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Trasnoche ADN


Así son los días de los venezolanos que esperan su acceso a Chile en Tacna

Largas filas, semanas de espera y colapso en los refugios empujaron a muchos inmigrantes a dormir en la calle y a sufrir la falta de servicios básicos.

Así son los días de los venezolanos que esperan su acceso a Chile en Tacna

Espera fuera del consulado chileno en Tacna. Foto: Reproducción

Con información de Axel Troncoso desde Tacna.

En la calle presbitero Andía se encuentra el consulado de Chile en Tacna. Pero no solo está el edificio de representación nacional: más de mil de personas y cientos de carpas aguardan la luz del día para comenzar a hacer fila. 

Al exterior, hay carteles que indican que las solicitudes de visas de responsabilidad democrática solo se reciben si se realizaron una página web. Pero, igualmente, desde los primeros claros de sol, los venezolanos que esperan entrar al país buscan avanzar en su trámite.

Los vecinos del lugar, una villa militar, presentaron sus reclamos al municipio por la cantidad de ruido y basura que se genera. La gente no tiene dónde ni qué comer y lo que traen voluntarios peruanos y chilenos es lo único que consiguen para alimentarse. 

La comida es solo una de las varias situaciones que son parte de los efectos colaterales de una crisis humanitaria que alcanza una nueva expresión, teniendo en las mujeres embarazadas, las personas de la tercera edad y las familias con hijos pequeños, su cara más dura.

El vencimiento del pasaporte parece ser el problema más común, aunque también un documento faltante, un permiso o simplemente la oportunidad de poder avanzar. Son las razones más recurrentes por parte de los migrantes. Para muchos, el dinero para un hotel o un lugar donde dormir terminó, y la posibilidad de reunirse en torno al trámite pareciera ser una vía de sobrevivencia.

Frente a lo que ocurre, el cónsul chileno, por orden expresa de La Moneda, no puede entregar declaraciones. Solo el equipo de ADN logra observar los números que día a día se pasan, además de los reclamos que se generan por en cambio en los requerimientos por parte de las autoridades.

Por ejemplo, Jessica, quien lleva tres semanas esperando su visa, usa su experiencia para ordenar a sus compatriotas. "Nos organizamos por grupos familiares y brazaletes", explicó. 

La gente cuenta con cuatro filas. Una para las personas que tienen brazaletes, que es el último paso para tener la visa; otra para las personas que recién vienen a dejar sus documentos; otra fila para quienes ya tienen una cita, donde se juntan con los rezagados que no han sido atendidos; y otra para los que les falta algún documento.

Las historias, las vivencias y la expresión más dura de la crisis migratoria se encuentra en la frontera, donde políticos como Felipe Kast, han llegado a constatar la dura situación.

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