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La Prueba de ADN


Inspirador cierre en Santiago del Festival Internacional de Música de Portillo

La iniciativa de la directora Alejandra Urrutia, juntó a jóvenes músicos en el conocido centro de ski.

Inspirador cierre en Santiago del Festival Internacional de Música de Portillo

Alejandra Urrutia y la orquesta del festival. Foto: Felipe Elgueta

“Una vida de amor, una vida de entrega”. Fueron las palabras que la directora de orquesta Alejandra Urrutia le dedicó a los jóvenes músicos que fueron parte del I Festival de Música de Portillo, un camping musical, con talleres, coachings, y conciertos para el público que tuvo la fortuna de llegar al afamado centro de ski, esta vez sin nieve pero con el imponente paisaje de la laguna y las montañas como marco inspiracional.

Fue un discurso que abrió el concierto de cierre, llevado a cabo en el Teatro Municipal de Las Condes, donde todo convergía y se cristalizaba. Es decir, se pasaba del taller a la práctica, y los 52 músicos, más algunos de los instructores del festival, se unían para formar una orquesta sinfónica, la que parecía tocar junta de hace mucho tiempo, siendo que fue para la ocasión. O sea, era del momento, para el momento, y cabe destacarlo por los resultados.

En primer término, apreciamos el trabajo separado por familias. Entran solamente las cuerdas, para interpretar ‘Vilama – La muerte del río’, del compositor chileno Carlos Zamora. Urrutia, que ya había hecho esta obra con la OSNCH, acentuó el dramatismo de sus pasajes iniciales y buscó en todo momento el brillo, el simplemente relucir el trabajo de estos jóvenes, amalgamando sus talentos, y así llegar a un resultado óptimo.

Pasan luego los vientos, en la no tan conocida, pero extraordinariamente bella Serenata Op.7 de Richard Strauss, compuesta cuando el alemán tenía 16 años. Los músicos más que colorearon esta juvenil partitura, sonando tan deliciosamente fresca, que parecía ser música escuchada constantemente en nuestros teatros, y la verdad es que debiese sonar más a menudo.

Pero la joya de la corona fue el gran final, con toda la orquesta completa, interpretando la Sinfonía No. 3 “Eroica” de Ludwig van Beethoven. Era como escuchar a la Nacional Juvenil en sus mejores momentos, o sea un conjunto lleno de fuerza juvenil, con un sonido firme, y resaltando una pieza clave de la literatura musical mundial. Una oleada de talento que fue canalizado con sabiduría por Urrutia, haciendo que no fuese una Eroica de rutina. No, fue una interpretación valiosa en sí misma, que en cualquier temporada capitalina habría detonado sendos elogios. Y por supuesto, el casi repleto teatro lo captó, generando una sonora ovación.

La designación de “Primer” indica que este festival continuará. Que así sea, pues son estas las instancias que ayudan a mejorar la base musical de nuestra sociedad. Sería justo mencionar que en este primer encuentro, participó el prestigioso Blair String Quartet de Estados Unidos, más invitados de Latinoamérica, y representando a Chile, el eximio oboísta José Luis Urquieta.

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