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Alejandra Matus tras sus cálculos de las muertes por COVID-19 publicados en Twitter: “La autoridad tuvo varias alertas de expertos y fue tozuda. Eso es una decisión política”

En conversación con Ciudadano ADN, la periodista analizó los cambios en la metodología para el conteo de fallecidos por COVID-19, defendiendo sus publicaciones que hace semanas hizo al respecto en la red social, con datos entregados por fuentes que asegura, son fiables y las entregaron ad honorem.

Por Ciudadano ADN
Martes 09 de Jun, 2020 - 23:48
Actualizada el Miércoles 10 de Jun, 2020 - 00:28

La nueva metodología para el conteo de muertos por COVID-19, finalmente, le dio la razón a Alejandra Matus, quien difundió a través de Twitter numerosas estadísticas que mostraban que el gobierno no estaba considerando a la totalidad de los fallecidos por el virus. “Me parece bueno, más que por el saludable gusto de que las personas que te insultaban dejen de hacerlo, para las políticas públicas que se tienen que adoptar. Es la motivación que he tenido como periodista todo este tiempo”, expresó la periodista en conversación con Ciudadano ADN.

Hasta hace poco, los reportes diarios del ministerio de Salud contabilizaban solo a los fallecidos que habían sido diagnosticados por un test PCR antes de morir. Ahora, el conteo incluye a quienes no alcanzaron a recibir su PCR. Estos casos son “de marzo y abril, según manifestó el propio ministro”, explicó Matus, enfatizando que “este no es el criterio que recomiendan los organismos de salud internacionales”, el que pasa por contabilizar personas con sospecha de COVID por sus síntomas, “hayan o no hayan tenido test”.

“La exigencia de test deja afuera a una enorme cantidad de personas que fallecen en su casa, en hogares de ancianos, en la calle o en las cárceles”, explicó la periodista, que maneja estadísticas que indican que quienes mueren en su casa alcanzarían el 46%, y que en tiempos normales, solo el 44% de las personas muere en un recinto hospitalario.

El cambio es relevante, ya que “es un indicador muy preciso de la expansión de la pandemia, más allá de la capacidad de testar de lo gobiernos, y de los laboratorios de sacar los tests a tiempo”. Según datos de Espacio Público, se ha aumentado el retraso en la entrega de los tests a un promedio de 9.5 días.

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Frente a la posibilidad de que las universidades Católica y de Chile pasen a manejar el conteo de datos, Matus se mostró optimista. “Me parece valioso por credibilidad”, dijo, tomando en cuenta que las instituciones del gobierno funcionan a un ritmo normal en medio de la crisis: el departamento de estadísticas del ministerio se demora hasta 3 años en afinar causas de muerte en tiempos normales, explicó, “y no tenemos tres años”. Además, enfatizó que en las academias “hay mucha capacidad técnica y científica, hemos formado legiones de estudiantes de postgrado a través de Becas Chile y muchos de ellos están de brazos cruzados, sin entender los datos que está usando el ministerio para elaborar sus estadísticas”.

Ante las críticas a los datos que publicó en Internet, Matus reflexionó que “tal vez mucha gente concluyó erróneamente que había sacado la calculadora del bolsillo y me había puesto a jugar sin ningún trabajo previo”. Por eso, a través del sitio web Infogate difundió la explicación de su método para calcular muertes, aclarando que para su confección contó con la ayuda “ad honorem de personas capacitadas”, como su hermano Marcelo Matus, doctor en computación y matemáticas, el epidemiólogo Felipe Cabello, y “otros que no puedo mencionar porque están comprometidos a ayudarme en el anonimato. la persona que me pasó los datos lo hizo generosamente arriesgando su puesto de trabajo”.

La periodista asegura tener información relativa a que los datos “en bruto” no han llegado a manos del Gobierno: “lo sé por las reuniones que sostuvo Eduardo Engel con el ministro de Salud hace un par de días, que esa fue una de las demandas”. Matus dijo tener solicitudes hechas por Transparencia a tres instituciones públicas “y ninguna me ha sido contestada”. “Esa fue la razón por la que se quebró la Mesa de Datos: los investigadores de la Universidad de Chile que ofrecieron un método para analizar datos, pero se les negaron los datos en bruto. Hasta donde yo conozco, los datos en bruto no se le han entregado a nadie”.

También le parece “muy extraña” la disminución en la curva de muertos, que hoy llegó a los 19, después de superar los 90 durante varios días consecutivos. “Normalmente hay una correlación entre el aumento de personas contagiadas y las que fallecen. Es un dato que uno espera que vaya creciendo y no que decrezca de esa manera”, señaló. “Probablemente estos 19 casos son de personas  que fallecieron con test positivo antes de morir, y debe haber un universo mayor de personas con test que todavía no han llegado”.

