves) o la genial dupla de peluches Bunny y Ducky.

Así, la vieja pandilla pasa a un segundo plano sin desaparecer del todo, lo que puede decepcionar a quienes querían volver al cine por más de Buzz Lightyear o el señor y señora Cara de Papa.

Porque acá el protagonista absoluto es Woody, quien tiene libertad para buscar su propia motivación sin descuidar su obligación. Aquí es donde la película se transforma en una historia de chico-recuperando-chica, donde los juguetes pueden tomarse muchas más licencias que en las anteriores porque los humanos están particularmente ausentes, y porque las misiones nunca dejan de ser obligaciones, aunque siempre se pueden dejar un poco para después cuando se tiene la voluntad de buscar lo que uno realmente quiere.

Es curioso, divertido y sintomático de la época en que vivimos que, a la tropa de treintones que ya guardaron en una caja sus Woodys y Buzzs Lightyear e irán en masa al cine llevando a sus hijos al cine, o solos porque no tienen hijos, o simplemente porque no quieren crecer, se lleven esta lección, justamente, a través de una película de juguetes.

Toy Story 4
Estreno, 20 de junio.

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