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Men in Black International: Entretención grandilocuente

OPINIÓN. La cuarta entrega de la saga de los "Hombres de negro" se esfuerza por rejuvenecerse.

Men in Black International: Entretención grandilocuente

Men in Black: International. Foto: Reproducción

En el mundo del cine, hay sagas que parecen destinadas a no agotarse nunca. Una de ellas es la de Men in Black, célebre representante de la cultura pop del cambio de milenio, que tras su reboot en 2012, vuelve a los cines esta temporada, ya sin la dupla Will Smith - Tommy Lee Jones, con un aliento más global –con ínfulas british- y adaptándose, sin los excesos de Marvel aunque con menos diversión, a la moral y estética millennial.

Formalmente, se trata más de un spin-off de las anteriores que de una secuela. Lo primero que destaca acá es, en una época en que la supremacía de los hombres -en el cine y en todo lo demás- tiene los bonos en baja, el protagonismo absoluto de la Agente M, una carismática y a la vez ruda Tessa Thompson haciendo lo que puede para sacar a su personaje del cliché. Es ella quien, incluso desde niña en un flashback de apariencia ilustrativa, es llamada a una suerte de "viaje del héroe" que la lleva, ya adulta, a prepararse para ser la mejor y hacer todo lo que esté a su alcance para ser reclutada en "la agencia", cuyas instalaciones descubre (oh, sorpresa) por casualidad.


 

Amadrinada por la Agente O (Emma Thompson, a quien ya vimos en Men in Black 3), la protagonista termina destinada a Londres, donde el jefe (Liam Neeson) la hará formar dupla con el desorganizado pero siempre triunfante Agente H (Chris Hemsworth), la estrella del equipo, deseado por las chicas y envidiado por los hombres (sobre todo por el Agente C, un envidioso segundón que resultará clave más adelante).

Así, el trillado pero efectivo recurso de la pareja dispareja, con su actualización millennial de chica-matea-y-chico-desastroso da el pie a esta aventura, en la que deberán detener ataques alienígenas alrededor del mundo, en una película tan cosmopolita y ambiciosa a nivel de producción como débil en lo argumental.


 

Porque de ahí en adelante, todo es un salto por refinadas locaciones como Marruecos y París, pero transportadas al look y narrativa del cine popcorn de superhéroes preponderante. ¿Necesitamos seguir viendo más películas llenas de alta tecnología en todas sus esquinas, múltiples criaturas en CGI y heroínas más cool que sus pares masculinos? Los índices de taquilla indican que sí, e incluso sugieren que no es necesario darle más espesor al conflicto o a los personajes. Esto es cine de entretención pura y dura, y la presencia de grandes actores dramáticos o fabulosos parajes parecen esbozar la búsqueda de una solidez que vaya más allá, aunque no siempre se logra.

Pese a todo, no nos olvidemos que detrás de esta saga está, en la producción ejecutiva, Steven Spielberg y su ya clásica productora Amblin Entertainment, lo que se nota en detalles como Pawny (Kumail Nanjiani) el adorable y casi hannabarberesco alien que se hará amigo de la pareja de agentes, o incluso en el flashback inicial donde vemos la infancia de la protagonista.

Pequeños destellos de cine clásico que, junto a buenas actuaciones y a los imprescindibles y bien diseñados aliens, y por sobre baches de guión inteligentemente camuflados con efectos visuales y artificios tech del nuevo milenio, hacen que esta cuarta entrega dialogue con sus antecesoras y no se reduzca sólo a una fórmula que, tarde o temprano, va a empezar a cansar.

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