La realidad chilena mirada desde el extranjero

Alejandra Matus pasa la cuarentena en el distrito neoyorquino de Brooklyn, “el ojo del huracán” según sus palabras, en medio de las protestas por el asesinato de George Floyd a manos de la policía de Minneapolis. “Vi pasar por mi casa una protesta muy masiva, mucho joven, muy multicultural, pero todos con mascarilla y respetando la distancia social”, contó.

Una realidad que no siempre se ve en Chile, aunque la periodista llamó a recordar que existen razones de fondo para ese incumplimiento de la norma sanitaria. “En el mundo real las personas podrían quedarse en sus casas durante la cuarentena con recursos suficientes para mantenerse, pero a veces tienen motivaciones para salir superiores a su deseo de cuidar la vida. Lo hemos visto en Santiago: personas pasando hambre que tienen que salir a protestar”, reflexionó.

En esa tónica, la campaña comunicacional del Gobierno que apunta a la gente como responsable de mantenerse en cuarentena estricta para detener el virus, le parece debatible, cuando “el Estado tiene la responsabilidad principal. Si yo veo que la gente no respeta la cuarentena, tengo que preguntarme por qué no la están respetando. Si hay empresas con salvoconductos truchos, vendedores de isapres vendiendo planes en la calle, identificándose como empresas esenciales, tengo que tomar acciones para prevenir eso”, apuntó. “Si estoy diciendo que Chile es el mejor país del mundo, hablo de la nueva normalidad e ir a tomar café, genero una falsa sensación. No se puede presumir maldad en la gente, la autoridad tiene que analizar ese comportamiento y ver cómo mejorarlo”.

Otro tema que le preocupa es la comparación con otros países a la hora de entregar las cifras de la pandemia. “A mí me parece que estar concentrado en los ránkines es una enfermedad de la sociedad chilena, no solo de las autoridades”, expresó. “Me acuerdo en los 90: Chile era el país más puro, no hay corrupción, y eso alimentaba a la gente a confiar y no pedir controles. No creo que sea una política sana en tiempos de pandemia. El exitismo puede costar vidas, y los liderazgos más efectivos han sido los más honestos. Todos los indicadores muestran que la situación es grave, no creo que sea momento para estar felicitándose por nada”.

Consultada respecto a si cree que las autoridades han hecho un uso político de las cifras, Matus aseguró desconocer las motivaciones, “lo que sí puedo decir es que la autoridad ha tenido suficientes alertas de distintos ámbitos: el Colegio Médico, las sociedades científicas, las universidades, expertos individuales, y de la prensa, para atender a otras cosas, y ha sido bastante tozudo en no atender a información que contradice un relato optimista. Esa sí es una decisión política”.

Otra noticia del día, la renuncia a su cargo de la Ministra de la Mujer, Macarena Santelices, le parece “bien, más allá de sus cualidades personales o ideas políticas que no tengo por qué juzgarlas, pero la señal que envió el Gobierno al nombrarla fue una mala decisión política y una burla. No tenía ninguna conexión con organizaciones sociales y feministas, y por lo tanto, tenía poco margen de maniobra política”. De su reemplazante, Mónica Zalaquett, dice: “no me gusta su nombre”, recordando que “en The Clinic publicamos que participaba de una sociedad de casinos populares con su hermano, y en los lobby para estas platas turbias. Aunque no haya tenido un reproche penal, me parece que en política el estándar es más alto, uno tiene que poner personas que no las vayan a sacar en dos o tres días porque estos antecedentes se divulguen”.

El trabajo de la periodista, hecho desde fuera de Chile y divulgado a través de una red social como Twitter, le valió duras críticas. Algunas las resiente: “Me dolió la crítica de los expertos: matemáticos, estadísticos y economistas, gente que se puso a jugar con los números y llegó a resultados distintos. Son menos, son más, pero ya en mayo todos coinciden que sí hay un exceso de muertos y el gobierno cambió, al menos en parte, su criterio. No me duele que me digan comunista, fea, guatona, entiendo que la gente proyecta sus miedos y lo manifiesta en agresión, es una reacción humana natural odiar al mensajero. Sí me dolió que algunos colegas periodistas me acusaran de amarillista, alarmista o poco prolija, o por qué Twitter y no en un medio. Ninguno ellos tuvo la curiosidad de llamarme y preguntarme cómo lo hice. Es lo mínimo que uno espera de un periodista: pregunta primero y juzga después. Si algo me dolió fue eso: daña mi autoconciencia profesional, yo me siento la periodista más responsable del mundo”.

El nombre de Alejandra Matus suena para muchos como parte de una asamblea constituyente. Ella lo descarta de plano. “Me parece el peor daño que le pueden a una persona cuyo trabajo se valora es llevarlo a otro lado. He visto cómo a grandes líderes y lideresas las queman convirtiéndolas candidatos a algo. Mi aporte lo trato de hacer desde mi profesión. Soy partidaria de una nueva Constitución, pero en Chile hay dirigentes de sobra y no tenemos que recurrir a los periodistas”.

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