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Cigarro electrónico: aumenta su consumo y tabacaleras piden formalizar su uso

Especialistas están en alerta por el uso del dispositivo en menores de edad, y empresas aseguran que son 95% menos dañinos que los cigarrillos corrientes.

Cigarro electrónico: aumenta su consumo y tabacaleras piden formalizar su uso

Cigarros electrónicos. Foto: Getty

Por Andrés Huerta
Postproducción Claudio Arellano

De ser símbolo de estatus o de "onda", al rincón de la vergüenza. En menos de 50 años, la cultura en torno al consumo de tabaco ha vivido un vertiginoso cambio. Pocas simpatías despierta ahora el cigarrillo, tanto por la evidencia científica de su daño a la salud, como por las férreas y sucesivas prohibiciones.

Chile no es ajeno a la tendencia. En 2013 fue promulgada la ley 20.660 que aumentó las restricciones al consumo, venta y publicidad del cigarro. Es decir, nunca más en lugares cerrados o comerciales, recintos deportivos y, la lápida para la publicidad.

Seis años después, un sustituto parece capturar la atención de exfumadores y de quienes no quieren serlo, pero también de los jóvenes, lo que encendió las alertas entre los académicos y expertos de la salud.

¿De qué se trata? Hablamos de los vaporizadores, un aparato electrónico que funciona con una batería de litio y, tras someter a cierta temperatura los líquidos que, en su interior, que tienen una determinada cantidad de nicotina, convierten en vapor su contenido.

La novedad es que no queman hojas de tabaco, eliminando la combustión como el método para obtener el químico que produce la adicción.

El artefacto no sólo ha reemplazado parte del consumo del tabaco tradicional, sino que además, se está convirtiendo en un próximo mercado que ya está en la mira de las tabacaleras a nivel mundial.

La imagen hoy por hoy, es la misma y sólo cambia el lugar. Personas, de distintas edades, con el dispositivo entre sus manos, que exhalan una gruesa y aromática nube de vapor en las calles, universidades y hasta dentro de oficinas, teatros y cines.

Una forma de evadir las prohibiciones al tabaco tradicional, pero que ya está encontrando barreras en comunas como Las Condes que, en una ordenanza municipal de octubre pasado, los restringió al igual que a los cigarrillos tradicionales.

Los consumidores de estos artefactos, se llaman a sí mismos "vapeadores". Y encuentran en el mercado múltiples opciones tanto de dispositivos, como de insumos y accesorios.

Pero no solamente están los aparatos. Los cartuchos contienen distintos niveles de nicotina, además de venir con saborizantes, y componentes que dan distinta densidad a los vapores emitidos.

Claudio es un "vapeador". Tiene 25 años, era fumador tradicional y ahora dice encontrar incluso ventajas en su uso.

Esta es la visión de los consumidores que, a ojos de expertos, es la alarmante. Porque, si bien la industria recurre a estudios que muestran un amplio porcentaje de menos daño a la salud, en especial por eliminar la combustión, apuntan a que la presencia de la nicotina provoca adicción.

La doctora María Paz Bertoglia, vicepresidenta de la Sociedad Chilena de Epidemiología y profesora asistente de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Chile, ha estudiado el fenómeno y ha desarrollado exposiciones para evidenciar las advertencias, en torno al consumo de estos nuevos aparatos.

Para la doctora Bertoglia, la principal preocupación apunta a cuán atractivos éstos pueden ser para los menores de edad, porque no están regulados como productos derivados del tabaco. Ello, a juicio de la especialista, descarta que éstos sean de exclusivo uso de fumadores activos.

Citando cifras de la Encuesta Nacional de Salud y del Senda, se advierte que, si bien ha disminuido el consumo del cigarrillo tradicional en el grupo de menores de 13 a 15 y mayores de 15 años, la prevalencia del consumo de los electrónicos, creció del 3,6 al 8,3 por ciento en el segmento de 12 a 18 años; y de 5,4 a 12 por ciento, de 19 a 25 años, entre 2014 y 2016.

Ése es el sector que hay que cuidar, advierte.

¿Cómo están regulados? Una resolución exenta del Ministerio de Salud, del año 2010, determinó el control regulatorio que se aplicará a los cigarrillos electrónicos y sus componentes.

Recogiendo datos de la FDA, la agencia que regula los alimentos y fármacos en Estados Unidos, el decreto se refería al potencial adictivo de estos productos y, además, a la Organización Mundial de la Salud que recomendaba a las empresas, a efectuar estudios clínicos y toxicológicos.

Esta resolución de 2010 es importante, pues señala textualmente que "su utilización corresponde a la de un medicamento destinado a reducir o moderar el hábito de fumar".

De ahí, entonces, que la regulación sanitaria lo pone bajo un prisma "farmacológico", al igual que productos como los chicles, masticables, comprimidos o parches dérmicos. Es decir, un producto farmacéutico.

¿Es lo mismo que un cigarrillo, entonces? Desde el punto de vista regulatorio y, considerando el decreto de la comuna de Las Condes, el presidente de la Asociación Chilena de Municipalidades, Germán Codina, hace un balance de la gestión que pueden realizar las comunas, en torno a este consumo.

La resolución sanitaria, que data del año 2010 implica, entonces, que la adquisición de estos productos, se debiese realizar en farmacias. Sin embargo, en la actualidad es posible hacerlo, tanto en comercios dedicados a la importación de aparatos electrónicos, como en tiendas especializadas.

En cifras del Servicio Nacional de Aduanas, a las que tuvo acceso ADN, en 2018 se importaron 448 mil 900 cigarrillos electrónicos o vaporizadores, la amplia mayoría de ellos provenientes de China; y en lo que va del año, poco más de 33 mil, siendo el Gigante Asiático nuevamente el principal origen.

En 34 países del mundo, se comercializa o planea comercializar estos productos, en cifras de la OMS. De ahí que, la industria lo ve como un nuevo foco de investigación y un inminente nuevo mercado para Chile. De ahí que busquen un nuevo parámetro que no sólo los vea como productos farmacológicos, como es en la actualidad.

Una de las dos grandes tabacaleras a nivel mundial, la British American Tabacco, está trabajando en perfeccionar estos artefactos, y ya dispone de un catálogo que se divide en 3 rubros, los vaporizadores, que funcionan con el líquido que contiene nicotina, los calentadores de tabaco, que lo contienen, pero no lo queman, y productos de consumo oral.

En los 3 casos, la empresa sostiene que existe menos riesgo a la salud. En los primeros, aluden a un reciente estudio de las autoridades de Salud Pública de Inglaterra, que señala un 95 por ciento menos de daño que el consumo tradicional, y en los otros dos productos, que existe una tasa reducida de riesgo.

La empresa explica que está en sintonía con reducir el consumo de tabaco tradicional y, además, evitar que los menores de edad accedan a los nuevos productos.

Así lo señaló Carlos López, líder regional para asuntos gubernamentales para las Américas de BAT.

En septiembre pasado la FDA de Estados Unidos les rayó la cancha a los fabricantes para que tomen medidas que eviten el acceso y consumo de estos productos, por parte de menores de edad. Más allá fue la ciudad de San Francisco que prohibió su venta, dado su acceso por adolescentes.

El tema continúa, fue hace solo unas semanas que en las calles de Santiago se pudo apreciat carteles con el hashtag #VapearNoEsFumar", lo que demuestra que el tema seguirá dando de qué hablar.

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