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¿Por qué nos impacta tanto la muerte de Javiera Suárez?

OPINIÓN. La enfermedad de la periodista se transformó en un símbolo de los tantos relatos sobre la imposibilidad de escapar de la adversidad.

¿Por qué nos impacta tanto la muerte de Javiera Suárez?

Javiera Suárez. Foto: Agencia Uno

Hay quienes terminan sintiendo a los rostros de televisión como si fueran parte de su vida. Muchos, fieles telespectadores de matinales y adictos a las redes sociales, terminan compartiendo con ellos más que con sus propios seres queridos. Es cosa de darse una vuelta por los comentarios que está generando en Twitter o Instagram la reciente muerte de la joven periodista Javiera Suárez, tras luchar más de tres años contra un agresivo cáncer de piel.

Es que, claro, 36 años es una edad demasiado temprana para enfrentar algo así. Es que siempre podría ser uno mismo, o algún cercano. Y si hay algo que permite el espejismo de igualdad que suelen provocar los medios se convierta en real, es que la desgracia nos puede tocar a todos por igual. Por mucho que algunos insistan con majadería en que cierto perfil de personas, por fama, situación económica o profesional, puedan acceder a mejores centros de tratamiento (algo que sabemos todos) y a cobertura en medios de comunicación (como si fuera posible titular con cada una de las personas que se enferman). Al final la muerte nos toca a todos y ahí no hay ventaja comparativa que valga.

Eso conmueve y desarma. Eso deja de lado cinismos y agendas que, ante el sufrimiento de los cercanos a una persona conocida, e incluso a los cercanos del resto de los mortales, terminan viniendo bien poco al caso. Cuando parecía que había recuperado su cabello y su peso, vino la recaída y volvió el dolor. Y las miradas se volvieron sobre ella, con tacto y con respeto pero sabiendo que los dramas de las personas conocidas son consumidos no necesariamente por morbo, sino por la sensación real de que siempre están ahí, a la vuelta de la esquina.

Javiera Suárez tenía 36 años, un hijo, era telegénica y con futuro televisivo, en una época en el que nadie tiene ese título asegurado. Incluso, sin ser una "figura clase A" se transformó en un nombre reconocible y con una historia. Justo en estos tiempos, en que quizás lo que te transforma en alguien en los medios no sea tanto la capacidad de hacer buenas preguntas, o ser buena entrevistadora, o lucir un peinado perfecto, o ser rubia y de tez clara, sino tener una historia.

Javiera, queriéndolo o no, la tuvo. Javiera se mostró recién casada y embarazada de su hijo, se mostró en Instagram, donde llegó casi al millón de seguidores, luchando, se exhibió con su pelo corto a causa de las quimioterapias, sin falsos pudores ni buscando representar causa alguna, simplemente mostrando su pequeño mundo y de paso transformándolo en algo universal, en algo que le puede pasar a cualquiera.

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