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Contundente cierre tuvo el XV Festival Musicahora de La Serena

La Orquesta Sinfónica U. La Serena se presentó en la jornada final del encuentro de música contemporánea, junto al director Helmuth Reichel Silva y el violinista Alberto Dourthé.

Contundente cierre tuvo el XV Festival Musicahora de La Serena

Festival Musicahora de La Serena. Foto: Felipe Monardes

Quince años de nueva música. De estrenos, de promover la creación musical chilena, de darle cabida a los intérpretes especializados, de generar un espacio de discusión frente al estado de las cosas en materia musical, de desarrollar la escena cultural y musical de La Serena. Todo eso y más es el Festival Musicahora, que goza de excelente salud, y siempre apostando por conciertos de generosa oferta, los que van a la par con actividades adjuntas, tipo charlas y mesas redondas.

El encuentro que organiza el Departamento de Música de la Universidad La Serena, no podía dejar pasar la oportunidad de alcanzar este número de ediciones para contar con un excepcional músico chileno dentro de su programación. Es así como el concierto de clausura, tradicionalmente en manos de la Orquesta Sinfónica U. La Serena, contó con la presencia del director Helmuth Reichel Silva.

El joven maestro residente en Alemania, sigue confirmado sus tremendos dotes en el podio en cada una de sus visitas para trabajar con orquestas locales. Este año fueron la Sinfónica Nacional de Chile, la Filarmónica de Temuco, la Nacional Juvenil, y ahora completa sus compromisos locales en La Serena. Más encima en un ámbito medular de su quehacer, como es promover la música contemporánea. El resultado en cada una de las cinco obras escuchadas en el Teatro Municipal de La Serena suma evidencia frente a la proyección internacional que está alcanzando su carrera.

Se inició con un reconocimiento al compositor Alejandro Guarello, quien tuvo una cuota de aporte en los inicios de este festival. Se interpretó su pieza del año pasado ‘Happy Bird’s Day’, la cual dista mucho de estar entre sus mejores creaciones, pero posee elementos interesantes. Gran parte del discurso se sostiene en cantos de aves, distribuidos en las maderas, sobre una onírica base de cuerdas, que conlleva alguna semblanza a la ‘Pregunta sin Respuesta’ de Ives. Eso sí, hay un fuerte contraste en el medio, develando una característica importante del compositor, el uso del factor sorpresa. El tratamiento de Reichel fue ejemplar.

Siguió ‘Fratres’ (1977) de Arvo Pärt, cuyo diálogo entre lo histórico, lo clásico, con lo netamente moderno, marcaría la pauta del resto del programa. Una interpretación que resultó algo más sinuosa, con notorios desajustes, aunque el enfoque direccional fue el correcto.

Más antiguo (1946) es el Concierto en Re de Igor Stravinsky, composición para cuerdas ubicada en el corazón de su fase neoclásica, en que los moldes tradicionales son tratados con ironía, y bajo la mirada de este paradigmático compositor. La interpretación no conoció fisuras, pero probablemente esta pieza en particular, tan convencional en su concepción, no fue la mejor elección, pudiendo haberse escogido entre otros nombres del modernismo temprano, como Webern, Berg, Varèse o Schoenberg. Máxime que Stravinsky estuvo incluido en el cierre del Musicahora el año pasado.

La segunda parte del concierto estuvo dedicada a Gustavo Becerra-Schmidt (1925-2010), figura señera de la música chilena, y maestro de al menos una decena de importantes nombres de nuestra historia. Primero, su Concierto de Cámara del año 1994, obra compacta, de sólida construcción, y en que el característico tratamiento rítmico del compositor temuquense reluce en todo su esplendor.

El gran cierre fue con el más tradicional Concierto para Violín (1952), obra escrita por Becerra-Schmidt en los inicios de su carrera. Alberto Dourthé, concertino de la OSNCH, llegó como invitado a dar una autorizada interpretación como solista, a la par que el trabajo orquestal, diestramente manejado por Reichel.

Tamaña velada, de tan excelente nivel, no es algo aislado. En La Serena están pasando muchas cosas, y el trabajo de esta orquesta constituye una porción importante. Sumémosle la oferta en música de cámara, la actividad coral, los Encuentros Musicales de Verano. Solo falta ópera, que algún día tendrá que cultivarse cuando se disponga de la infraestructura necesaria.

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