Comerciante de barrio Meiggs: «Caminar por la vereda se hace cada vez más imposible»
Un auditor anónimo de ADN contó el estado de las cosas en el icónico barrio comercial capitalino: "Hoy ya las cuentas no dan, estamos pensando en cerrar, se hace cada vez más difícil: a los clientes les cuesta llegar, les da miedo, lo evitan".
29 DE DICIEMBRE DE 2020/SANTIAGO Carabineros en Barrio Meiggs tras discución de vendedores, donde resulto una persona herida a bala en el pie, Estación Central, Santiago. FOTO: AILEN DÍAZ/AGENCIAUNO
AUDIO: Comerciante de Meiggs - ADN Te Acompaña - 9 de octubre de 2023
«La realidad es distinta, es dura».
Esa fue la frase con la que un auditor de ADN y locatario del barrio Meiggs, en Santiago centro, comenzó dando cuenta de la temperatura en el sector en el que ha trabajado por casi 20 años: dijo que los toldos azules son «maquillaje» para un problema mayor que sufre el país:
«Llevo casi 20 años en el sector. Llegué en un momento en que se podía caminar por las veredas tranquilo, sin temor de que los asaltaran, aunque no estábamos exentos de ello porque había lanzazos, pero hoy lamentablemente no son lanzazos, sino asaltos. Caminar por la vereda se hace cada vez más imposible, lo que lo hace a uno arriesgarse, porque hay que caminar por la calle o por el bandejón central para hacerle el quite a las veredas: como está invadido por el comercio ambulante, se producen atascos y a la gente le roban, les cortan las mochilas, las arrinconan contra las paredes. A mi local entra gente muy asustada a resguardarse, a pedir teléfono porque les han robado los celulares, los han dejado sin plata. Eso es habitual en el sector».
El comercio ambulante desatado y el aumento de la delincuencia, dijo, ocurrió después del estallido social que afectó al país entre octubre de 2019 y marzo de 2020. Hay ahí una distinción: «una cosa es la manifestación social, donde todos estamos de acuerdo que la gente tiene derecho a expresarse y usar los espacios públicos; pero cuando ves que no hay respeto a Carabineros, que pasan fiscalizando, pasan, dan dos pasos y atrás están instalados de nuevo los ambulantes… Creo que es una situación de todo el país y no del barrio Meiggs».
El tejido social construido entre los ambulantes «da la impresión de que son muchos familiares», acotó. Y la estructura podría ser incluso más compleja, pues podría haber «otros que arriendan los espacios para que los ocupen personas que no trabajan ni venden sus productos, sino que colaboran con la delincuencia».
«Como locatarios, empezamos con un local, luego tuvimos dos, entregamos uno. En ese momento llegamos a pagar 110 UF. En el barrio Meiggs, antiguamente, para tener un local se traspasaba de boca en boca. No alcanzabas a poner un letrero para tener un interesado en arrendar; hoy, si te das una vuelta, en la calle Meiggs, en el corazón del barrio, hay cinco locales con carteles de arriendo. Y hoy ya las cuentas no dan, estamos pensando en cerrar. Los arriendos siguen siendo caro, aunque hay mucha ayuda de los dueños. Se hace cada vez más difícil: nuestros clientes, que son de años… A los clientes les cuesta llegar, les da miedo, lo evitan. Si antiguamente había 10 personas que iban al local al día, en un número ilustrativo, hoy es un tercio. No estoy exagerando. Son las cifras que entrega el INE y la Cámara Nacional de Comercio. Es la realidad», acotó.
A ello se suma el anuncio del representante de la Cámara de Comercio China, que evaluaba emigrar del país. «Es imposible tomar acciones uno y si la autoridad no lo hace, qué tiene que hacer: irse, o enfrentarse, o aceptar lo que está, o someterse a lo que dicen los de las veredas (…) El comercio en Chile está amenazado», cerró.