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Los Tenores de la tarde


Eximia celebración de aniversario de la Sinfónica Nacional de Chile

La agrupación conmemoró sus 78 años junto al director Rodolfo Saglimbeni y el pianista Luis Alberto Latorre, con obras de Beethoven y Shostakovich.

Eximia celebración de aniversario de la Sinfónica Nacional de Chile

Sinfonica Nacional y Luis Alberto Latorre. Foto: Patricio Melo

Un nuevo año y un nuevo aniversario de la Orquesta Sinfónica Nacional de Chile, que siempre inicia su temporada veraniega recordando aquel hito fundacional, su concierto inaugural del 7 de enero de 1941. Son 78 años entonces, para el conjunto patrimonio de todos los chilenos que aspira a llegar a las ocho décadas con su anhelada y necesaria nueva sala de conciertos.

Fue una celebración de cumpleaños en el Teatro U. Chile que descansó en dos pilares, uno por cada mitad del concierto. Por una parte, la presencia de una de las obras más emblemáticas de la tradición, como es la Quinta Sinfonía de Ludwig van Beethoven, y por otro, el sacar a relucir a uno de los músicos sobresalientes de la agrupación, el pianista Luis Alberto Latorre, que ofició de solista en el Concierto No. 2 de Dmitri Shostakovich.


Rodolfo Saglimbeni y OSNCH. Crédito: Patricio Melo

En el podio, el maestro venezolano Rodolfo Saglimbeni, viejo colaborador de la OSNCH, y quien está a cargo de los compromisos de verano de la agrupación. Juntos ya habían armado una Quinta llena de enjundia a comienzos de esta década, lo que se replicó en esta especial ocasión. Su clara batuta llevó al sentido de unidad, condición sine qua non para interpretar adecuadamente esta obra, mientras que los músicos, como fruto del dedicado trabajo realizado durante el año recién pasado, sonaron impolutos y compenetrados.

Igualmente notable, quizás más por la novedad, fue la primera parte. No hay antecedentes a la mano, sobre si el Segundo concierto de Shostakovich se había hecho en Chile, a diferencia del Primero, que sí conocemos bien. Puede que haya sido la primera audición nacional de una obra de enormes méritos. Está concebido como un divertimento, con aires juveniles, aunque el compositor la hizo en su madurez pero pensando en su hijo Maxim. Y el movimiento central llama la atención por su profunda conexión con el atávico romanticismo.


Luis Alberto Latorre y OSNCH. Crédito: Patricio Melo

Llega a ser redundante comedntar las superlativas capacidades de Latorre al piano. Un músico nacional que perfectamente podría ser conocido a nivel mundial, pero que forjó una carrera en nuestro suelo, la que ha sido adecuadamente reconocida. Su maquinal interpretación, llena de vida a la vez, hizo brillar la partitura, y persuadir de toda su riqueza. Inevitable mencionar que este mismo año Latorre abordará, también con la OSNCH, el Concierto de Lutoslawski, importante pieza de las últimas décadas, y que además es de extrema dificultad. Sin duda que estará a la altura del desafío. En esta oportunidad echamos de menos un bis de su parte.

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